Resulta que ahora todo estaba previsto desde hace semanas, y Javier Milei fue el que decidió poner a Adrián Ravier como vocero y a Fabián Fernández como Secretario de Medios y Comunicación del Gobierno. Y Karina Milei está detrás de todas esas decisiones y Manuel Adorni, por supuesto, más firme que nunca.
Pero la verdad es que durante tres meses el Gobierno no solo la erró en el diagnóstico de la percepción del jefe de Gabinete en la población, una confianza sin sentido a "fingir demencia" hasta que pase el vendaval, sino que la Casa Rosada está pasando por un terremoto que no será sencillo de digerir para nadie.
Las cosas como son. Ravier es diputado por La Pampa y se necesita su voto en la Cámara para estas dos próximas semanas, cuando LLA se juega una sanción para Adorni. Y Fernández sigue a cargo de la Gerencia de Prensa y Comunicación de YPF, donde todavía no fue designado su sucesor. De hecho, Javier Lanari presentó la renuncia a su cargo de Secretario, pero solo fue aceptada vía X, nadie vio el decreto.
Es que hay que seguir fingiendo demencia. Haciendo como que todos se llevan bien, que todos están de acuerdo con las decisiones que se tomaron. Incluida Karina, que soportó estoica que Ravier pasara toda una tarde en el despacho de Santiago Caputo, a donde después del partido se sumó Fernández. ¿Cuánto tiempo más aguantará tener funcionarios que solo formalmente dependen de ella?
Porque ahora nadie lo dice, pero los verdaderos responsables de la particular situación que padecen los periodistas acreditados (no poder circular por los pasillos en la Rosada, no poder bajar al Patio de las Palmeras, soportar una paleta de seguridad para ingresar y un corralito que impide cualquier movimiento fuera del baño y la cafetería, entre otras excentridades) son Milei y Karina. Las decisiones las tomó Adorni.
Manuel Adorni no se hizo cargo, Lanari sí
Quien se hizo cargo frente a los acreditados fue Lanari, que primero tuvo que hacer frente al supuesto espionaje de los rusos, luego al cierre de la Sala y finalmente a la imposición de una Sala de corte stalinista. Hasta pidió perdón. Por el contrario, lo que el jefe de Gabinete no resolvió en materia de gestión, lo transformó en una búsqueda por domesticar a los periodistas. Así estamos.
Hay rumores que aseguran que las medidas se van a flexibilizar. Hoy hay reunión en la Fundación Faro, donde hablará el Presidente, y nuevamente la prensa no podrá ingresar. La Sala sigue sin la agenda presidencial y no parece que nada haya cambiado. Otra gestión ya estaría implementando al cien por cien lo decidido, aunque -es verdad- ni De la Rúa tardaba tres meses en tomar una decisión.
Es bastante absurdo que el vínculo con los periodistas esté en el centro de las preocupaciones agenda oficiales. ¿Qué es lo que se le juega al Presidente en este tema que tanto le preocupa, que le llevó tantas horas de maquinación para encontrarle una salida, que lo desvela a la noche y lo despierta enfurecido por las mañanas? ¿Por qué son tan importantes los periodistas para él? ¿No era más razonable empezar a ordenar la Jefatura de Gabinete y encarar después la comunicación? ¿Tan importante es lo que dicen y hacen los periodistas?
La incertidumbre domina la conversación dentro de la Rosada. Se asegura que Luis "Toto" Caputo aceptó una foto con Adorni porque el primo Santiago lo convenció después de más de una hora. Se cuenta que Adorni está aterrado por su futuro. Se reconoce que se "perdió la centralidad en la conversación pública". Hasta se habla de "fracasos ante los cuales me hago cargo".
Como sea, el panorama luce distinto. Les cuesta ponerse en marcha. Tienen que pedir permiso hasta para publicar un posteo sencillo. Hay quien dice que todo termina en Karina, que avala -o no- cada paso. Tal vez cuando Milei esté de vuelta de su viaje por España, el próximo sábado, algo se haya puesto en marcha.