La muerte de Javier Lambán, expresidente del Gobierno de Aragón, deja un vacío en el socialismo aragonés y también marca el adiós de uno de los dirigentes del PSOE más críticos —y persistentes— en su oposición interna a Pedro Sánchez.
A los 67 años, víctima de un cáncer que combatía desde 2021, Lambán falleció este viernes en su localidad natal, Ejea de los Caballeros, tras una intensa trayectoria política marcada por su firme defensa del modelo constitucionalista y su rechazo a las concesiones del Ejecutivo central al independentismo catalán.
Aunque compartían carné de partido, Lambán y Sánchez jamás llegaron a sintonizar políticamente. Desde que el entonces secretario general del PSOE retomó las riendas del partido en 2017, Lambán mantuvo una distancia ideológica y personal con él, que no hizo más que ampliarse con el paso del tiempo.
Fue uno de los barones que apoyó abiertamente a Susana Díaz en las primarias de aquel año, y a diferencia de otros, nunca reconstruyó el vínculo con el líder una vez consolidado su poder.
Pese a estas diferencias, el presidente del Gobierno despidió a Lambán con el siguiente tuit:
Su malestar con Sánchez no fue solo de formas, sino de fondo. Lambán representaba una visión del socialismo profundamente institucionalista, con una firme defensa de la unidad territorial y recelos evidentes hacia cualquier pacto con fuerzas independentistas.
Los indultos a los líderes del procés, la reforma del Código Penal y, sobre todo, la reciente ley de amnistía fueron líneas rojas que se negó a cruzar.
Se ausentó en la votación de la Ley de Amnistía
Tanto fue así que, en una de sus últimas decisiones políticas más sonadas, Lambán se ausentó del pleno del Senado que votaba la ley de amnistía. El gesto, interpretado como un desafío directo al aparato federal del PSOE, le valió una multa interna de 600 euros, pero reafirmó su imagen como voz disidente dentro del partido.
No era solo una cuestión de política nacional. El pulso con Ferraz se trasladó también al terreno orgánico. En Aragón, Lambán se empeñó en mantener el control de la federación socialista incluso tras dejar la presidencia autonómica en 2023. Su intento de que su número dos, Darío Villagrasa, liderara el PSOE aragonés frente a Pilar Alegría —candidata de Sánchez— fracasó, y evidenció el aislamiento progresivo del expresidente dentro del partido.
La portavoz del Gobierno Pilar Alegría también despidió a Lambán en su cuenta de la red social X:
Pese a los desencuentros, Lambán mantuvo siempre un estilo sobrio, sin estridencias, y sus críticos dentro del PSOE le reconocían una cualidad inusual en la política actual: la coherencia. “Podrá estar equivocado, pero siempre ha defendido lo mismo”, resumían desde Ferraz. En efecto, el aragonés nunca disimuló su incomodidad con una estrategia nacional que, a su juicio, debilitaba al Estado frente al desafío secesionista.
Javier Lambán deja tras de sí una carrera de más de dos décadas en la primera línea política, marcada por una visión crítica del rumbo del PSOE bajo Sánchez, pero también por un legado institucional y una defensa férrea del autonomismo aragonés dentro del marco constitucional.
Su muerte no solo cierra una etapa en Aragón, sino también en un PSOE que, con su desaparición, pierde a una de sus voces más incómodas —y más leales a sus principios.
Javier Lambán y Felipe González
FUENTE: El Observador