El mundo del arte contemporáneo despide a una de sus figuras más relevantes del último siglo. La artista japonesa Yayoi Kusama falleció el pasado 14 de agosto a los 97 años en un hospital de Tokio, según confirmó su página web oficial. El comunicado no precisó las causas del deceso, pero destacó que la creadora "siguió pintando hasta sus últimos días, sin dejar nunca el pincel, y continuó explorando el amor eterno y el alma inmortal".

Un refugio artístico frente al trauma y la enfermedad mental

Nacida en Matsumoto el 22 de marzo de 1929 en el seno de una familia acomodada, la infancia de Kusama estuvo marcada por los abusos físicos y psicológicos de su madre y por la Segunda Guerra Mundial, viviendo con 16 años el impacto de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. Desde los diez años padeció alucinaciones y un trastorno obsesivo compulsivo con tendencias suicidas.

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Kusama convirtió estas alucinaciones en el motor de su obra, utilizando el arte como terapia de supervivencia. Sus características redes, arcos y los célebres polka dots (lunares) se transformaron en un sello de identidad global dentro del arte pop, la performance, el abstraccionismo y el vanguardismo feminista.

La conquista de las vanguardias en Estados Unidos

Formada en la pintura tradicional Nihonga en la Escuela Municipal de Artes y Artesanías de Kioto, emigró a Estados Unidos a finales de la década de 1950 huyendo del encorsetamiento japonés. En Nueva York impulsó instalaciones inmersivas, esculturas con espejos, pintura corporal, proyectos cinematográficos y performances antibelicistas en Central Park contra la guerra de Vietnam.

Su impacto en la 'Gran Manzana' influyó en contemporáneos como Andy Warhol o Claes Oldenburg. Sin embargo, en 1973 regresó a Japón debido al agravamiento de sus problemas de salud mental. En 1990 decidió ingresarse voluntariamente en una institución psiquiátrica de Tokio, centro desde el que continuó creando prolíficamente.

Un legado icónico en los grandes museos del mundo

La trayectoria de Kusama abarcó las artes visuales, la literatura y el diseño, colaborando en 2012 con la firma Louis Vuitton en Nueva York. Entre sus obras y colecciones más emblemáticas destacan:

Sus creaciones han pasado por instituciones de prestigio internacional como el MoMA de Nueva York, la Tate Modern de Londres, el Centro Pompidou de París, la Bienal de Venecia, el Museo de Arte Contemporáneo de Sídney y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid.

Reconocimientos y conmoción entre sus seguidores

A lo largo de su carrera acumuló importantes distinciones: fue la primera mujer en recibir el Praemium Imperiale de la Asociación de Arte de Japón (2006), galardón al que se sumaron la Orden de la Cultura (2016), el Premio Asahi, la Orden de las Artes y las Letras de Japón y la Orden del Sol Naciente. En 2014 fundó su propio espacio expositivo en Tokio, el Yayoi Kusama Museum.

La noticia de su muerte ha provocado gran emoción entre los visitantes de su museo en el distrito tokiota de Shinjuku, cuya muestra actual Kusama's Pop mantiene las entradas agotadas. Admiradores de diversas partes del mundo han acudido al recinto tras conocer la noticia, coincidiendo con el cierre del periodo expositivo y recordando el valor único y la estética inconfundible de una artista irrepetible.

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