12 de octubre de 2026 6:19 hs

Una película hecha con Inteligencia Artificial generativa podría ser nominada a un Óscar (en la categoría animación) y así poner a prueba si las reglas de la Academia y los planteos de la industria contra el uso de estas herramientas en Hollywood resisten la actual revolución digital, o no.

Fable, un estudio de cine respaldado por Amazon, ha retrasado hasta diciembre el estreno de Gods Don’t Give Gifts (un largometraje de historias cruzadas pensado para adultos y hecho con IA generativa) para poder competir en la categoría de animación.

El 6 de octubre, Zack London y Edward Saatchi, consejero delegado de Fable, lanzaron el primer tráiler para salas y llegará a menos de mil pantallas de Estados Unidos el próximo 4 de diciembre.

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Saatchi presentará la cinta a la candidatura al Óscar a mejor largometraje de animación y el cambio de calendario fue a propósito, para acercar su estreno a la temporada fuerte de premios, con pases anticipados para los votantes de la Academia, proyecciones para la crítica y vallas publicitarias por Los Ángeles.

Saatchi es muy abierto sobre sus intenciones. Dijo que, durante cinco años, la pregunta ha sido cuándo ganará un Óscar una película hecha con IA, y considera que esta es la primera con opciones reales de lograr una nominación.

Ahora, la Academia, que en mayo anunció que no aceptaría actores ni guiones “sintéticos”, tendrá que decidir cuánto pesa la mano humana en una obra creada con algoritmos.

Esta película se hizo en unos dos meses, con un equipo internacional de diez artistas que London dirigió desde Suecia, donde vive desde hace unos cuatro años, y dura 107 minutos según la ficha difundida con el tráiler.

Él mismo ha explicado que en su forma de trabajar cada plano empieza como una imagen fija en Midjourney, que luego retoca con Nano Banana, el modelo de imagen de Google, y que anima plano a plano a partir de ese primer fotograma, mientras que el guion, las voces y la música los hicieron personas reales.

London tiene 35 años, nació en Los Ángeles, estudió escultura y antropología y trabajó como diseñador de producto y en realidad virtual para Facebook y Oculus antes de hacerse conocido en internet como Gossip Goblin, cuenta desde donde muestra sus animaciones con IA.

Saatchi viene del mismo mundo, porque cofundó Oculus Story Studio, la división de cine en realidad virtual de Oculus, y tras el cierre de ese estudio por parte de Facebook fundó en 2018 Fable, la compañía que ahora coproduce la película.

El film (que se podría traducir como “Los dioses no hacen regalos”) reúne cuatro relatos de ciencia ficción ambientados en el universo que London ha ido construyendo en redes.

Se trata de un mundo donde domina el transhumanismo: el cuerpo se actualiza, los recuerdos se venden como mercancía y la conciencia puede pasar de un cuerpo a otro. Su pregunta es qué hace la gente en ese mundo, y parece que siguen buscando amor, estatus, placer o pertenencia, aunque esos anhelos se alejan cada vez más en esta nueva realidad distópica.

Lo curioso es que el propio autor rechaza la etiqueta que más interés genera sobre la película. London sostiene que no es justo llamarla “película de IA” porque los guionistas, actores de voz, músicos y artistas de efectos sonoros que trabajaron en ella son todos humanos.

La Academia ya movió ficha

El terreno donde se moverá el film está bastante movedizo.

Antes de la gala de marzo de 2026, la Academia aprobó su primera norma sobre IA generativa, que establecía que cada rama juzgaría el trabajo teniendo en cuenta hasta qué punto un ser humano estuvo en el centro de la autoría creativa.

Un año después endureció el tono. El 1 de mayo de 2026 fijó que, para la ceremonia de marzo de 2027, la interpretación y la escritura deben ser humanas: los cineastas pueden usar herramientas de IA, pero un actor sintético quedaría fuera y los guiones deben tener autoría humana. La institución puede pedir información adicional para verificarlo.

Pero las reglas rechazan intérpretes y guiones artificiales, y Gods Don’t Give Gifts, según su director, tiene las dos cosas hechas por personas.

Lo que queda en el aire es con qué se hace la imagen, justo lo que la categoría de animación premia. La norma vigente dice que estas herramientas ni ayudan ni perjudican las opciones de nominación, y que la decisión dependerá del grado en que una persona estuvo en el corazón de la autoría.

Es decir, que no hay una prohibición, hay un criterio interpretable, y el estudio Fable ha decidido ponerlo a prueba.

¿La primera película con IA?

Buena parte de los titulares la presentan como “la primera película creada con inteligencia artificial”, pero ni siquiera parece ser tan así.

En 2024 ya se estrenaron DreadClub: Vampire’s Verdict, considerado el primer largometraje animado con IA y hecho con 405 dólares, y Where the Robots Grow.

Además, OpenAI lleva más de un año impulsando su propio proyecto: Critterz, una película de animación con presupuesto inferior a 30 millones de dólares y nueve meses de producción.

El propio estudio Fable tuvo que precisar el lenguaje y la definió como el primer largometraje de ficción hecho con ayuda de IA y pensado explícitamente para un público que paga entrada.

Ahí está la verdadera novedad, un salto comercial a la taquilla (las demás eran experimentos no comerciales), pero no la tecnología que se usó en sí misma.

Conviene recordar, además, que el bajo costo tampoco es inédito en la categoría. Flow, ganadora reciente del Óscar a mejor animación, se hizo en Letonia con un equipo pequeño, software gratuito y un presupuesto menor que el sueldo de una voz estrella en una gran producción.

Los mismos de “South Park” con IA

Fable no es un estudio de cine convencional. Saatchi, su cofundador y consejero delegado, había cofundado antes Oculus Story Studio, la división de cine de realidad virtual de Oculus, que acabó en manos de Meta, y Fable nació en 2018, cuando Facebook cerró ese estudio de realidad virtual.

Su primer gran golpe mediático fue polémico. Durante la huelga de guionistas de 2023, el equipo difundió nueve episodios de South Park generados con IA, sin permiso de sus creadores y, según la empresa, solo con fines de investigación, con capítulos que superaron los 80 millones de visualizaciones.

A partir de ahí llegó Showrunner, una plataforma que Saatchi bautizó como “el Netflix de la IA”, donde cualquiera escribe unas frases y obtiene escenas o episodios completos con voces, diálogos y planos y se sabe que Alexa Fund (de Amazon) invirtió en la compañía.

Para entender de dónde vienen y hacia dónde van, Saatchi imagina que en el futuro las películas se estrenarán junto a un modelo de IA para que los fans generen sus propias escenas y episodios, con la propiedad de ese material derivado en manos del titular de los derechos.

De YouTube a la butaca

Por su parte, London (el director) llega con el público ya construido, porque su canal Gossip Goblin acumula 1,4 millones de suscriptores y más de mil millones de visualizaciones, todo con cortos de ciencia ficción generados con IA.

El problema es convertir ese alcance en entradas de cine. Ellos han dicho que si la gente la ve como una película normal, debería funcionar bastante bien, pero si la trata como un experimento de IA, es posible que el gran público espere para verla en YouTube.

Hasta ahora, la campaña mezcla lo clásico con lo digital.

Hay “teasers de mitología” de tres minutos sin imágenes de la película, una cadena de televisión ficticia con programas paródicos, unas zapatillas que salieron de la ficción para producirse de verdad, un concurso de cortos de fans con 15.000 dólares de premio y un programa de “embajadores” que invita a los seguidores más fieles a arrastrar público a las salas.

Fable dice inspirarse en Iron Lung, la película de terror independiente del youtuberMarkiplier.

Más allá de que Gods Don’t Give Gifts consiga o no la nominación, el caso va a obligar a la Academia a aplicar por primera vez su criterio de “autoría humana” a una obra concreta y visible.

Y esa decisión pesará en cómo se financien las próximas películas. Si un film con guión, voces y música humanas pero imagen generada puede competir en animación, la frontera deja de ser “con IA o sin IA” y pasa a estar en “con cuánta IA y en qué parte se usó”.

No está claro si los animadores, que forman el área de especialistas que vota esta categoría en la Academia, aceptarán como colega a una herramienta que amenaza su propio trabajo. ¿Debería una película así competir en igualdad con las que exigen años de dibujo a mano, o necesitarán una categoría aparte?

Laura Capriata es divulgadora, formadora e investigadora en IA.

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