Mala gestión
Amber Bridging y Zircon Bridging, sociedades vinculadas a la propia MFS, le acusaron de mala gestión; por ejemplo, al usar los mismos activos para respaldar varios préstamos, lo que llevó a deficiencias no contabilizadas por más del 80% sobre una deuda de 1.200 millones de libras (1.380 millones de euros). Esas dobles pignoraciones dejan a los prestamistas expuestos a posible déficit si los préstamos no terminan devolviéndose. "Las acusaciones de fraude son muy serias", asegura el juez que lleva el caso.
Varias son las entidades que han prestado dinero a Market Financial Solutions. El peor parado, de momento, es Barclays, al que se calcula una exposición de 600 millones de libras, por delante de los 400 millones de Apollo (a través de Atlas) y los 200 millones de Elliott o los 100 millones de Jefferies. Wells Fargo y Santander son otros de los salpicados. Informaciones no confirmadas sitúan la exposición del banco español en una horquilla de entre 200 millones y 300 millones de libras. El propio Barclays detectó problemas en MFS en el pasado y este enero le cerró las cuentas, según publicó Financial Times.
La presidenta de Santander, Ana Botín, comparó recientemente esta situación con las picaduras de las medusas: "A veces te pican un poco, pero si tienes cuidado, no importa. Aun así, puedes nadar. Puedes dar un préstamo que no funciona. Pero no sales y simplemente te vas al mar. Eres muy cuidadoso. Te pones algo de protección. Eso es lo que hacemos y así vemos la situación actual", declaró a Bloomberg.
Lo que Botín ha descrito como medusas son "cucarachas" para Jamie Dimon, consejero delegado de JPMorgan. Al frente del mayor banco de EEUU, Dimon ya alertó hace meses de este tipo de quiebras, adelantando que surgirán más casos a medida que el ciclo económico se vuelve menos favorable. En su opinión, está lejos todavía de generar un problema sistémico, pero reconoció que "cuando ves una cucaracha, generalmente hay más".
Señales de alarma
En Wall Street, las primeras señales de alerta saltaron con la quiebra de Tricolor Holdings el año pasado. Con sede en Texas, la firma estaba especializada en financiación de automóviles para consumidores con bajo historial crediticio. Su modelo combinaba la venta de vehículos usados con préstamos de alto interés para compradores considerados subprime (alto riesgo), financiándose a su vez mediante fondos de crédito privado y titulizaciones respaldadas por su propia cartera de préstamos.
Sus problemas empezaron en 2024, en plena escalada de los tipos de interés y en medio del deterioro del crédito al consumo, que provocó un fuerte incremento de impagos. Aunque reestructuró su deuda, finalmente terminó colapsando, con un agujero de 900 millones de dólares.
En cuestión de semanas llegó el caso de First Brands, que se declaró en concurso con una deuda cercana a 2.000 millones de dólares, protagonizando una de las mayores quiebras recientes en el mercado del crédito privado en EEUU. En su caso, no concedía préstamos. Se trataba de un fabricante de componentes para automóviles que había sido adquirida por un fondo de capital riesgo. La operación se articuló a través de créditos privados a los que la empresa no pudo hacer frente, en parte debido a una compleja estructura de financiación en la que no quedaba claro qué activos respaldaban cada préstamo.
El temor es que los problemas se puedan extender a la banca y a la economía real, no tanto por estos casos concretos, sino si estos problemas son más generalizados. La banca en la sombra o el crédito privado apenas están regulados, a diferencia de las entidades tradicionales.
El éxito de la banca en la sombra radica en la flexibilidad de los requisitos a la hora de financiar una operación que no siempre cuenta con las garantías que exigiría un préstamo liderado por las entidades tradicionales. A su vez, los bancos también han dado alas a esta modalidad porque les permite mantener su papel como prestamistas pero desplazando gran parte del riesgo de sus balances hacia terceros que ejercen como intermediarios... Hasta que alguno de ellos colapsa y entonces toca asumir las pérdidas.
Según el Banco de Inglaterra, los activos bajo gestión en los mercados privados ascienden a 16 billones de dólares (13,7 billones de euros). Por ejemplo, en la última década, solo el segmento de private equity y private capital se han disparado de los tres billones a los once billones de dólares. Se calcula, además, que un 15% de toda la deuda corporativa de Reino Unido está en manos de private equity, del que depende un 10% del empleo del país.
"Apenas se ha examinado la resiliencia de los mercados privados actuales a un bache económico prolongado y las implicaciones de esto en la economía real de Reino Unido", justificó la institución presidida por Andrew Bailey, que espera publicar en 2026 los resultados de los exámenes a 17 firmas de capital riesgo (Apollo Global Management, Ares Management, Arcmont Capital, Bain Capital, Barings, Blackstone, Carlyle, CD&R, CVC Credit Partners, ICG, Goldman Sachs Asset Management, Hayfin Capital, HG Capital, KKR, Oaktree y Permira ). La intención es ver cómo los problemas pueden transmitirse hacia o desde los mercados privados, influir sobre el sistema financiero en su conjunto e impactar en la financiación de toda la economía británica.
Un informe de Moody's pone de manifiesto que la exposición de los bancos estadounidenses al crédito privado asciende a cerca de 300.000 millones de dólares, además de cientos de miles de millones más en líneas de crédito disponibles imposibles de cuantificar.
Wall Street
El miedo en Wall Street ya ha disparado algunos mecanismos de control de riesgo que han hecho saltar las alarmas. Por ejemplo, el fondo BCRED de Blackstone, vehículo estrella de la gestora especializado en crédito privado, ha recibido en los últimos días peticiones de retirada que ascienden a cerca del 8% del capital, obligando a la firma a poner dinero propio para poder cubrir la fuga sin generar un problema de liquidez.
El gigante de la deuda privada Blue Owl ha suspendido reembolsos, al igual que Morgan Stanley o BlackRock, que se ha visto obligada por primera vez hace unos días a limitar las retiradas de uno de sus fondos.
En Wall Street, las tasas de impago siguen siendo relativamente bajas, pero ya hay señales de deterioro. El más importante es que los préstamos que no pagan intereses en efectivo sino capitalizados se han duplicado, al tiempo que las agencias de ráting anticipan más quiebras corporativas en general para este año debido a la mayor presión sobre los márgenes empresariales.
En su última reunión anual, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya alertó de que el protagonismo que ha alcanzado la banca en la sombra es uno de los mayores desafíos que afrontar el sistema financiero mundial. Según sus propias estimaciones, y las del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, por sus siglas en inglés), algo más de la mitad de todos los activos financieros del mundo se gestionan en este mercado a la sombra de la intermediación bancaria tradicional.
En total, estamos hablando de 256,8 billones de dólares. Esta cifra incluye todo tipo de activos y operaciones, desde fondos de inversión hasta titulizaciones, pasando por préstamos o vehículos de inversión inmobiliaria que no están sometidos al mismo escrutinio que las operaciones que se articulan a través de los bancos tradicionales. De ahí, solo una pequeña parte corresponde a crédito privado.
Las estimaciones de los analistas apuntan a que cerca del 40% del crédito privado está vinculado al sector inmobiliario.
Eso implica que el 60% restante está ligado a otros segmentos, desde sectores industriales hasta financiación de créditos al consumo. En los últimos meses, emerge un nuevo protagonista: la inteligencia artificial. Sin embargo, todavía es pronto para hablar de cifras oficiales.
Según estimaciones de Morgan Stanley, el desarrollo de centros de datos, superordenadores y redes eléctricas necesarias para alimentar la IA requerirán de una inversión cercana a los 3 billones de dólares en todo el mundo entre 2025 y 2028. De esa cifra, el crédito privado podría aportar más de 800.000 millones de dólares. El resto serán recursos propios y financiación tradicional a través, por ejemplo, de emisiones de deuda, como es el caso de Alphabet y sus polémicos bonos que vencen a a cien año.
Economía real
La gran pregunta ahora es hasta qué punto las medusas y las cucarachas pueden afectar a la banca y la economía real. UBS señala hacia el fraude como gran problema, "y no el riesgo crediticio subyacente". En la misma línea se expresa el directivo en un fondo de la City, que habla bajo condición de anonimato: "Con la entrada de flujos tan fuertes en años anteriores para estrategias de crédito privado, se han visto algunos casos de fraude puro y duro (Tricolor, First Brands y MFS), más que un problema de deterioro del crédito. La historia es fácil de entender: mucho flujo a la vez que tenían que buscar oportunidades de inversión y una evaluación de riesgos menos rígida que el de los bancos".
Fiduciam es una compañía británica en crecimiento en España de financiación privada de construcción de viviendas. Su consejero delegado, Johan Groothaert, defiende el crédito privado "disciplinado, transparente y muy alineado con los inversores y los prestatarios" y considera razonable el miedo en la medida en que "se descubrirán más cucarachas", pero ve exagerado hablar de una crisis financiera: "La vigilancia está justificada, pero el riesgo real es más de pérdidas y de daño reputacional que de una quiebra sistémica".
En cambio, para CreditSights "es una cuestión de cuándo van a acelerarse las tasas de impago del crédito privado. Casi con toda seguridad, estará relacionado con una política monetaria más dura y un menor crecimiento", señala.