La cuenta regresiva electoral pone a Donald Trump contra las cuerdas.
La guerra en Irán dio un giro crítico y el petróleo retomó la escalada. Los estadounidenses ya pagan en torno a los 4 dólares por galón por la gasolina y el diésel se disparó por encima de los 6 dólares, el costo más alto registrado en la historia.
Como es el combustible que utilizan desde los camiones de carga y los trenes hasta la maquinaria de los agricultores, terminará encareciendo los alimentos y el costo de vida en general.
Será muy difícil que los republicanos ganen en noviembre las elecciones de medio término con esos precios.
Y el presidente de Estados Unidos se descargó con Volodimir Zelenski, el líder ucraniano. El problema, dijo, es que no dejan de bombardear las plantas de diésel de Rusia. El Kremlin, extático, agradeció.
El trasfondo de una guerra con un nuevo frente en el Mar Rojo
Lo que ocurrió es que los hutíes tomaron el control del Mar del Rojo.
Así, el Brent de referencia en Europa amaga con tocar los u$s 110 el barril, mientras que el WTI de Texas se mantiene arriba de los u$S 100.
El grupo terrorista de Yemen, financiado por Irán, logró con una nueva ofensiva establecer su dominio en el otro estrecho clave de la zona además de Ormuz, Bab el-Mandeb.
A su vez, los ataques a Arabia Saudita, el gran productor de la región, la obligaron a suspender las exportaciones a través de su oleoducto que desemboca en el Mar Rojo, su alternativa al tránsito por el estrecho del Ormuz, y no se sabe cuánto puede demorar en volver a estar operativo.
Pero el presidente de Estados Unidos se hace el distraído. Como si no hubiera dicho que este conflicto no iba a durar más que unas semanas. En su visita a Irlanda el domingo, insistió -como si fuera una buena noticia- en que la guerra terminaría este año, posiblemente poco después de los comicios, y predijo que cuando lo haga, los precios “caerían como una roca”.
El Kremlim agradece pero suaviza los exabruptos de Trump
Sus declaraciones, no obstante, ponen en evidencia que perdió todo control del tablero geopolítico en el Golfo. Por eso apuntó a Volodimir Zelenski, el presidente ucraniano, en un tono amenazante: “El señor Zelenski tiene que hacer una cosa: dejar de atacar instalaciones de diésel en Rusia”.
“Ya hablamos con el señor Zelenski sobre el tema. Hay muchos otros objetivos. No bombardee refinerías de diésel. Eso está provocando un daño al mundo”, le dijo Trump a periodistas.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su par de Rusia, Vladimir Putin.
La escasez de suministro, agregó, “no se debe a Medio Oriente, es producto de lo que está pasando entre Rusia y Ucrania”.
Rusia tomó la decisión de suspender las exportaciones de diésel en julio para asegurarse de poder abastecer al mercado doméstico. Es el segundo exportador a nivel global después de Estados Unidos.
El Kremlin agradeció el gesto de Trump sin sentirse atado a cualquier condición de reciprocidad. "Sin lugar a dudas solo podemos saludar cualquier llamamiento al régimen de Kiev a cesar ataques contra la infraestructura económica civil", aseveró el portavoz de la Presidencia rusa.
Resulta curioso cómo en un punto los rusos relativizaron las declaraciones siempre tan tajantes de Trump al señalar que "la situación en los mercados de crudo empeora vertiginosamente fundamentalmente debido a la escalada en el Golfo Pérsico". Reconocen que la principal fuente de perturbación del suministro y de los precios es la situación en Medio Oriente.
Y reconocieron que la prohibición de la exportación "en cierto sentido incide en el mercado mundial". Muy lejos de la afirmación de Trump, que sin dudar atribuyó a Rusia y no a Medio Oriente el precio del diésel en Estados Unidos.
Pero como suele hacer Trump, se apresuró a publicar en su red social que se había alcanzado una tregua energética entre Moscú y Kiev.
Zelenski insistió en que no había nada firme y que “Ucrania no está convencida de que Rusia esté dispuesta a cumplir ningún acuerdo”. Sólo accedería al pedido si los rusos estaban genuinamente comprometidos a suspender a su vez las agresiones.
Pero Trump tiene su propia lógica. El curso de una guerra en Europa no puede interferir con su agenda electoral.