12 de octubre de 2026 11:05 hs

Desde que estalló la guerra en Ucrania, con el consiguiente corte del suministro ruso de gas, la principal prioridad de la política energética europea ha sido asegurar el abastecimiento de este producto de cara al invierno para evitar cortes de calefacción y parones en la industria. Y para ello Bruselas se había marcado un objetivo muy concreto: llegar al 1 de noviembre con las reservas de gas al 90% de su capacidad. Sin embargo, este objetivo está este año más lejos que nunca debido a las dificultades de suministro de gas a través del estrecho de Ormuz, lo que amenaza con agravar la carestía del gas.

Actualmente, las reservas de gas se elevan al 73% de la capacidad total de los almacenes europeos, el mínimo en esta época del año no solo desde que se fijaron estos objetivos tras la invasión rusa de Ucrania, sino desde 2011. Esto es, 15 puntos por debajo de la media de los últimos cinco años y 24 puntos menos que las cifras alcanzadas en 2022. Unos datos que elevan las dudas sobre la seguridad de suministro de cara al invierno.

Hay que tener en cuenta que, aunque aún quedan tres semanas para el inicio de la temporada alta del consumo de gas, octubre ya empieza a registrar temperaturas más frías en buena parte de Europa, lo que aumenta la demanda de gas y complica seguir incrementando las reservas.

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El nivel actual de reservas resulta alarmante, ya que entre el 1 de noviembre de cada año y el 31 de marzo del siguiente ejercicio, Europa consume habitualmente el gas equivalente al 50% de la capacidad total de sus inventarios, lo que le llevaría a primavera con la mitad de margen que en años anteriores. Además, hay que tener en cuenta que estas reservas no son nada homogéneas ya que, mientras que Polonia que dispone de reservas equivalentes al 99,1% de su capacidad, seguida de Italia (88,3%), Francia (86,1%) y España (76,3%), entre los principales países europeos, Alemania, Países Bajos y numerosos países de Europa del este apenas disponen de poco más de un 50%. Por ello, aunque se podría pensar que unas reservas del 73,1% son suficientes como para superar el invierno sin problemas, lo cierto es que hay países que están bastante bien abastecidos mientras que otros podrían sufrir serias dificultades.

Seguridad energética

Eso supone un gran problema para la seguridad energética del Viejo Continente, ya que los gasoductos no permiten redistribuir el gas en todas las direcciones. En concreto, los gasoductos que llevaban el gas ruso a Centroeuropa no están preparados para trabajar en sentido contrario, por lo que resulta muy difícil abastecer a los antiguos países soviéticos desde Francia, por ejemplo. Eso hace que, aunque la cifra conjunta de gas almacenado parezca elevada, puedan observarse graves problemas de suministro en buena parte de Europa, especialmente en los antiguos países del bloque oriental.

Precio en máximos

Además, Europa encara este invierno con los precios en máximos históricos. El gas TTF, que rige los precios en el hub holandés por el que se distribuye a buena parte de Europa, se sitúa en 80,4 euros por megavatio-hora. Esto es, el doble que las cifras marcadas en junio y el máximo desde el invierno de 2022. Esto significa que, si el estrecho de Ormuz sigue bloqueado en los próximos meses, Europa no solo tendrá dificultades para abastecerse de cara al invierno, sino que también lo hará a unos precios más elevados, lo que extenderán los problemas a los consumidores y la industria.

La Comisión Europea dado la voz de alarma sobre esta situación. El comisario de Energía, Dan Jørgensen, escribió a finales de septiembre una carta a los Estados miembros para pedirles que reduzcan la demanda de gas y electricidad de cara al invierno, ante unos niveles de almacenamiento "excepcionalmente bajos". "Nos enfrentamos a una crisis de precios vinculada a una crisis de suministro", señala el texto, que refleja el giro de Bruselas: ya no se trata solo de acotar los problemas derivados de unos precios altos, sino de reducir la demanda para poder garantizar el consumo a lo largo de todo el invierno. De hecho, la Comisión invita a los Gobiernos a "adoptar o seguir aplicando medidas" que permitan mantener las reservas o rebajar el consumo de gas y electricidad "durante el tiempo que sea necesario".

Jørgensen recuperó en la carta el catálogo de medidas ya empleado durante la crisis energética de 2022, cuando el precio del gas llegó superar los 300 euros por megavatio-hora, como reducir el consumo eléctrico en las horas punta, trasladar la demanda hacía momentos valle mediante contadores inteligentes y tarifas variables, limitar la temperatura en los edificios públicos, restringir la calefacción exterior y apagar por la noche el alumbrado no esencial. Con todo, se trata únicamente de recomendaciones, sin plazos ni cuotas por país.

Ajuste en España

Sin embargo, los expertos sí precisan que Europa necesitaría acometer un ajuste de la demanda del 7% este invierno para superar la temporada sin problemas. El Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero, un think tank independiente, reclama recortar el consumo en esta proporción para evitar dejar a Europa sin suficiente suministro si se registra una ola de frío durante el invierno. Además, añade que cubrir este déficit de almacenamiento con importaciones adicionales en lugar de reducir la demanda sería extremadamente caro, ya que los precios triplican los de años pasados.

Tres grandes problemas

Esta necesidad de ahorro energético se plantea con tres grandes posibles problemas en mente. En primer lugar, el más grave pero más improbable, cortes de energía para el consumidor particular durante el invierno, incluyendo la calefacción. El segundo, mucho más probable, una reducción del consumo industrial, algo que afectaría a la actividad económica, el empleo y las exportaciones. En España Red Eléctrica ya ha recurrido diez veces en lo que va de año a interrupciones de suministro para los consumidores industriales sujetos a disponibilidad de desconexión, con el fin de asegurar la estabilidad de la red. Y el tercero, algo casi seguro: que las tensiones en el suministro y la falta de reservas seguirán tensionando los precios del gas, cada vez con más fuerza conforme se vayan agotando los inventarios.

De hecho, estas subidas de precios suponen un lastre para la competitividad de la industriay se irán filtrando progresivamente hacia los precios de los bienes de consumo, golpeando la demanda interna. Este efecto ya se empieza a notar, ya que los bienes industriales no energéticos europeos se han acelerado cuatro décimas entre junio y septiembre, hasta el 11%, y es muy probable que esta tendencia se intensifique en los próximos meses. Y eso, a su vez, refuerza la posibilidad de nuevas subidas de los tipos de interés por parte del Banco Central Europeo, lo que desincentivaría la inversión, mermando el crecimiento.

FUENTE: RIPE-EXPANSIÓN

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