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Los efectos se están dejando ver: debilitamiento del dólar, menor crecimiento económico global y mayor inflación. El riesgo geopolítico se está concretando y no parece que lo mejor para la eurozona sea un euro fuerte. La pregunta es cómo va a reaccionar el Banco Central Europeo (BCE) ante un escenario que no es el deseado.

Desde hace semanas se estaba temiendo que las promesas electorales de Donald Trump se concretaran. Pues ya han comenzado a hacerlo. El anuncio de la imposición de aranceles distintos, en función de ciertos criterios, a la práctica totalidad del planeta (parece que Rusia queda fuera, al menos por ahora) ya es una realidad y tiene una fecha concreta de inicio.

Las consecuencias previsibles son un aumento de la inflación en Estados Unidos derivado de los mayores costes de adquisición de los productos importados, al tiempo que una posible aceleración de la actividad por parte de la oferta interna, que ganará competitividad, aunque lo haga también a precios más altos.

Esta hipotética mayor actividad no será suficiente para contrarrestar la tendencia negativa de su economía, aumentada por las decisiones proteccionistas. El efecto inmediato ha sido un debilitamiento del dólar. Hay quien piensa que puede llegar hasta los 1,20 por euro, lo que no hará sino empeorar aún más las posibilidades de vender productos europeos en el otro lado del Atlántico.

Las previsiones sobre los tipos de interés en Estados Unidos se han venido dando la vuelta en las últimas semanas, pasando de esperar una única bajada en el año a las estimaciones actuales, que descuentan hasta tres. La necesidad de acotar el desequilibrio fiscal, por la vía de mayores ingresos por los aranceles y menores costes financieros por el abaratamiento de los tipos de la deuda pública, parecen estar detrás de las decisiones de la Administración de aquel país.

La cuestión es qué hará el Banco Central Europeo en su reunión del Jueves Santo tras la confirmación de uno de los peores riesgos geopolíticos existentes. Los problemas comerciales derivados de los aranceles provocarán una menor actividad en Europa, en especial en los sectores más afectados (acero, aluminio, automóviles, componentes...), ya de por sí bastante deprimida. Baste recordar que en marzo el BCE ya rebajó la previsión económica de la eurozona para situarla claramente por debajo del 1%.

Euro al alza

La apreciación del euro tampoco ayudará, aunque ello puede permitir un mayor control de las tensiones inflacionistas si a ello ayudan además los posibles menores precios de las materias primas consecuencia de un menor crecimiento global.

El BCE, en su función de supervisor del sistema financiero, ya ha pedido a las entidades que tengan en consideración estos riesgos a la hora de calcular sus efectos sobre la evolución del negocio bancario en el corto plazo. Ahora le va a tocar decidir bajo su otra gorra, la de elaboración de la política monetaria.

Poco antes de la anterior reunión del consejo del BCE surgieron voces en las que se pedía empezar a discutir una posible pausa en el proceso de normalización a la baja de los tipos de interés, porque se entendía que ya se estaba muy cerca, si no se había superado, del umbral del teórico tipo de interés neutral.

Todo indica que, en esta nueva situación, el debate sobre la evolución futura de los tipos de interés y la conveniencia o no de hacer una pausa van a ser el eje central de la reunión.

La cuestión es que los miembros del consejo del banco no van a tener una información muy diferenciada de la que tuvieron en su anterior convocatoria, la celebrada en marzo, ya que fue entonces cuando se publicaron nuevas proyecciones macroeconómicas.

Ahora, los técnicos del BCE cuentan con información nueva sobre la evolución de la inflación (favorable a mantener la tendencia a la baja de los tipos, ya que la cifra de marzo siguió acercándose al objetivo del 2%) y poco más. Los efectos de los aranceles todavía no se dejarán notar.

Lo razonable parece ser que, después del debate (en los próximos días se dejarán entrever las posiciones de unos y otros), el consejo vuelva a bajar el precio del dinero como estaba prácticamente previsto y que, ante la falta de claridad sobre los efectos concretos de las nuevas medidas, siga sin dar pistas específicas sobre el futuro, manteniendo la política de ir "reunión a reunión" a medida que se conozcan nuevos datos.

FUENTE: EXPANSIÓN-RIPE

Temas:

BCE tipos de interés Guerra Estados Unidos Banco Central Europeo Dólar

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