- Bueno, lo que yo creo que pasó es que contaban con el miedo, lo dan por descontado y esto lo lo puedo decir porque lo vivo, contaban con el miedo y con la sumisión. Entonces, se suponía que yo iba a reaccionar igual que como reaccioné cuando me hicieron lo mismo en la Feria del Libro de Madrid, es decir, callándome, quejándome un poco y dejándolo pasar. Ellos cuentan con esta actitud, que es lógica porque uno tiene miedo, yo también tengo miedo. En general, lo que pasa con estas cancelaciones, desprogramaciones, listas negras, prescindir de autores, todos estos eufemismos, pero que quieren decir lo mismo: es silenciar, es hacer un apartheid, es sacar a los autores que o a los cantantes, o a los artistas que no les convienen.
Lo que pasa es que la gente tiene miedo y entonces nadie dice nada. Y lo que yo trato de hacer ahora y, esto les juro que es cierto, es no hacerlo solo por mí, para que a mí no me cancelen o para que a mí no se me caigan los festivales, sino para tratar de hacerlo para los próximos que vendrán. Judíos o no judíos, porque esto atañe también a cualquier autor de cualquier procedencia, nacionalidad, religión, ateo, que ose ni siquiera estar con Israel, que ose decir: "Comprendo el sufrimiento de ambos lados, no me pronuncio, no politizo mi literatura o mi arte". Ya eso se considera mal, entonces yo trato de hacerlo por los que vendrán.
Y lo que pasó acá es bastante grave porque yo fui convocada hace meses, creo que fui una de las primeras por las dos directoras, Ana Gallego y Patricia Escalona. Me dijeron que valoraban mucho mi obra, que estaban trabajando mis libros todo el año en la universidad, en la currícula y bueno, primero un grupo minúsculo, un par de personas me sacaron del club de lectura y me reemplazaron por otra autora, seguramente con una moralidad mucho más alta que la mía. Y yo dije bueno, es un terreno difícil, ríspido de disidencia. Yo sabía adónde iba, veía a los autores convocados, no es fácil. Pero me dije: "Vamos a bancar la parada, vamos a soportar la tensión, la disidencia, la discrepancia, vamos a debatir". Yo estaba dispuesta a ir, de hecho tenía el pasaje de bus para atravesar España y llegar a la una de la mañana. Y ellas me dijeron: "No te preocupes, a pesar de las las presiones de grupos que no representan a la totalidad de los estudiantes, también hay que pensar en los estudiantes que no piensan eso. A pesar de eso, te vamos a sostener, te valoramos" y, a último momento, en 24 horas, fue la crónica de una radicalización anunciada, me soltaron la mano y me expulsaron.
"Es muy doloroso que nadie se haya pronunciado"
- Es increíble a esta altura como si en la disidencia, como si el debate no fuera parte justamente de la cultura, del intercambio de ideas. Yo miro acá el listado de escritores: el británico John Bainville, la estadounidense e italiana Silvia Federici, hay una argentina, Gabriela Cabezón Cámara, que es escritora, la feminista argentina Rita Segato; el mexicano Juan Villoro, todos nombres importantes. Y el tuyo también porque está anunciado en el afiche digital de de este festival. ¿Ninguno de ellos se expresó públicamente, ninguno te llamó para decir, "Che, qué barbaridad, cómo te sacaron de este festival, cómo te cancelaron"?
- Sí, para mí es muy doloroso. Conozco absolutamente a todos, o casi a la totalidad, por supuesto. Por haberlos leído, porque es la primera forma de conocer a un autor y, lo más importante, además de leerlos, a casi todos los conozco personalmente. Porque eso también es muy doloroso, pero bueno, recuerda un poquito el tufillo y el olorcito a 1938 en la exclusión sistemática de los artistas judíos, pensaran lo que pensaran.
Pero digo, los conozco a todos, conviví con todos en residencias, festivales, pertenecemos a las mismas casas editoriales, Anagrama, Juan Villoro, Brenda Navarro, que he viajado con ella, con Gabi (Cabezón Cámara) ni hablar, bueno, en fin, una relación cercana, lo cual vuelve todo para mí más doloroso, porque no se trata de últimos para mí. Y yo digo, ¿qué problema hay que Gabriela Winner o María Fernanda Ampuero, que publicó que está de acuerdo en la expulsión de sionistas. ¿Qué problema hay en que pensemos distinto? Seguramente estamos en veredas distintas.
- Queda muy claro cómo es el clima cultural en algunos sectores de España pero, ¿cómo lo vivís en en Francia, que es tu lugar de residencia habitual? ¿Es similar al que se vive en España?
- No, y también lo que quería decir era que todos los que amamos la literatura y trabajamos con las palabras tenemos que ser críticos. Yo por eso digo que me echaron por judía, pues yo no admito la extorsión lingüística de que me cancelaron por Gaza, esos son caballos de Troya, esas son palabritas mágicas que se usan hoy como en otros siglos. Esas palabritas claves han sido otras, y siempre está el lenguaje, ¿no? Primero el lenguaje y después matar o discriminar. Entonces, yo no acepto esas extorsiones lingüísticas, esos eufemismos. Que me lo digan claramente, me sacaron por judía, porque a ningún otro participante de todas las nacionalidades que hay, Perú, Brasil, Argentina, México..., a ninguno le preguntaron lo que piensa de nada, ni de Sudán, ni de Nigeria, ni de Ucrania, ni de Nepal o de China. Solamente a mí. Hay una doble vara para poner el estándar moral a los judíos.
Por otro lado, lo que me preguntan de Francia, la verdad es que yo viajo por todos lados. En mis últimos 10 festivales ha sido muy angustiante. Sea en el norte de Francia, en el norte de España, en Canadá, en Estados Unidos, saco un poco a Latinoamérica porque creo que está un poco mejor o por lo menos más solapado. En Francia he tenido los mismos problemas que en España, o sea, me dijeron: si decís algo a favor de Israel, lo que sea, te expulsan. Eso fue en Nantes, al noreste de Francia. Está el clima, el tufillo, la atmósfera de depresión y de angustia para los judíos.
"En las elites culturales hay un llamado a la violencia"
- Más allá de de los países, pareciera que tiene que ver con una comunidad muy determinada, muy lamentablemente con lo cultural. Siempre son escritores o festivales de música. Hay todo un ámbito cultural en donde estas actitudes son consideradas normales. Y parece que es transversal a los países, pero muy centrado en el mundo cultural.
- Acaban de decir algo que para mí es perfecto y que podría ser una radiografía. Si yo fuese socióloga, igual lo intento en mis ensayos, creo que si tengo que decir algo de la lectura de esta época por lo que va del siglo, sería esto. Las elites culturales y también lo dicen los historiadores, he leído sus ensayos, no lo digo yo sola.
En las elites culturales hoy hay un ensañamiento, un llamado a la violencia, a la masacre, al racismo, a la parte de los autores. La virulencia está más en las elites culturales, más que en el resto de la población. España toda no es así, Francia tampoco. Yo vivo en medio del campo, acá no, y esas tensiones, esa exasperación, ese aire virulento no está.
- Qué casualidad y qué paradoja horrible que esa virulencia está en los ámbitos de cultura.
Para mí, como judía, es mucho más peligroso ir a un festival de cine o de teatro, o de literatura que estar por acá en el campo. En cualquier ciudad de Francia, o de donde sea. Habría que preguntarse por qué. Qué rol están tomando los artistas. Y además, la liviandad con que la gente que trabaja con la palabra, que usa alguna palabra. Ayer participé un poco contando la historia. reclamando que los escritores argentinos hagan escuchar su voz y de la nada te tiran genocida. Es una acusación tan descomunal, tan brutal, tan disparatada al mismo tiempo que justamente en el terreno donde las palabras se supone que pesan más, se usan com una liviandad escandalosa.
Es tremendo, porque la primera colaboración comienza con la lengua, lo sabe cualquier lingüista, cualquier escritor que leyó a Víctor Klemperer y a cualquiera sobre los procesos de totalitarización de la lengua, de nazificación, de estalinización. Empiezan por la lengua, conquistan la lengua y conquistan todo.
Entonces es fácil, es una palabra que permite permite odiar a los judíos con buena conciencia, con virtudes, en nombre de la moral, por eso es al revés. Es en nombre de la moral que te odio. Eso es algo que se estudia muy bien. Habría que preguntarles por qué tienen tantas ganas de que haya un genocidio. Yo creo que tiene que ver con la economía psíquica, pero todo esto igual no tendría que tener que ver con un Festival de Literatura. En un Festival de Literatura tendría que haber todo. Yo creo que lo de Granada no es un Festival de Arte y Literatura.
"Hay una glorificación al terrorismo; está de moda y es cool"
- ¿Crees que en estos casos de antisemitismo hay una una victoria narrativa sobre la cultura de los grupos terroristas como Hamás o Hezbollah? ¿Y que se refleja en situaciones como la que vos estás sufriendo?
- Sí, creo que sí, por razones que todavía, por lo menos, yo me las vivo preguntando y preguntándosela a los historiadores que conozco. Se están agarrando la cabeza todos. Están tratando de pensar este siglo rápidamente, se escribe y se piensa al mismo tiempo. En cincuenta años estaremos muertos algunos de nosotros. Pero las generaciones que vienen lo leerán. Nosotros estamos muy cerca de la época para entenderlo, pero sí creo que, por el momento, después veremos la historia, pero van ganando, y lo único que importa que es la narrativa, el relato, la lengua, ahí van ganando.
La lengua la tienen colonizada, dominada, por eso es fácil expulsarme a mí a plena luz del día, en 2026, en Granada, diciéndome que soy pro genocidio y ahí, con esa palabrita, me expulsan y ningún autor dice nada. Se cubren con eso, es una barrera, un comodín. Entonces creo que sí, que con el acoso por el momento van ganando. En las juventudes, en las nuevas generaciones, en la música que se escucha.
Creo que hay una glorificación al terrorismo, que está de moda, que es cool. Veo la música que se escucha, la música que escucha mi hijo, es eso. Hay una batalla, hay una lengua conquistada y ganada, creo que sí, totalmente.
- Ariana Harwick, te queremos agradecer mucho esta valentía con la que estás encarando esta cancelación en este momento.
- Ojalá no sea tan fácil de ahora en más, pero lo seguiré haciendo. Señalar a alguien por cómo piensa o por dónde vive y expulsarlo, ojalá sea un poquito más difícil de ahora en más.