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El primer ministro británico, Keir Starmer, atraviesa su momento más crítico desde que asumió el poder el pasado 4 de julio de 2024. A pesar de la creciente presión interna y la dimisión de Miatta Fahnbulleh, secretaria de Estado de Vivienda, Comunidades y Administración Local, el líder laborista ha manifestado este martes su firme intención de seguir gobernando.

La tormenta política se desata tras los resultados en las elecciones locales y un desplome generalizado en su popularidad que amenaza con fracturar definitivamente la unidad de su partido.

La dimisión de Miatta Fahnbulleh y la rebelión parlamentaria

La estabilidad del gabinete se ha visto sacudida por la renuncia de Miatta Fahnbulleh, hasta ahora secretaria de Estado de Vivienda, Comunidades y Administración Local.

Fahnbulleh, quien anteriormente ocupó cargos en Descentralización y Consumo de Energía, se ha convertido en la primera integrante del Ejecutivo en abandonar el barco tras el revés electoral en el que el laborismo perdió cerca de 1.500 concejales.

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En una misiva pública, la exministra adjunta fue contundente al afirmar que el Gobierno ha perdido la confianza del público y carece de la visión y ambición necesarias, instando a Starmer a establecer un calendario para una transición ordenada que permita la llegada de un nuevo equipo.

Esta salida no es un hecho aislado, sino que coincide con el malestar de al menos 70 diputados laboristas que han elevado el tono contra su líder. Sin embargo, Starmer se aferra a los estatutos de la formación para mantenerse en el cargo, recordando que el proceso oficial para desafiar a un líder requiere que un candidato obtenga el apoyo del 20% del grupo parlamentario, una cifra que equivale a 81 diputados y que, de momento, no se ha alcanzado de forma oficial.

Un escenario de desgaste económico y avance de la derecha

La caída en la aprobación de Starmer, que a sus 63 años enfrenta niveles de popularidad mínimos, responde a una gestión marcada por una economía estancada y el aumento sostenido del coste de la vida. A este desgaste se suma el fuerte avance de Reform UK, el partido antiinmigración de Nigel Farage, que ha logrado arrebatar feudos tradicionales laboristas en el norte de Inglaterra y Gales. Paralelamente, por el flanco izquierdo, el partido de los Verdes ha captado el voto descontento en ciudades clave como Londres.

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La incertidumbre política ya ha comenzado a trasladarse a los mercados financieros. Este martes, los tipos de interés de la deuda pública británica alcanzaron un máximo del 5,797%, superando el pico de la semana pasada y regresando a niveles que no se registraban desde 1998. Este contexto de inestabilidad preocupa a los mandos laboristas, quienes desean evitar a toda costa repetir el caos vivido por los conservadores en 2022, cuando el país tuvo tres primeros ministros en apenas cuatro meses.

El horizonte de la sucesión y la agenda legislativa

Aunque una hipotética salida de Starmer no implicaría la convocatoria de elecciones legislativas, el debate sobre su sustitución ya domina la prensa británica. Entre los nombres que suenan con más fuerza destaca Wes Streeting, actual ministro de Sanidad, quien cumple con el requisito indispensable de ser diputado parlamentario. También aparece con regularidad la figura de Angela Rayner, mientras que el alcalde de Mánchester, Andy Burnham, se perfila como la opción más popular entre la ciudadanía, aunque su falta de escaño en el Parlamento complicaría y retrasaría su posible ascenso al poder.

Toda esta agitación política se produce en una semana institucionalmente sensible, ya que el rey Carlos III tiene previsto presentar el programa legislativo para el próximo año. Mientras tanto, Starmer insiste ante su equipo en que el país espera que el gabinete siga trabajando, tratando de proyectar una imagen de control en medio de un escenario que muchos analistas ya califican como el principio del fin de su mandato.

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Reino Unido Keir Starmer renuncia gabinete

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