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La fisonomía de la guerra moderna se está rediseñando por completo en el territorio ucraniano. Lo que inicialmente comenzó como una resistencia nacional dependiente de la ayuda exterior se ha transformado en un ecosistema de innovación militar sin precedentes. La evolución de la industria local ha subvertido la dinámica de un Estado que, tras la invasión de 2022, sobrevivió en gran parte gracias a la asistencia de Europa. Hoy, Ucrania se posiciona en la vanguardia de la tecnología autónoma global.

Drones de fibra óptica: la guerra de guerrillas tecnológica en las carreteras

La incesante carrera tecnológica en la que se ha sumido el conflicto contra Rusia registra innovaciones semanales. El dron Strum Blade representa la última respuesta ucraniana frente a los tristemente célebres Zhdun rusos. Estos últimos son dispositivos guiados por pilotos conectados directamente a través de fibra óptica, una particularidad que los vuelve completamente inmunes a las interferencias electromagnéticas tradicionales.

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Los Zhdun permanecen emboscados durante horas a los lados de las carreteras de abastecimiento consumiendo un mínimo de batería, listos para atacar con precisión al paso de los vehículos. "La única forma de pararlos es cortar el cable. Es un grave problema porque ahora mismo el 90% de nuestras bajas se registran durante el proceso de abastecimiento o reemplazo de tropas [cuando viajan por los caminos objetivo]", detalla Yevgeny Semenov, director de la firma encargada de producir el Strum Blade.

Soldados de la Brigada de Misiles Antiaéreos de Jersón sostienen drones.

Para contrarrestar esta amenaza, el Strum Blade opera de una manera que parece extraída de un guion de ciencia ficción: el cuadricóptero se eleva transportando una bobina equipada con un cordel de metal enrollado en su interior, que finaliza en una pesa de contrapeso. El piloto descuelga el filamento hasta que el contrapeso se arrastra por la tierra y avanza para colisionar intencionadamente contra las madejas de cables de fibra óptica rusas atadas a los postes, cortándolas con extrema facilidad.

"La idea es arrastrar el cordel de metal por las rutas y así 'limpiarlas'. Si cortamos la fibra óptica, los rusos pierden el control del dron y no pueden atacar. Puede 'limpiar' 10 kilómetros por hora y cuesta unos 1.500 dólares", explica Semenov a El Mundo, un joven directivo y ex piloto de aviación de 34 años. La realidad cotidiana del conflicto se resume ahora en drones contra drones y robots contra robots.

Estrategia de coste y efectividad contra los misiles Patriot occidentales

En el centro de pruebas del Complejo Ucraniano de Entrenamientos y Pruebas (UTTC) —un amplio espacio al aire libre dotado de polígonos, arboledas y conectividad a internet garantizada por antenas Starlink— la empresa de Semenov también exhibe el Interceptor Strum. Este dispositivo, denominado coloquialmente por algunos expertos como "supositorio volante", fue desarrollado expresamente como respuesta a los drones de ataque Shaheed de origen iraní utilizados por Moscú.

"Los últimos modelos que hemos diseñado ya llevan cámaras y están conectados a un sistema de radares. Cada equipo cubre un área de 25 kilómetros. Desde el 2024 hemos desplegado unos 7.000 interceptores y el cálculo que tenemos es que hemos requerido unos tres para derribar cada Shaheed", apunta el directivo ucraniano.

La ecuación que inspira a la nueva ola de creadores ucranianos es nítida: optimizar costes y maximizar la efectividad. Mientras que un Interceptor Strum se sitúa en el entorno de los 1.000 dólares, los drones Shaheed superan los 20.000 dólares, y los misiles occidentales Patriot —que constituyen la base del escudo de la OTAN— elevan su coste hasta rozar los cuatro millones de dólares por unidad, evidenciando una asimetría económica insostenible para las defensas tradicionales.

El misil Furia fue utilizado para reconocimiento de fuego de artillería.

Inteligencia artificial en Leópolis: desminado 100 veces más rápido que Occidente

La exhibición tecnológica celebrada durante la denominada Semana de la Tecnología del UTTC en la región de Leópolis congregó a casi medio centenar de compañías especializadas. Entre las innovaciones mostradas destacaron robots terrestres orientados a la desactivación de minas, los cuales iniciaron las jornadas con un singular desfile de pequeñas plataformas móviles guiadas por sus respectivos pilotos como si fueran sus mascotas.

Frente a los detectores tradicionales de brazo manual, empresas locales como Uadamage, liderada por el ingeniero Mikhailo Visarsky, han optado por desarrollar ecosistemas integrales que fusionan drones, sensores, cámaras e inteligencia artificial. La comparativa de rendimiento con las metodologías estandarizadas resulta demoledora.

"Hasta que comenzó la invasión de Ucrania en 2022, los expertos en detectar minas usaban la misma tecnología de hace 70 años. Ellos pueden reconocer 10 metros cuadrados en un día. Nuestro dron permite reconocer una hectárea en una hora. Es 100 veces más rápido. Occidente sigue mejorando caballos; nosotros estamos diseñando coches", proclama Visarsky, quien al igual que el grueso de los ingenieros del sector ronda los 30 años y proviene directamente del ámbito de las tecnologías de la información (IT).

Autonomía militar y el nuevo rol de Kiev ante la Unión Europea

La gran maduración de la industria de defensa ucraniana ha permitido al país posicionarse entre los líderes internacionales en el desarrollo de aparatos no tripulados aéreos, terrestres y marítimos. Este auge ha coincidido con el despliegue de casi 60 firmas ucranianas en Eurosatory-2026 en París, uno de los mayores escaparates de tecnología militar del planeta. En dicha feria, las firmas locales expusieron desde misiles balísticos hasta un nuevo dron submarino kamikaze con capacidad para transportar 1.000 kilogramos de explosivos, además de decenas de diseños de vehículos aéreos (UAV) y terrestres (UGV).

A tenor de la experiencia práctica acumulada en el campo de batalla, Kiev ha decidido promocionarse activamente como un socio de referencia para el nuevo entramado de seguridad de la Unión Europea. Las autoridades buscan dejar atrás el rol histórico de mero receptor de asistencia internacional que ostentaban en 2022. La transformación es de tal calibre que las fuerzas armadas ucranianas suspendieron el pasado mes de mayo el envío de militares para adiestramiento en el extranjero, argumentando que las tácticas impartidas en los centros europeos se encuentran totalmente desfasadas frente a la guerra tecnológica que se libra en su propio suelo.

Según datos ofrecidos por el presidente Volodímir Zelenski, aunque Ucrania continúa figurando como el principal importador de armamento del globo, su industria doméstica ya es capaz de proveer cerca del 50% de las necesidades del ejército, un incremento radical frente al exiguo 10% que registraba al inicio de la invasión. Adicionalmente, el Ejecutivo constató en abril un excedente de capacidad de producción de hasta el 50% en determinados tipos de armamento, lo que motivó la reanudación de las exportaciones de material militar.

Alianzas con gigantes como Airbus y la proyección del milagro económico

Para las autoridades económicas del país, los sistemas de defensa occidentales requieren una profunda revisión. "Europa tiene que empezar a vernos como socios. La tecnología que está desarrollando Ucrania es efectiva y barata. Supone un cambio radical de las reglas del juego. Mientras, Europa sigue gastando millones en un sistema defensivo que puede ser superado por drones que cuestan cientos de euros", asevera Ihor Bezkaravainyi, viceministro de Economía a cargo del desminado nacional.

Con el objetivo de canalizar esta producción, la Jefatura del Estado prevé la apertura durante este año de una decena de centros de exportación de armamento repartidos en diversas capitales europeas. El tejido industrial cuenta ya con unas 450 empresas locales de drones, de las cuales entre 40 y 50 lideran el mercado regular. "Todo el mundo quiere invertir. 2026 será el año de las inversiones en nuestra tecnología", pronosticó el presidente Zelenski.

Las proyecciones del Consejo Ucraniano de la Industria de Defensa estiman que las exportaciones militares del país podrían alcanzar los 2.000 millones de dólares solo este año, una cifra diez veces superior a los registros de 2021, antes de la ofensiva de Moscú. De igual modo, el Ministerio de Defensa local ratificó que de los 175 nuevos modelos de equipamiento aprobados en mayo, el 93% se manufactura íntegramente en factorías nacionales.

Esta capacidad autónoma ha crystallized en la firma de contratos multimillonarios con corporaciones internacionales como la alemana Quantum Systems o la estadounidense Auterion. Recientemente, Airbus Defensa y Espacio consolidó un acuerdo estratégico con la firma ucraniana Skyfall para el desarrollo del futuro "escudo aéreo de múltiples niveles" de la UE. Asimismo, la corporación europea MBDA —fabricante del misil de crucero Taurus— selló una alianza con la firma local Armor para producir drones de largo alcance y sistemas de interceptación avanzados. Incluso países de la región del Golfo Pérsico han requerido formalmente la asistencia de expertos ucranianos para instruirse en la neutralización de tecnologías aéreas de origen iraní.

El impacto económico a largo plazo se anticipa decisivo. Según Bezkaravainyi, el desarrollo de la industria militar es la salida lógica para la economía nacional. "Es lo que pasó con Japón tras la Segunda Guerra Mundial. El milagro económico se basó en ayudar al ejército de EE. UU. [durante la guerra de Corea] fabricando vehículos buenos y baratos. Sí, ahora producimos drones para la guerra, pero en el futuro los podremos usar para entregar pizzas", reflexiona el viceministro.

La brecha con los ejércitos de la UE: cinco millones de drones al año

La velocidad de obsolescencia en este teatro de operaciones es vertiginosa. "En esta era, la tecnología cambia cada tres meses. Lo que servía ayer, hoy es historia", subraya Yevgeny Semenov. Es bajo esta premisa donde los especialistas locales evidencian la enorme brecha operativa existente entre las capacidades de producción ucranianas y los inventarios de las potencias de la Unión Europea.

Cuando los técnicos ucranianos analizan las previsiones de los ejércitos comunitarios más capaces, cuyas flotas de drones apenas se contabilizan por miles, la reacción es de escepticismo absoluto. "Ucrania producirá este año cinco millones de drones. Es decir, más de 13.000 por día. Con 'miles' de drones, Alemania o Francia podrían pelear un par de días contra Rusia y después tendrían que rendirse", sostiene Semenov de forma tajante.

Esa misma distancia conceptual se pone de manifiesto al evaluar ciertas innovaciones presentadas por firmas de la industria tradicional europea en los foros internacionales de París, como el reciente vehículo todoterreno de la francesa Renault que incorpora un dron sobre el techo. "Claro, se supone que los rusos no tienen drones que puedan destruir ese coche. Por eso casi todos esos tanques Leopard y blindados Bradley que nos dieron hoy son chatarra", concluye el especialista, evidenciando que las doctrinas convencionales de blindados pesados han sucumbido definitivamente ante la omnipresencia de la robótica aérea de bajo coste.

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