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La localidad de Los Realejos sabe cómo vivir una fiesta con fe y devoción y, al mismo tiempo, sumarle una cuota de pasión y alegría para lograr que una celebración religiosa se torne única e irrepetible.

Es que este pueblo canario se ha ganado la fama de ser el que mayor cantidad de festividades populares tiene en su calendario en toda España. Anualmente, allí se realizan más de ochenta conmemoraciones donde sus habitantes son los grandes protagonistas.

La más renombrada es la fiesta de las Cruces y los Fuegos de Mayo, que se llevó a cabo el 2 y 3 de ese mes, en honor a la Santa Cruz, desde hace cerca de trescientos años en las calles del Sol y del Medio de Arriba y en el barrio de la Cruz Santa.

Esta celebración comenzó a realizarse en el siglo XVIII para conmemorar la aparición de un madero natural con forma de cruz en 1666, al que, desde ese entonces, se lo venera en la iglesia de la Santa Cruz.

Sin embargo, fue en el último siglo que ganó popularidad tanto dentro como fuera de la isla de Tenerife, lo que la llevó a ser declarada de Interés Turístico Nacional en 2015 y por lo que, ahora, busca obtener el reconocimiento de Interés Turístico Internacional.

Más allá de las tradicionales misas y procesiones que suelen formar parte de los festejos religiosos-populares en gran parte de España, Los Realejos ofrece dos particularidadesque la diferencian del resto.

La primera son las cruces que se colocan en los frentes de muchas de las viviendas del barrio de la Cruz Santa y de las calles del Sol y del Medio de Arriba. A cada una de ellas, las visten con tejidos canarios y las engalanan con arreglos realizados por los dueños de casa, con flores traídas de Holanda y Ecuador.

Los ornamentos son de los más variados al punto de que la Cofradía de la Santa Cruz imprime un mapa con la ubicación de cada una de ellas para nadie se quede sin apreciar estas pequeñas obras de arte.

La segunda particularidad son los fuegos artificiales. Durante los dos días que dura la fiesta, se detonan centenares de bombas de estruendo, cañitas voladoras y bengalas, en la que es considerada la mayor exhibición de las Islas Canarias y una de las más grandes de España.

Cada momento de la celebración, está acompañado por estas explosiones que tiñen los cielos del pueblo de múltiples colores, sin importar si se producen de día o de noche, e impregnan sus calles con aroma a pólvora.

Toda esta devoción religioso-popular, se ve coronada con la pasión y alegría con la que sus pobladores viven cada una de las etapas de la fiesta. Así, se agolpan en las procesiones, cargan réplicas de la Santa Cruz, forman parte de las misas, acompañan los recorridos urbanos, cantan y bailan en las calles o frente a las iglesias o disfrutan de los espectáculos que organizan el ayuntamiento en esas dos jornadas.

Esperando el gran momento

Si bien la fiesta de las Cruces y los Fuegos de Mayo se desarrolla a lo largo de todo el día 3, los motores comienzan a calentarse durante la jornada anterior, en el barrio de la Cruz Santa, en cuya parroquia se conserva el madero original.

Sus vecinos se sienten los abanderados de esta celebración, que se ha desplazado a otros sitios del pueblo, por lo que organizan un itinerario especial por sus calles para visitar las 102 casas que cuentan con cruces engalanadas con flores en sus frentes.

Como se trata de un festejo religioso, también se lleva a cabo una misa y una procesión con una réplica de la reliquia, ya que se resguarda la original para evitar que se dañe con el clima y la manipulación, además, de conciertos de música popular frente al CasinoCruz Santa.

El punto cúlmine se desarrolla en las vísperas de la medianoche cuando todo el pueblo se reúne en el barrio del Realejo Alto para cantar y bailar frente a la iglesia matriz del Apóstol Santiago, donde se realiza la cuenta regresiva que dará oficialmente comienzo a la celebración.

En ese momento, es cuando se producen las primeras detonaciones y el cielo de Los Realejos se tiñe de rojo, verde, naranja y dorado, cruzados por formas creadas por rayos láser, al son de canciones religiosas.

Esto desata la algarabía de los jóvenes, adultos, familias y turistas que seguirán, luego, los festejos en las calles del pueblo, a la espera de lo que serán las tan ansiadas actividades del día siguiente.

El gran momento

La fiesta de las Cruces y los Fuegos de Mayo va ganando en intensidad a medida que avanza el día. Comienza solemne y en un clima de gran devoción con una misa en la iglesia matriz del Apóstol Santiago, que data de 1521, seguida de una procesión por las calles del Sol y del Medio de Arriba.

El retorno de la réplica de la Santa Cruz se lo celebra con nuevas detonaciones, con la diferencia de que, allí, abundan más las bombas de estruendos que las cañitas voladoras y bengalas, porque se lleva a cabo durante el mediodía.

Todo concluye con un almuerzo popular en una feria culinaria montada junto a la iglesia, donde también se realiza un concierto con bandas locales, que los presentescomparten con gran algarabía, con el océano Atlántico custodiando todo a la distancia.

El momento más esperado es por la noche, por lo que la gente se retira a descansar y a prepararse para culminar con los festejos después de haber cenado en sus casas o en las decenas de bares y restaurantes repletos de comensales.

Tras haber comido, se inicia una competencia pirotécnico-religiosa entre los pobladores de las calles del Sol y del Medio de Arriba para ver quién tira los mejores y más originales fuegos artificiales de la jornada.

Esta tradición centenaria tiene sus orígenes en las disputas que existían en el siglo XVIII entre los más humildes, que vivían a lo largo de la primera, y los más pudientes,que tenían sus viviendas en la segunda. Si bien esta separación social ya ha desaparecido, la puja entre ambas continúa.

La procesión se inicia en la iglesia matriz del Apóstol Santiago cuando los habitantes de la calle del Sol cargan sobre sus hombros la réplica de plata de la Santa Cruz y la trasladan unos quinientos metros hasta donde se encuentra su capilla, engalanada con arreglos florales.

Es el momento tan esperado, cuando hacen explotar centenares de bengalas y cañitas voladoras y tornan el pueblo en una especie de campo de batalla donde las detonaciones se hacen inacabables.

Una vez finalizado su espectáculo, retoman la procesión hasta el límite con la calle del Medio de Arriba, donde le ceden la cruz a sus vecinos, quienes avanzan con ella al hombro una distancia similar hasta donde se ubica su capilla. Frente a ella, realizan una nueva ceremonia pirotécnica, que intenta ser mejor o más vistosa que la de sus rivales.

Ambos organizadores recaudaron fondos durante todo el año con diferentes eventos y tómbolas para llegar a ese momento. Sin embargo, la cifra gastada es uno de los secretos mejores guardados del lugar, al igual que los diseños que utilizarán, ya que fueron creados especialmente para esa oportunidad.

Todos estos festejos deben llevarse a cabo antes de la medianoche, cuando es el momento de terminar con la celebración y devolver la imagen a la iglesia. Es allí, donde comienza una nueva cuenta regresiva que culminará al año siguiente cuando el pueblo vuelva a vestirse de fiesta y, así, continuar con esta tradición centenaria.

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