Era la apuesta más fácil de la historia.

Los aliados, los enemigos y hasta los extranjeros de la política sabían que, esta vez, la reflexión de Pedro Sánchez iba a terminar en un llamado anticipado a elecciones generales.

Es que la cosa no da para más. El gobierno socialista se cae a pedazos, los socios de la coalición ya no lo llaman ni para sacarle dinero y las fotografías de la Playa de Ceuta y el acampe adolescente de Puerta del Sol muestran una España tercermundista que deja a Sánchez contra las cuerdas.

más Noticias

Ni la Inteligencia Artificial le da tregua a Pedro Sánchez. Basta con poner su nombre y su apellido en el prompt junto a la palabra corrupción para que aparezcan su ex ministro preso, José Luis Abalos; su ex mano derecha del PSOE, Santos Cerdán, con prisión domiciliaria; su hermano con una condena por abusar de un cargo provincial y su esposa con fecha de audiencia en la Justicia, investigada y acorralada por fraude con fondos públicos.

Pedro Sánchez y Begoña Gómez.

Después que el Congreso le volteara dos decretos sobre vivienda en cuestión de minutos, Pedro se dedicó a preparar la jugarreta que mejor conoce. Escapar por la tangente.

Es que el caso Maricarmen tiene un par de condimentos que le rompen el corazón a cualquier romántico de izquierdas. Una anciana de 87 años, con 50% de discapacidad, desalojada de su apartamento que ha quedado en manos de un fondo de inversión inmobiliaria.

Maricarmen el día del desahucio.

El cuadro no podía ser mejor. Si hasta usaron una metáfora inventada por Cristina Kirchner en Argentina para cargar las tintas sobre la empresa de real estate. “Fondo buitre” la llamaron, emulando aquellos fondos que compraban deuda argentina en default.

Pero le convendría recordar a Sánchez que la política y la semiótica no siempre se llevan bien. Allí está Cristina con una condena de seis años de cárcel que purga en un apartamento de Buenos Aires por más que patalee y hable de lawfare.

Pedro Sánchez y su gobierno quieren que se vote el 29 de noviembre, y que en la campaña se discuta de desalojos injustos, de ricos egoístas y turistas desaprensivos. Que se debata sobre la crueldad de la derecha y el heroísmo de una izquierda woke y generosa que vuelve para salvar a los desposeídos.

El problema es que la canción de Pedro Sánchez ya no enamora. Le sirvió en el 2023 porque metió al Partido Popular y a Vox en la trampa del diablo fascista que siempre le había dado resultados. Armó una elección apurada el 23 de julio siempre sabiendo que muchos españoles no irían a votar en el verano. Ni siquiera ganó, pero le alcanzó con tirarle un par de huesos a los separatistas catalanes y a los vascos nostálgicos de ETA para quedarse un tiempo más en la Moncloa.

Lo que vino después fue solo decadencia. Y si los casos de corrupción no fueron razones suficientes para empujarlo, llegó el oprobio de Ceuta para demostrar que el desmadre sanchista también estaba poniendo en riesgo a sus ciudadanos y hasta la soberanía española sobre sus territorios africanos pretendidos por Marruecos. Nada podía ser peor.

Fuerte presencia policial este jueves en la playa del Trampolín, en Ceuta. Foto: Diario El Mundo.

Como Pizarro en México, Pedro quema las naves pero el fuego ya no es el mismo. Su gobierno ya no tiene reacción y sus ministros lucen derrotados.

Para colmo de males, el escenario internacional tampoco le da una mano. A la ola de la derecha que avanza en Latinoamérica con su gran enemigo Javier Milei, con Kast en Chile, Da Espriella en Colombia y Keiko Fujimori en Perú, se suma ahora la debacle de Lula en Brasil, derrotado por el derechista Flavio Bolsonaro en primera vuelta y muy probablemente expulsado de Brasilia antes de fin de mes.

Acostumbrado a ser el campeón de la supervivencia en el poder, Pedro Sánchez intentará sorprender con sus malabares ideológicos. Pero la tiene muy complicada y sabe que, en esta ocasión, sus rivales directos (Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal), no van a dudar en unir sus fuerzas si necesitan los números para terminar con su extenso reinado parlamentario.

El cerco se cierra inexorablemente. Ya no seducen sus canciones recomendadas en Spotify ni sus frases en inglés que elogiaba el wokismo conchabado en la Unión Europea.

Ahora, la Justicia le frena los arrebatos para amañar las elecciones con la Ley de Nietos y los españoles saben que Maricarmen no habría sufrido si Pedro hubiera construido todas las viviendas que prometió.

En dos meses, los españoles dirán hasta cuándo se estira la suerte de Pedro Sánchez. Pero, cuando los tambores suenan, la señal indica que se acerca el final del juego.

Temas:

pedro sánchez

seguí leyendo