La baja participación electoral es una constante que se mantiene a lo largo de 2023. Las elecciones provinciales que se desarrollaron en Argentina desde principio de año muestran una crisis de representación y el rechazo de una buena parte de la sociedad, entre ellos los jóvenes, a la actual dirigencia.
Según un estudio realizado en conjunto por las consultoras Equis y Proyecciones, que incluyó a residentes del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), Gran Rosario y Gran Córdoba, el 47,1% de los jóvenes entre 16 y 29 años se considera "poco interesado" o "nada interesado" en participar en las próximas elecciones nacionales.
La crisis económica extendida en el tiempo, la falta de nuevos liderazgos y la ausencia de respuesta a demandas básicas generan el caldo de cultivo para los discursos anti-política y anti-sistema. La ultraderecha argentina, encarnada en Javier Milei, más allá de las especulaciones sobre su performance nacional en las elecciones primarias de agosto, por ahora no logra contener el descontento. El voto en blanco crece, la representación de un sector de la sociedad está huérfana, el sistema cruje. El panorama es dominado por la incertidumbre y adivinar el desempeño que tendrán las principales fuerzas electorales se torna complejo.
La polarización es parte del asunto. Los bordes de la grieta se alimentan del voto joven. En el medio, la angosta avenida del medio parece seguir sin cosechar apoyos. Los jóvenes encuestados que dicen estar “interesados” o “algo interesados” en política se dividen entre apoyar a la centroizquierda (38,3%) o la centroderecha (10,8%). No hay matices, pero la rebeldía no se volvió de derecha, o por lo menos no en su totalidad.
Más allá del desencanto con la clase dirigente y la falta de respuestas del sistema, los jóvenes siguen creyendo que la democracia es el mejor camino posible para buscar respuestas a las deudas que el Estado tiene con la sociedad.
Sin embargo, los índices de rechazo a las principales figuras políticas nacionales, concentrados en las categorías “jamás lo votaría” o “no creo que lo vote” son lapidarios. En ese marco, el dirigente que menos rechazo cosecha es Javier Milei con 60,2% de jóvenes que no lo votarían. Es verdad que los números del precandidato a presidente de la Libertad Avanza no son buenos, pero también es cierto que los del resto son peores.
El ranking de rechazo está encabezado por la dirigente de izquierda Myriam Bregman con 90%, la siguen el presidente Alberto Fernández (84,01%), el expresidente Mauricio Macri (82,4%) y Patricia Bullrich (79,1%). Más abajo aparecen Horacio Rodríguez Larreta (76,95%), Sergio Massa (72,41%) y Cristina Fernández de Kirchner (70%).
La verdad se verá en las urnas, pero el panorama no es alentador. La esperanza de los jóvenes no vive en los candidatos. Meritocracia, individualismo y después… El clima de época llegó a la Argentina. Del fin de las ideologías y al fin de la representación.
El rechazo a los principales dirigentes y la baja participación electoral en los comicios provinciales que se llevaron adelante durante este año le abren la puerta a la incertidumbre de cara a las primarias nacionales de agosto.
En cinco distritos la participación electoral inferior al 70%: En Río Negro fue del 68,15%, en Salta del 69,46%, en Chaco el 53,3%, en Corrientes del 66% y Mendoza del 65. En el resto, la asistencia osciló entre el 70% y el 80%. En La Rioja fue del 70,08%, en Misiones del 71,03%, en Tierra del Fuego del 71,28%, en La Pampa del 73,93%, en Jujuy del 74,74% y en Neuquén, en San Luis 76,2% y en San Juan 70,5%
Los datos marcan una caída promedio en la participación electoral de casi el 5% si se comparan los datos con los comicios del 2019.
El peso electoral de los jóvenes en el padrón es un dato que ayuda a terminar de construir el escenario. Casi el 50% de las personas habilitadas para ir a votar nacieron en democracia, o sea tienen menos de 40 años. Las luchas intestinas de los 70 les quedan lejos. Para muchos son sólo parte de la historia.
En ese marco, si bien la mayoría de los jóvenes tiene una opinión favorable de la democracia también remarca las deudas del sistema tiene con la sociedad. Educación, salud, seguridad y la estabilidad económica están al tope de las demandas insatisfechas.
El estudio también deja ver que la situación social repercute sobre la valoración de la democracia, por eso los jóvenes de la ciudad de Rosario se muestran más críticos con la democracia que los de Córdoba y el AMBA. No se trata de peguntar por qué los jóvenes no creen en la democracia, sino por qué la democracia no los hace creer en la política. 40 años de frustraciones parecen facilitar el análisis.
La disociación entre la política y la sociedad parece alcanzar su punto más alto en la juventud. Mientras los dirigentes salen de gira por canales de televisión, los jóvenes apuestan para informarse a los medios digitales y las redes sociales.
El estudio de las consultoras Equis y Proyecciones muestra que los diarios digitales son la principal fuente de información, seguidos por las redes sociales (Twitter, Facebook e Instagram). Los diarios impresos y la televisión abierta son las fuentes de información menos utilizadas por los jóvenes.