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Nadie la vio venir.

Y eso es un atributo para los dirigentes políticos, sobre todo en el tramo final de las campañas electorales.

Hace una semana, el dirigente socialista Felipe González sorprendió a la opinión pública al publicar una columna en “Nueva Revista”, dentro de un intercambio de ideas bajo el concepto “Pactar es progresar”.

La opinión del dirigente socialista que fue presidente de España por trece años; el que integró al país a la Unión Europea y el que lideró la etapa del salto económico español a democracia desarrollada, impactó fuerte en el escenario político.

Era la palabra de uno de los padres del fundacional Pacto de la Moncloa.

Con el título “Pónganse de acuerdo”, González interpeló a la clase política española sobre el aspecto más sensible de las últimas elecciones: las dificultades de armar gobierno cada vez que el ganador no consiguió mayoría absoluta.

Les pasó a Mariano Rajoy, después a Pedro Sánchez y ahora puede sucederle de nuevo al Presidente, o a su rival, el popular Alberto Núñez Feijóo.

Y de repente aparece Felipe: “Busquemos soluciones en las que la lista más votada sea aceptable cuando no haya otra opción”, escribió en medio de la tormenta de encuestas que pronostican un descenlace de las negociaciones con final incierto.

González pidió, sin rodeos, que haya “pactos de centralidad” entre el PSOE y el Partido Popular, en el que cada uno pida lo que tenga que pedir en caso de tener que ofrendar sus votos al otro. “Porque si no pides nada, tendrás que llegar a acuerdos en cada proyecto de ley y en el Presupuesto”, enseñó desde su experiencia.

Para González, los pactos de centralidad “fortalecen no solo la democracia, sino también el destino de un país. Y si estos pactos “desaparecen, el país se debilita, se polariza, pierde fuerza y credibilidad, tanto interna como internacionalmente. Y ahí es donde estamos ahora”, profetizó, deslizando una crítica lateral pero contundente hacia la gestión del socialista Sánchez.

Las opiniones de Felipe González parecieron caer en saco roto. Y, sobre todo, merecieron el desdén y la indiferencia de la dirigencia de una izquierda adormecida, concentrada (como también Sánchez) en recuperar de cualquier modo la ventaja que el PP y Vox le habían sacado en las elecciones del 28 de mayo.

Paradójicamente, quien sí pareció prestarle atención a las ideas de Felipe González fue el candidato de la derecha, Alberto Núñez Feijóo. La carta más poderosa que presentó en el gran debate del 10 de julio fue, precisamente, un pacto de acompañamiento al más votado en las generales muy parecido a la propuesta del caudillo socialista.   

Con papel y todo, señal de que era una apuesta cuidadosamente preparada, Núñez Feijóo apareció en el plató de Atresmedia con la oferta de un compromiso ante el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de que facilitaría su investidura si el PSOE llega a ser la lista más votada en las elecciones del 23 de julio.

"Si (Sánchez) es el candidato más votado me voy a abstener", pinchó Núñez Feijóo a Sánchez en el gran momento del cara a cara, sabiendo que las encuestas lo ungen a él como el seguramente más votado y al que el presidente debería favorecer con sus votos.

La cara sorprendida de Sánchez anticipó quien sería el ganador del debate. 

Sánchez nunca llegó a responder expresamente el requerimiento de Núñez Feijóo y se limitó a decirle "hable con Vara", en referencia a Guillermo Fernández Vara, el dirigente socialista de Extremadura que no consiguió repetir al frente del gobierno de la región por el pacto que sellaron allí el Partido Popular y Vox.

"Estos de los pactos podemos aclararlo esta misma noche", ha insistido Núñez Feijóo, ante un Sánchez nervioso y que, por primera vez en mucho tiempo, lució desconcertado.

Está claro que un pacto de mutuo apoyo pos electoral entre los dos candidatos rivales dejaría fuera del juego a Vox, a Sumar, a Podemos, a los catalanes de ERC y a los vascos de EH Bildu, los socios en discordia.

Demasiada presión para solo dos hombres.

Nadie sabe todavía como terminará esta historia. Pero sí se sabe quien es el más atento de los candidatos a las ideas que sueltan al aire los que ya pasaron por esa picadora de carne que es el gobierno de España.

 

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España elecciones Alberto Núñez Feijóo

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