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"El que no salta, es un inglés".

"Por los pibes de Malvinas que jamás olvidaré".

El cancionero contra Inglaterra en el folklore argentino es parte del coro de la hinchada desde que en 1986 Diego Armando Maradona coronó el triunfo de Argentina con "el gol del Siglo" y "la mano de Dios". Es el grito colectivo de este manicomio a cielo abierto en el que se convierte la Patria argenta cada vez que la selección de fútbol disputa un partido crucial. La locura se potenció en los últimos seis mundiales, desde que el mejor jugador del mundo, Lionel Andrés Messi, viste la celeste y blanca con la que ya nos regaló dos Copa América y una Copa del Mundo.

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En la previa de las semifinales que Argentina disputará contra Inglaterra este miércoles, el DT albiceleste, Lionel Scaloni, buscó calmar las aguas: "Es un partido de fútbol, eh. El mensaje es que es un partido de fútbol. No busquemos otra cosa. Y vamos a jugar un partido de fútbol contra una gran Selección que tiene un gran entrenador al que aprecio y admiro mucho. Y es un partido de fútbol, punto, no hay más que eso".

Sin embargo, en las calles, los grupos de WhatsApp y las redes sociales el clima es otro. Y la dificultad crece cuando toca vivirlo lejos de casa y en territorio rival.

El Observador contactó a un grupo de argentinos que residen en Londres y que van a hinchar por "La Scaloneta" este miércoles rodeados de "Leones" para conocer en primera persona cómo viven la previa de la semifinal.

Con el rival a la vuelta de la esquina o bajo el mismo techo

Entre los casi 15 mil argentinos que siguen de cerca el pulso de la selección desde Londres se encuentran Juan Berg (38) y Sofía Costa Navarro (37). Oriundos de San Isidro, hinchas de River Plate y residentes en la capital británica desde hace más de cuatro años, la pareja experimenta la víspera del choque decisivo con una mezcla de expectativa y rigurosa prudencia. Para Sofía, este es su segundo Mundial en tierras británicas, pero el rival de turno tiñe la atmósfera de una manera diferente: "Esta vez, jugar con Inglaterra, con un rival con tanto peso para los argentinos, tiene un condimento especial".

Esa carga se traduce en una tensión que ambos eligen dosificar. "En mi caso, a pesar de vivir en Londres, vivo la previa con el mismo nivel de intensidad y de nerviosismo que cuando vivía en Argentina", reconoce Juan. Sofía coincide en que el clima es de "nerviosismo y ansiedad total", lo que los obliga a ser muy selectivos con el entorno.

Juan Berg y Sofía Costa Navarro en París durante los Juegos Olímpicos 2024, siempre con la camiseta albiceleste.

A la hora de medir la pasión local, ella encuentra un límite claro en el folclore: "Creo que ellos aman el fútbol, son súper fanáticos y te diría que en un nivel bastante parecido a nosotros, pero siento que los argentinos somos mucho más apasionados y cabuleros. Nosotros jamás cantaríamos it's coming home", sentencia.

Para Carolina Gaona (41), quien reside en la capital británica desde hace 13 años, la previa se vive "con mucha energía y muchos nervios", pero con un condimento sumamente particular: la rivalidad deportiva duerme en su propia casa. "Mi marido es inglés y mis hijos de cinco y dos años son nacidos y criados acá, así que hay lealtad de los dos lados", relata entre risas. Detalla que su hijo más grande es muy diplomático y dice que él ya tiene un equipo asegurado en la final, no importa cuál de los dos gane.

El miércoles, el salón de los Gaona será un reflejo a escala del partido. "Lo vamos a ver en casa, en familia. Vienen mis suegros a verlo con nosotros. Si los chicos conservan la lealtad con mamá vamos a estar parejos, y si no, seré minoría", bromea Carolina. En su entorno laboral, la complicidad futbolera también se hace notar. Sus compañeros de oficina saben que sigue de cerca la campaña de la selección y le preguntan con picardía qué va a pasar el miércoles, aunque aclara que el intercambio es "siempre con muy buena onda".

De las calles al refugio de las cuatro paredes

Ese respeto diario contrasta, a veces, con la mirada del hincha más ferviente en la vía pública. Mechi Coto, creadora de la cuenta de Instagram (@LondresMyWay) y residente en el país desde hace ocho años, comparte una anécdota que ilustra la delgada línea de vestir los colores patrios por estas horas en suelo británico.

El sábado pasado, antes de confirmarse el cruce de semifinales, Mechi y su marido salieron en bicicleta por su barrio residencial vistiendo la camiseta de la selección. "Mi marido decía que sentía que la gente nos miraba mal. Yo mucho no me di cuenta, sí sentía que nos miraban. Quizás no era de la manera más amable. Hoy la camiseta no me la pongo para andar por la calle", confiesa Mechi. Aunque aclara que no cree que pase nada grave, prefiere no tentar a la suerte ante la posibilidad de cruzarse con algún fanático local poco amigable.

La transformación visual de la ciudad es innegable. Mechi observa que, a medida que Inglaterra avanza en el torneo, las banderas de la cruz de San Jorge brotan en comercios, calles y ventanas particulares. Describe que el fútbol es sumamente importante para los locales y que la movida es tan grande que incluso el Gobierno tuvo que otorgar permisos excepcionales para que los pubs extendieran sus horarios de cierre habituales.

Ante este panorama, la seguridad se convierte en una pregunta recurrente para los argentinos. Ninguno de los consultados planea pisar un pub inglés tradicional para la semifinal. Carolina Gaona es tajante en su postura: "Para esta semifinal yo no iría a un pub que va a estar 100% lleno de ingleses. Creo que estar pendiente de estar rodeada de ellos le quitaría disfrute a la experiencia". Sofía Costa Navarro coincide con este análisis y prefiere evitar tensiones innecesarias: "Depende de qué pub. Si bien siento que es seguro, no iría. Es mucho mejor ir a algún lugar especial para argentinos, también para vivirlo como en casa".

Esta precaución de los hinchas en el llano no es una exageración aislada, sino el reflejo de un ambiente que las propias autoridades globales se tomaron con máxima seriedad. A miles de kilómetros de Londres, en Atlanta, donde se disputará el encuentro este miércoles, la seguridad de los Estados Unidos encendió las alarmas rojas. El cruce fue catalogado oficialmente como el de "mayor riesgo" de toda la competencia debido al potencial de incidentes entre las dos hinchadas.

Las medidas de prevención serán drásticas para evitar que las parcialidades se crucen. Los hinchas argentinos ingresarán exclusivamente por la Puerta 4, mientras que los ingleses lo harán por la Puerta 3. El operativo policial en los alrededores será masivo, se incrementará la seguridad privada en las tribunas y se prohibirá el ingreso de botellas; las bebidas se servirán únicamente en vasos para evitar proyectiles. Además, se vetará cualquier bandera, pancarta o vestimenta con mensajes políticos, de odio o provocativos.

La resistencia comunitaria y la mística de la tribuna

Para quienes deciden no quedarse bajo techo pero quieren evitar los espacios ingleses, la comunidad argentina en Londres ha tejido una red de contención que no para de crecer. De hecho, el fenómeno de las watching parties se ha profesionalizado de manera notable desde la última cita mundialista en 2022.

El ejemplo más claro de esta fiebre comunitaria es La Malafamera, un ciclo de fiestas argentinas que se transformó en el verdadero pulmón del aguante albiceleste en Europa. Cristian, uno de sus organizadores, describe el furor que causó la confirmación del partido: "Se acabaron 900 tickets en dos horas apenas terminó el partido de cuartos de final. Ahora estamos en búsqueda de poder ampliar la capacidad, porque realmente son muchísimos los mensajes de la gente pidiendo entradas".

Cristian explica que la preparación de un evento de estas dimensiones para una hinchada visitante no estuvo exenta de obstáculos en la capital británica. "Con este partido en particular nos costó bastante conseguir un lugar, pero principalmente porque todos los pubs y clubes quieren solo hinchas locales. Es entendible. Sinceramente, creo que no quedó un solo lugar sin contactar. Pero por suerte ya conseguimos un espacio para las 900 personas", detalla el productor.

Para quienes asistan, la promesa es recrear la atmósfera exacta de una cancha del fútbol local a miles de kilómetros de distancia. El despliegue de cotillón y percusión que preparan es monumental. Contarán con una percusión de dos bombos con platillos, tres redoblantes, varias banderas de palo, paraguas y un telón gigante de nueve metros por quince. "Buscamos recrear un ambiente lo más parecido a una cancha. Para el que no es argentino esto es una locura, porque no pueden entender que estemos cantando y alentando todo el partido sin parar un segundo", señala Cristian. Para él, esta necesidad responde a una verdad fundamental del emigrante: el espíritu de buscar refugio en los compatriotas se potencia en el exterior, y la misión del espacio es lograr que la gente se sienta, aunque sea por 90 minutos, de vuelta en casa.

Sin embargo, para las familias, el circuito nocturno de eventos masivos presenta barreras insalvables debido a las estrictas regulaciones británicas de acceso a locales con expendio de alcohol. Mechi Coto advierte sobre esta complicación logística para los argentinos que viajan con hijos: "En estos horarios complicados muchas veces las fiestas no son familiares porque no pueden haber chicos después de cierta hora en los bares o no tienen las licencias para aceptar menores de dieciocho años".

La intocable cábala argentina

Hogareña o festiva, la experiencia del hincha argentino en el exterior está irremediablemente atravesada por la superstición y el respeto sagrado a las cábalas. Carolina Gaona confiesa que su primera experiencia mundialista en Londres, allá por 2014, le sirvió para tomar dimensión de la cantidad de rituales que los argentinos arrastran consigo. Para este miércoles, su plan es inamovible: "Como cábala, siempre el mismo lugar en el sillón y con la camiseta puesta".

Juan y Sofía también mantienen el hermetismo tradicional sobre sus métodos para atraer la suerte. Juan asegura que repite exactamente los mismos ritos que practicaba cuando vivía en San Isidro, mientras que Sofía liquida cualquier intento de indagación con la seriedad de una ley no escrita: "Tengo varias cábalas, pero justamente por cábala, no las cuento".

Mechi Coto coincide en que el nivel de obsesión con las mufas y los movimientos en el espacio es un rasgo cultural único de nuestro país. "Creemos que la cábala es argentina, no hay otros países que manejen el nivel que manejamos nosotros", afirma. Y recuerda las peripecias del último partido: "Estábamos en la casa de unos amigos, nos íbamos cambiando de lugar, yo tenía la remera colgada en los hombros y de repente fue como 'Mechi, no te pongas la remera'. En un momento cambiamos de lugar, uno de los chicos quedó sentado en un banquito para niños, metimos un gol y le dijimos: 'vos no te podés mover de ahí'".

Con ese espíritu de resistencia y complicidad grupal, los argentinos en Londres aguardan el pitazo inicial del miércoles. Saben que les toca jugar de visitantes en la calle, pero confían en la fuerza de sus rituales y en el calor de los suyos para acortar las distancias. Como sintetiza Mechi para definir la estrategia comunitaria antes del gran duelo: "Lo vamos a ver en la casa de alguien, encerrados, tratando de que no nos spoileen los goles y pasando un poco desapercibidos. Jugando de visitante creo que hay que ir tranquilo".

Mientras tanto, en el aire de Londres flota el recuerdo imborrable de los festejos de la Copa del Mundo 2022 en Trafalgar Square, un antecedente que alimenta la ilusión silenciosa y cabulera de volver a teñir de celeste y blanco el corazón del territorio rival.

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