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Loida Zabala es un testimonio vivo de coraje, perseverancia y espíritu indomable.
Su participación en los Juegos Paralímpicos, en la final de levantamiento de peso en el estadio de la Porte de La Chapelle, es un testimonio de cómo el deporte puede convertirse en una herramienta para superar desafíos personales.

Zabala, una veterana paralímpica española con una historia de éxitos en el levantamiento de pesas, se convirtió en uno de los momentos más conmovedores de esta competencia.

El podio quedaba lejos pero su premio superó el valor de cualquier medalla: pudo competir después de haber pasado por una experiencia de salud devastadora.

UN DIAGNÓSTICO DEMOLEDOR

La vida de Loida Zabala dio un giro brutal cuando los médicos le dieron un diagnóstico devastador: un cáncer de pulmón con metástasis en el cerebro, hígado y riñón. Esta noticia llegó como un golpe inesperado para la atleta, quien acababa de saborear el éxito en 2022 tras convertirse en campeona europea de levantamiento de peso. De repente, sus planes, sus sueños y su futuro parecían desvanecerse frente a esta realidad.

A pesar del pronóstico, Zabala optó por seguir luchando. Se sometió a un tratamiento agresivo, de radioterapia y radiocirugía, que ayudó a combatir la metástasis. Sin embargo, desde el primer momento, asumió con valentía que su enfermedad era incurable. En varias entrevistas, la cacereña fue contundente al expresar que no desperdicia ni un segundo pensando en cuánto tiempo le queda, pues, para ella, lo importante es vivir plenamente el presente.

Lo que verdaderamente quebró el corazón de Zabala no fue tanto la enfermedad en sí, sino el hecho de que su diagnóstico la forzó a detener su clasificación para los Juegos Paralímpicos de París 2024. Con los tratamientos, parecía imposible seguir entrenando y compitiendo a ese nivel. Pero en julio la organización paralímpica, conmovida por su incansable espíritu de lucha, decidió invitarla a participar en los Juegos de París, sin necesidad de completar la clasificación.

Su participación en París fue un tributo no solo a su propia fuerza de voluntad, sino también a la capacidad del ser humano para sobreponerse a la adversidad más dura. Levantar 60 kilos fue mucho más grande que una medalla: fue un reconocimiento unánime por su espíritu de lucha.

EMOCIÓN EN LAS TRIBUNAS

Los aplausos de la delegación española estallaron en el estadio conmovidos por su ejemplo de resiliencia.

Zabala confesó que aquel día lloró todo lo que no había llorado en los meses previos, convencida de que su sueño paralímpico seguiría vivo, a pesar de las circunstancias más adversas.

Su historia es un poderoso ejemplo de la fuerza del espíritu humano frente a los desafíos más duros, y su presencia en los Juegos de París 2024 es un triunfo en sí mismo, una celebración de su capacidad para resistir y superar lo que parecía insuperable.

Zabala demostró que, más allá de los resultados deportivos, su verdadera victoria fue haber alcanzado su meta de competir en París, dejando una huella imborrable en los Juegos Paralímpicos y en los corazones de quienes la siguen.