ver más

Si 2024 fue el año del auge de la IA, el 2025 que se ha ido será recordado por su integración real en casi todos los aspectos de la vida diaria.

Ya no hablamos solamente de probar la novedad, sino de sistemas que transforman profesiones, educan, diagnostican, regulan el comportamiento humano e incluso llevan a replantear leyes.

En medio de estos cambios acelerados, hay varias tendencias sobre lo que fue la IA en 2025 y hacia dónde se dirige en este 2026.

La alfabetización en IA

En 2025 quedó claro que la inteligencia artificial dejó de ser una curiosidad para convertirse en algo cotidiano. Personas de todo el mundo utilizan asistentes conversacionales, traductores, generadores automáticos de texto o análisis de datos habitualmente. Por ejemplo, plataformas como ChatGPT tienen cientos de millones de usuarios semanales y, en España, más del 35% de quienes usan internet recurren a asistentes de IA de forma frecuente. Esta expansión exige pasar de simplemente saber qué es la IA a entender cómo aprovecharla críticamente. Para 2026, habrá una diferencia significativa entre quienes usan la IA de forma activa y quienes solo la consumen pasivamente.

El valor de lo humano

Curiosamente (o tal vez no), cuanto más útil se vuelve la IA, más evidente es la importancia insustituible del criterio humano. Los sistemas automáticos pueden crear textos e imágenes impresionantes, pero también cometen errores o reproducen sesgos que sólo una mente crítica puede detectar y corregir. En 2025 la IA agilizó desde recomendaciones de consumo hasta análisis clínicos, pero también planteó dilemas éticos y sociales que necesitaron intervención humana. Así, la IA amplifica tanto nuestras fortalezas como nuestras debilidades: somos más productivos si la usamos bien, más vulnerables si no reflexionamos sobre su uso.

Desafíos éticos y derechos creativos

El año que se va, uno de los debates más intensos giró en torno a la protección de derechos culturales y laborales frente a la capacidad de la IA para generar obras similares a las de artistas, guionistas o creadores en general. Ni hablar de toda la gente que ya tiene “su propio video” posando al lado de Messi o del Papa, pero eso ya entra en el espinoso escenario de las crecientes fake news.

Hoy se reavivan discusiones que parecían superadas, como la propiedad intelectual, remuneración y consentimiento de las creaciones de todo tipo. Industrias como la del cine y el entretenimiento buscan todavía marcos para proteger la creatividad humana ante algoritmos capaces de replicar estilos que no citan fuentes, no tienen derechos de autor ni ofrecen ningún mecanismo de compensación. Este tema seguirá siendo central en 2026, porque trata sobre cómo valoramos la creatividad en la era digital. Y cómo cuidaremos los empleos en la industria del conocimiento.

La IA integrada en la vida diaria

Más allá de los grandes debates, la IA se convirtió en 2025 en un compañero invisible en nuestras rutinas: recomienda películas (Netflix, YouTube, Amazon), organiza agendas (integradas a todas las aplicaciones de trabajo colaborativo, por ejemplo), ayuda a redactar textos (ChatGPT, Claude, Gemini y un largo etcétera) y nos sugiere rutas sin tráfico (Google y apps específicas). Muchas de estas aplicaciones eran prototipos hace un par de años. Esta presencia silenciosa significa que la IA ha pasado a ser infraestructura esencial. El reto ahora es asegurar transparencia, privacidad y control para toda persona usuaria.

La regulación de la IA: de discusión a legislación

El 2025 fue clave por la aprobación del primer marco legal integral para regular la IA en la Unión Europea: el AI Act, que clasifica sistemas según riesgos en 4 niveles y establece obligaciones claras. Europa así marca un estándar observado mundialmente. En América Latina, países como Argentina debaten principios de transparencia y responsabilidad, Uruguay avanza con políticas públicas y Brasil desarrolla propuestas legislativas similares a las europeas. México, Chile y Colombia también discuten sus propios marcos regulatorios. La regulación, lejos de ser opcional, ya es una parte fundamental para equilibrar innovación, derechos y equidad social.

Transformaciones reales en el trabajo diario

En 2025, la IA dejó de ser futurista para volverse herramienta cotidiana en el trabajo, aunque muchas veces pase desapercibida. No hubo despidos masivos globales (aunque sí en algunas industrias en particular) pero llegó una transformación profunda de tareas: la IA comenzó a redactar borradores, resumir informes, analizar datos, preparar presentaciones y asistir en la toma de decisiones. Así, el foco laboral cambió: ahora se valora más el criterio, la supervisión y la toma de decisiones informadas, en vez del trabajo mecánico. La IA redefinió lo que sigue siendo humano en el trabajo.

Educación, el gran desafío de la IA

La educación fue el ámbito donde la IA generó mayor debate en 2025. Intentar prohibir su uso en aulas resultó ineficaz y aumentó la brecha entre quienes saben emplearla y quiénes no, incluidos muchas veces los propios docentes, amenazados por un mundo desconocido y voraz. Al parecer se está optando por enseñar a convivir con la IA, repensando evaluaciones y el rol del profesor, que pasó de corrector automático a guía crítico, aunque es un escenario muy dinámico y todavía no decantó una solución final. Para 2026, la formación sobre IA será clave para entender cómo afecta a la sociedad, la escuela y la universidad. Un dato de color: Ya comenzaron a formarse los médicos que harán toda su carrera usando ChatGPT…

Dilemas abiertos: comienza una nueva década

Podríamos decir que la IA expuso virtudes y defectos, aceleró procesos y obligó a replantear temas postergados, desde el valor del trabajo humano hasta los límites tecnológicos y la necesidad de regulación.

Iniciamos este 2026 con herramientas más potentes, pero preguntas más profundas. El destino de la IA depende, esencialmente, de las decisiones humanas que tomemos hoy.

Temas:

2025 inteligencia artificial

seguí leyendo