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Este viernes, una comisión judicial, acompañada por miembros de la Guardia Civil y representantes del Arzobispado de Burgos, visitó los monasterios de Belorado, en Burgos, y Orduña, en Bizkaia, con el objetivo de conocer el estado de salud de cinco monjas de avanzada edad que no secundaron el cisma de las exclarisas.

Además, la comisión ofreció a las religiosas ser trasladadas a otros monasterios de la Federación de las Clarisas. Sin embargo, según informaron dos exmonjas acompañadas por su abogado en la puerta del convento de Orduña, cuatro de estas religiosas manifestaron su deseo de continuar viviendo con las cismáticas, mientras que una no pudo expresarse adecuadamente.

Este operativo se realizó tras la sentencia emitida por el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Briviesca (Burgos), que dio la razón a la Iglesia Católica en su demanda de desahucio contra las ocho exmonjas de Belorado, ordenando que abandonaran el monasterio.

No obstante, la sentencia no establece una fecha para el desalojo y la defensa de las religiosas ha anunciado que recurrirá la decisión en los próximos 20 días. En este contexto, la comisión judicial y las autoridades acudieron a los monasterios para verificar la salud de las monjas mayores y conocer su voluntad respecto a continuar viviendo con las exclarisas.

El conflicto por las cinco monjas ancianas

Las cinco monjas que permanecen en el monasterio de Belorado no están excomulgadas, a diferencia de sus compañeras, y el Arzobispado de Burgos las reconoce como las únicas que conforman la Comunidad de las Clarisas en dicho monasterio. La visita de la comisión judicial se produjo al día siguiente del juicio por desahucio, con la intención de conocer la voluntad de estas religiosas. Sin embargo, cuando la comisión llegó a Belorado, las monjas no se encontraban allí, ya que habían sido trasladadas el día anterior a Orduña por las exmonjas.

El abogado de las exmonjas, Enrique García de Viezma, se mostró crítico con el intento de trasladar a las religiosas mayores sin su consentimiento, calificando la medida como un “atropello”. En sus declaraciones, expresó su preocupación por la rapidez con la que se gestionaba el traslado: “¿Cuál es la razón de las prisas por llevárselas?”, cuestionó.

El abogado enfatizó que las religiosas debían ser tratadas con “respeto” y “dignidad” y que el traslado en contra de su voluntad sería una medida injusta.

El conflicto comenzó en mayo de 2024, cuando un grupo de monjas decidió separarse de la Iglesia Católica, y desde entonces, cinco de ellas, que se encuentran en un estado de salud delicado, permanecen en el monasterio de Belorado bajo el cuidado de sus compañeras.

A pesar de no estar excomulgadas, estas monjas no participaron en el cisma y siguen siendo reconocidas por el Arzobispado como parte de la comunidad en Belorado.

El miércoles previo a esta intervención judicial, la Guardia Civil, junto con una comisión judicial, ya había visitado el monasterio de Belorado para comprobar el estado de salud de las monjas mayores.

Durante esta visita, también se trató de conocer si estas religiosas deseaban permanecer con las exclarisas o ser trasladadas a otros conventos. Al no encontrarlas en Belorado, la comisión se trasladó a Orduña, donde fueron finalmente localizadas.

Francisco Canals, portavoz de las exclarisas, denunció que las monjas mayores no querían separarse de su comunidad. En un mensaje de WhatsApp, indicó que “las monjas clarisas de Belorado manifiestan que las mayores no quieren irse ni separarse de la comunidad”. También expresó su preocupación por el operativo: “En este momento 5 monjas de la Federación de Clarisas y la Guardia Civil para supuestamente llevarse a las 5 monjas mayores de Belorado y dividir a la comunidad”. Canals también alertó sobre lo que consideraba una actuación judicial “en tiempo récord” y mencionó que las monjas mayores se estaban negando a salir: “Las monjas no entregan las llaves”, escribió.

La declaración de una de las ex monjas

Una de las exclarisas, visiblemente afectada, relató en un audio cómo la situación estaba generando un gran malestar. “Lo que han hecho pasar a nuestras hermanas, no tiene nombre. Ya se han ido todos de aquí, no han podido llevarse a nadie. Estamos esperando las consecuencias judiciales de no haberles dejado llevárselas”, expresó una de las exmonjas, identificada como sor Paloma, en un audio enviado a los medios.

“Estoy temblando de ira y de indignación. Esta gente no tiene entrañas. Montar todo esto delante de nuestras hermanas... No tienen entrañas”, concluyó en su mensaje.

El operativo judicial, que también fue criticado por las exclarisas, incluyó la presencia de un autobús adaptado bloqueando la puerta del monasterio de Orduña, lo que aumentó la tensión. Las monjas mayores, según denuncian las exclarisas, se negaron a abandonar el convento, mientras las autoridades intentaban llevarlas en contra de su voluntad.

El conflicto continúa sin resolverse, y la tensión entre las exclarisas y la Iglesia Católica sigue siendo alta. Mientras tanto, las exmonjas y su defensa siguen luchando para evitar el desalojo y garantizar el bienestar de las religiosas mayores en su comunidad.

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