18 de marzo 2026 - 15:14hs

Las fiestas populares son una tradición en toda España, pero pocas engloban tantos aspectos de la cultura, el espectáculo, la historia, la religión y la música como lo hacen las Fiestas de la Ermitana, en la localidad valenciana de Peñíscola.

En ella, conviven los fuegos artificiales, las verbenas, los conciertos, los concursos, los pasacalles con charangas y los actos religiosos todos entrelazados a la sombra del imponente castillo de la ciudad. Este escenario conecta la tradición local con la figura del polémico Papa Luna.

Las fiestas en honor a la Virgen de la Ermitana llenan de vida la villa costera de Peñíscola. Desde el 1 de septiembre, el volteo de campanas anuncia la llegada de las celebraciones, que se prolongan durante varios días con la novena a la Virgen y numerosos actos religiosos.

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La parte más emblemática y vistosa la constituyen los bailes ancestrales, conocidos como danses, que evocan la tradición guerrera y campesina de la localidad. Protagonizados por dansants, llauradores, gitanes, cavallets, pelegrines y moros y cristians, culminan con el castell, una torre humana en la que un niño corona la estructura, recordando antiguas ceremonias de triunfo y unidad comunitaria.

Estas danzas ancestrales mantienen viva la memoria de siglos de historia. Los grupos participantes desfilan acompañando la imagen de la Virgen, formando dos filas frente a ella y bailando durante todo el trayecto.

Los Moros y Cristianos escoltan la imagen que va a hombros de marineros, mientras se suceden los bailes de espadas, palos, arcos y cintas, con detalles como los pequeños escudos broqueles.

Hombres con enaguas

Curiosamente, los hombres visten enaguas almidonadas similares a las femeninas, un rito que algunos atribuyen al gesto que tuvieron las mujeres en un intento por proteger a sus maridos tras la batalla.

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Otra de las tradiciones destacadas es la de los “cavallets”, un grupo de jóvenes que, en parejas, cargan un armazón simulando un caballo y ejecutan danzas que imitan combates ecuestres.

Uno de los actos más espectaculares es el desfiles de escuadras moras y cristianas, que conmemoran las batallas de la Reconquista desde el siglo VIII hasta el XV. La de las primeras representa la llegada de los musulmanes a la ciudad, mientras que la de las segundas evoca a los caballeros y soldados cristianos.

Los trajes, confeccionados por artesanos locales durante meses, destacan por su riqueza de color y detalle: los cristianos optan por rojo y dorado, mientras que los moros utilizan tonos verdes y azules, evocando la tierra y el cielo.

Los desfiles suelen concluir con un castillo de fuegos artificiales que se refleja sobre la playa y el casco antiguo de la ciudad, coronado por el castillo del Papa Luna, que actúa como telón de fondo natural.

El origen de estas fiestas es un tanto difuso, pero se estima que surgieron tras la Reconquista, cuando la imagen de la Virgen de la Ermitana fue repuesta al culto, tras haber mantenido oculta durante la dominación islámica.

La primera noticia oficial de la celebración data del 3 de agosto de 1664, cuando el Ayuntamiento ratificó su desarrollo, mientras que la documentación más antigua sobre las danzas procesionales se remonta al 15 de septiembre de 1677, aunque probablemente se realizaban desde mucho antes.

Una historia paralela

Aunque los bailes y las procesiones no tienen un vínculo directo con la historia papal, el imponente Castillo de Peñíscola, donde se celebran muchos de los actos principales, invita a recordar a Pedro Martínez de Luna, conocido como Papa Luna o Benedicto XIII.

Construido por los templarios sobre los restos de una antigua alcazaba árabe, el edificio goza de una posición privilegiada en lo alto de la ciudad y se convirtió en la residencia del Papa Luna a partir de 1415.

Benedicto XIII, protagonista del Cisma de Occidente, sobrevivió a varios intentos de envenenamiento y mantuvo durante décadas su autoridad papal, aun tras la renuncia de otros pontífices y el nombramiento de Martín V.

Durante su estancia en Peñíscola, embelleció el castillo, reunió reliquias y obras de arte, y creó una de las bibliotecas más importantes de su época, con tratados de teología, filosofía, medicina, alquimia, astronomía, astrología y hasta “libros ocultos” que le valieron acusaciones de hechicería. Murió el 17 de mayo de 1423, convencido de ser el único papa legítimo, pronunciando, según la tradición, las palabras: “Papa sum”.

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