Una nueva oleada de amenazas de bomba ha puesto en alerta a varios aeropuertos de toda Europa este jueves. El balance provisional contabiliza al menos 25 aviones comerciales afectados de numerosas compañías aéreas y la necesidad de desviar tres vuelos de sus rutas originales. Los incidentes obligaron a activar dispositivos de seguridad y desplegar protocolos de emergencia en distintos países, si bien en ninguna de las inspecciones realizadas se han encontrado explosivos.

Las autoridades investigan el origen de los avisos, que se producen apenas dos días después de que otros siete vuelos europeos recibieran amenazas similares que también resultaron ser falsas.

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Vuelos y aerolíneas afectadas por la cascada de alertas

Según los datos confirmados por Aena y el recuento recogido por The Guardian, los avisos alcanzaron a vuelos con origen o destino en España, Francia, Italia, Bulgaria, Austria, República Checa, Bélgica, Polonia, Grecia, Finlandia y Rumanía, entre otros países. Asimismo, se inspeccionaron dos aviones estacionados en el aeropuerto de Copenhague tras recibir avisos, mientras que en el aeropuerto Chopin de Varsovia una alerta obligó a cerrar temporalmente una pista. Los aeropuertos británicos de Heathrow y Birmingham también recibieron amenazas, aunque se descartaron sin afectar a sus operaciones.

La mayoría de las aeronaves pudieron completar sus trayectos previstos o ser registradas tras el aterrizaje. Las aerolíneas con incidencias confirmadas incluyen:

La repercusión en España: cuatro aviones vinculados a Barajas

El impacto en el espacio aéreo español se concentró en cuatro operaciones con origen o destino en la capital. El gestor aeroportuario Aena confirmó que constituyó un comité de seguridad conjunto con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para evaluar la situación. Tras realizar las comprobaciones pertinentes en coordinación con los cuerpos policiales, las alertas quedaron completamente descartadas.

En concreto, la afectación en Madrid abarcó los vuelos de Iberia procedentes de Milán (IBE668) y Roma (IBE658), así como la ruta de Air Europa hacia París (UX1027). El cuarto aparato fue un avión de Ryanair que cubría el trayecto Madrid-Sofía, el cual pudo continuar su ruta con normalidad hasta desembarcar en la capital búlgara, donde fue inspeccionado junto a las otras dos aeronaves de la compañía procedentes de Copenhague y Londres.

Desvíos de rutas y despliegue de caza militares

Las situaciones más críticas de la jornada provocaron el cambio de rumbo de tres aeronaves y la movilización de cazas militares para escoltar vuelos comerciales:

A estos incidentes se sumaron las intervenciones del ejército del aire de otros países: cazas italianos escoltaron a un avión de Finnair procedente de Helsinki antes de tomar tierra en Roma, mientras que la aviación austriaca desplegó cazas Eurofighter para acompañar a otras aeronaves amenazadas.

Sin rastros de explosivos y evaluación de la AESA

Ninguno de los registros y barridos de los especialistas en explosivos ha localizado artefactos ni sustancias peligrosas. En Bulgaria, el Ministerio de Transportes confirmó la seguridad de las tres aeronaves de Ryanair revisadas. De igual modo, la Policía checa descartó cualquier peligro en las cuatro aeronaves que aterrizaron en Praga, tras catalogar la credibilidad de los avisos como baja. Comprobaciones idénticas arrojaron resultados negativos en los aeropuertos de Roma-Fiumicino, Bruselas, Bucarest y Madrid-Barajas.

Por su parte, la Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea (AESA) emitió un comunicado señalando que el personal del sector aéreo está plenamente capacitado para gestionar estas alertas. La entidad subrayó que el riesgo inmediato para la seguridad operacional derivado de este tipo de amenazas falsas e aisladas se mantiene en niveles bajos.

Las claves de la investigación: correos anónimos e hipótesis sobre la autoría

La concentración de avisos en tan poco tiempo ha levantado sospechas sobre una acción coordinada, aunque las autoridades matizan que todavía no hay pruebas que vinculen todos los avisos entre sí ni se ha determinado quién se encuentra detrás de los hechos.

Pese al tono de cautela institucional, fuentes diplomáticas de varios Estados miembros señalan que la escala del incidente hace difícil pensar en una mera casualidad. Los servicios de inteligencia y las fuerzas policiales continentales mantienen abiertas las investigaciones para esclarecer el origen de las alertas.

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