Por Pau Pupko (Tel Aviv)
Por Pau Pupko (Tel Aviv)
Vuelves de trabajar un viernes a la noche, y te despiertas un sábado a la mañana con el sonido de una sirena.
Pero no es la sirena de una ambulancia y tampoco es la sirena de un auto policía. Era la sirena qué indicaba qué tenías qué meterte en el refugio más cercano porque tu vecino te está bombardeando.
Un ciudadano común israelí -lamentablemente- está acostumbrado a que estas cosas pasen. Pero yo, que vivo acá hace tres meses, lo último que puedo imaginar es que en menos de un día se desate una guerra.
En las primera horas del sábado a la mañana la situación era incierta. Con el pasar del día me fui enterando que había terroristas infiltrándose en el país por cielo, tierra y agua.
Al mediodía, el primer ministro, Benjamin Netanyahu, ya había declarado de forma oficial que Israel entraba en guerra.
¿Cómo que en guerra?
¿Las guerras siempre fueron iguales?
¿No era que las guerras habían pasado de moda?
¿Me quedo en el país qué ELEGÍ para vivir o me alejo de la guerra?
¿Cómo es vivir en tiempos de guerra?
Los planes cambian, las prioridades aún más. Una semana atrás, mi mayor preocupación era decidir a que hora iba a ir a la playa. Hoy tengo que decidir que hacer con mi vida. ¿Compro un pasaje y me voy a otro país deseando que el vuelo salga en tiempo y forma? ¿O me quedo acá y rezo porque la situación no empeore y todo termine en las próximas semanas?
Muchos pensamientos se cruzan al mismo tiempo y ninguno tiene un final. La moral también aparece. Si elegí vivir en este país, ¿me puedo ir en su peor momento? ¿O me quedo y ayudo en lo que pueda desde mi lugar?
Muchas preguntas que hoy no puedo responder.
Pero si mi familia y mis amigas me piden que vuelva, ¿cómo les digo que no?
Se que están preocupados y también merecen vivir con un poco de paz. Los vínculos pesan, las opiniones también. Quiero escuchar a todos, pero no quiero que nuble mis propias ideas.
Hoy no hay certezas, pero el tiempo corre y hay que tomar decisiones.
Me tomo un minuto para dejar de pensar en mi futuro personal y elijo pensar en que está pasando con la humanidad. Nos estamos matando entre todos, porque esto traspasa religiones y creencias, esto es odio puro, es maldad absoluta.
Pero también aprendí, que mi vecino, el de la puerta de al lado está para ayudarme en lo que necesite.
Porque Israel es unión, es comunidad y es familia. La guerra se pasa de a dos o más, no la pasas solo porque siempre va a haber alguien que te invite a su casa o que te mande un mensaje y siempre va a haber alguien que se preocupe por vos.
No nos olvidemos que la guerra está terminando con muchas vidas y las que logren sobrevivir se van a quedar con una marca duradera.
La historia se hace presente y estamos a tiempo de hacer algo para no repetirla.
* Pau Pupko es una periodista argentina, que vive hace tres meses en Tel Aviv.