"Donald Trump es el mejor aliado que el pueblo cubano ha tenido en los últimos 67 años", dice el exiliado José Manuel Ferrer
El líder opositor cubano, en el exilio forzado en Miami desde octubre, habló con El Observador USA sobre las múltiples crisis que atraviesa la isla. Tras pasar casi 4 años preso, Ferrer pide que la comunidad internacional apoye la causa del pueblo de La Habana por su libertad. "Es necesario concentrar esfuerzos antes de que sea demasiado tarde", advierte.
José Daniel Ferrer, activista cubano y fundador de la Unión Patriótica (UNPACU).
AP
José Daniel Ferreres uno de los principales referentes de la disidencia cubana. Actualmente está radicado en Miami, tras verse obligado al exilio ante la persecución constante de la dictadura de Miguel Díaz-Canel. Fundador de la Unión Patriótica (UNPACU) y opositor del castro-comunismo de La Habana, el defensor de los derechos humanos ha dedicado su vida a denunciar ante la comunidad internacional los abusos sistemáticos y las agudas carencias de la gente en la isla.
En la última década pasó más años en prisión que en libertad, en cárceles que él mismo describió como "campos de concentración nazi"; pero, así todo, se mantuvo firme en sus convicciones y confiado en que en algún futuro -más cercano que lejano- logrará volver a su país.
En diálogo con El Observador USA, Ferrer se refirió a la actual situación de la isla, a la oportunidad que el exilio forzado le dio para reinventar e impulsar su activismo, y al rol fundamental de Estados Unidos, la Unión Europea y otros gobiernos del mundo democrático en esta tarea.
Si pensamos en la dictadura de Cuba, no se trata de una dictadura más, sino que es la más longeva del continente. ¿A qué cree que se debe esto?
Esto responde a una sencilla razón, el régimen cubano no ha sido una dictadura clásica, no ha sido un régimen autoritario de derecha donde el que ostenta el poder tiene control del poder político y la fuerza represiva, pero la economía, la prensa y otras instituciones de la sociedad no están bajo su total control. En el caso del régimen cubano, éste llega al poder por una revolución que prometió ser democrática y que obtuvo el apoyo de una gran parte del pueblo, pero que inmediatamente se convirtió en un régimen totalitario, cimentado con el apoyo del comunismo mundial, la Unión Soviética, las naciones comunistas de Europa Oriental, y eso le permitió adueñarse de todos los aspectos y sectores de la vida de la nación. No fue, entonces, una dictadura a lo Pinochet en Chile, a lo Videla en Argentina, a lo Stroessner en Paraguay, sino una copia fiel de lo que fueron los regímenes totalitarios de Europa del Este y la Unión Soviética, con un control total sobre la sociedad, un proceso de adoctrinamiento y un aparato pasivo y omnipresente que se inmiscuyó y se continúa inmiscuyendo en la vida de toda la población. Al día de hoy lo siguen controlando todo en buena medida y siguen con una fuerte capacidad de sembrar terror en la ciudadanía.
Raul Castro y Miguel Diaz-Canel. AP
Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro.
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Pese a ese aparato represivo, recientemente el Observatorio Cubano de Derechos Humanos registró un nuevo récord de protestas mensuales contra la dictadura de Díaz-Canel –1.326– impulsadas por el creciente descontento social, las crisis y la incapacidad de las autoridades de dar respuestas a ellas. ¿Cree que esta pérdida del miedo expone a un régimen debilitado y anticipa que de alguna manera el cambio en la isla ya comenzó?
Sí, el control de las fuerzas represivas del régimen poco a poco ha tenido que ir disminuyendo porque en la medida en que la oposición pacífica, la sociedad civil independiente y el pueblo han ido perdiéndole temor y mostrándose cada vez más audaces y atrevidos en las protestas, en las demostraciones de descontento y en los reclamos de libertad, se han visto con menor control, poder y capacidad para actuar. Cuba atraviesa muchas crisis y la gente cada vez lo hace sentir más, saliendo a la calle, protestando y manifestando su descontento.
A lo largo de los años, desde la época de Fidel Castro hasta el presente, ¿cree que la represión en Cuba ha cambiado o se ha mantenido igual, simplemente traspasándose de una figura a otra?
Sí, cómo no, ha cambiado. El régimen ha tenido diferentes momentos, planes y mecanismos represivos de acuerdo a cada momento en particular. Durante los primeros años, los fusilamientos y el presidio político eran la respuesta inmediata a toda demostración de descontento, a toda manifestación en contra de una revolución traicionada, porque Fidel Castro lo que hizo fue traicionar a quienes lo siguieron en la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista, y engañar por completo al pueblo cubano. Siempre negó que era comunista, siempre prometió que se trataba de una revolución democrática y que la intención era devolverle a los cubanos la Constitución de 1940, de corte socialdemócrata, muy adelantada y avanzada para su tiempo, que tocaba de cerca asuntos que tienen que ver con la clase trabajadora, la clase más desfavorecida en cualquier sociedad. Pero luego el régimen comenzó con los fusilamientos por toda la isla y encarcelando a miles de cubanos. Una vez que tuvieron todo el control sobre la sociedad, los fusilamientos disminuyeron en gran medida pero la pena de muerte siempre ha estado ahí presente como espada de Damocles contra todo quien pretenda derrocar la tiranía. Si el régimen considera un delito grave, o si siente que una persona o grupo en cuestión pone en peligro inminente su permanencia en el poder, no dudaría en aplicarla.
Usted mismo fue un ejemplo de ello e, inclusive, si consideramos la última década, pasó más tiempo en prisión que en libertad.
Así es. En 2003 me amenazaron y la Fiscalía me presentó una petición fiscal oficial de pena de muerte, precisamente por ser uno de los principales promotores del proyecto Varela, que era una simple iniciativa ciudadana. La represión ha tenido momentos más altos, momentos más bajos, pero nunca nunca ha dejado de estar presente.
¿Cómo es la situación hoy en la isla?
Ahora mismo los niveles de represión por toda Cuba, sobre todo a partir de las manifestaciones del 11 de julio de 2021, son muy altos e inclusive la represión en las cárceles contra los activistas que se mantienen firmes en su postura de defensa de los derechos humanos, de abogar por la democratización del país, sufren todo tipo de abusos, torturas físicas y psicológicas, golpizas, hambre extrema, riesgo permanente de contraer tuberculosis y otras enfermedadesinfecciosas, y viven en medio de una situación de insalubridad muy preocupante. Las prisiones están llenas de casos de desnutrición severa, mueren presos —de hecho, ya han muerto como mínimo seis desde el 11J. Después de aquella fecha, ante el temor creciente de que el pueblo ya estaba despertando y que las manifestaciones podían continuar, el régimen aumentó considerablemente la represión, desde el extremo oriental hasta el extremo occidental, y en la medida en que ocurren protestas, continúa reprimiendo, deteniendo, encarcelando y amenazando con altas sanciones.
Cuba protesta. AP
La gente cada vez hace sentir más su descontento ante las crisis, asegura Ferrer.
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Usted describió las cárceles de Cuba como "campos de concentración nazi", aunque, pese a haber pasado por ellas varias veces, igualmente se mantuvo firme en su lucha.
Sí, en lo que va del siglo XXI, desde el 2000 al 2025, la mitad de ese tiempo lo pasé en prisión. Y a partir del 2019 hasta la fecha no llegué a estar más de un año y medio, siete u ocho meses, fuera de la prisión. Fueron seis meses entre 2019 y 2020. Luego, la prisión tras las manifestaciones del 11 de julio hasta el 16 de enero de este año… Pasé tres meses y días en mi casa, trabajando en lo político, en lo social, levantando el activismo de la Unión Patriótica de Cuba, y volvieron a encarcelarme, al igual que a Félix Navarro Rodríguez, el 29 de abril.
¿Sintió alivio cuando fue liberado en enero o sabía que era solo cuestión de tiempo?
No, sabía que iba a ser cuestión de tiempo porque de la única manera en que podía mantenerme fuera de la prisión era renunciando a un activismo serio, comprometido y proactivo. El régimen es muy astuto y, además de la represión brutal, los agentes de la llamada Seguridad del Estado –la policía política de la tiranía– tienen un equipo de psicólogos que analizan el perfil de cada persona, sus características y trabajan muy fuerte en ese campo. Entonces siempre te ofrecen salida… ¿Cómo? 'Te pagamos un viaje y un boleto de un avión para que te vayas para Guyana, para Nicaragua. Te vamos a facilitar las cosas para que tengas un negocio o un trabajo por cuenta propia'. Pero cuando ven que te niegas a todos esos ofrecimientos, que son indignos e inmorales, te dicen: 'Bueno, te vamos a dejar hacer oposición, pero no puedes pasarte de cierto límite. Si te pasas de cierto límite, te devolvemos a prisión'. Y aceptar ese tipo de condiciones también resulta indigno, infame, cobarde. Por lo tanto, uno siempre sabe que si va a mantener un activismo proactivo, enérgico, serio y comprometido, el riesgo de volver a prisión te acecha a cada instante.
A usted le mencionaron Guyana y Nicaragua como opciones antes del exilio forzado a Estados Unidos. ¿Le hicieron alguna otra oferta?
En octubre de 2004, estando en la prisión Kilo Ocho en Camagüey, el mayor de la policía política Ramiro Tamayo fue a hacerme tres ofrecimientos, uno detrás de otro. En la medida que rechazaba uno, me planteaba el siguiente: libertad inmediata para mi hermano Luis Enrique y para mí si nos íbamos del país, libertad si firmábamos un documento donde nos comprometíamos a no hacer más oposición, y libertad con la posibilidad de seguir haciendo oposición pero consultando previamente todo lo que quisiéramos hacer. Me reí en su cara y le dije que si no aceptaba el primero y no aceptaba el segundo, mucho menos aceptaba su tercer ofrecimiento, a lo que respondió que me iba a tener que pasar 25 años en régimen de máxima severidad en las cárceles cubanas, las peores del continente americano. Luego, en el 2021, cuando me encarcelan en tres ocasiones, agentes de la policía política me hicieron otro ofrecimiento para irme del país y nuevamente me negué. Pero cuando salí el 16 de enero y vi las condiciones en que estaba la oposición por toda Cuba, que necesitaba de un liderazgo comprometido, inteligente, creíble, serio y honesto, que no tenía porque que los líderes comprometidos, serios, capaces, están en prisión, me dije a mi mismo ‘cuando me vuelvan a encarcelar voy a salir al exilio para desde afuera poder reorganizar y consolidar un movimiento fuerte, que trabaje de manera coordinada y con el mayor proactivismo posible, para poder arrinconar a la tiranía, para poder animar y levantar al pueblo para poner fin al tan oprobioso régimen’.
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Ferrer se vio forzado al exilio a Estados Unidos en octubre de 2025.
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En una de sus cartas, usted mencionó que al salir de prisión había perdido la fe en muchos opositores por su desunión, por su sectarismo, por la falta de efectividad. ¿Qué fue de la realidad actual de la oposición lo que lo desilusionó?
Tenemos muchos cubanos buenos dentro y fuera de Cuba, sobre todo los que están sufriendo presión ahora mismo y se niegan a rendirse y siguen haciendo todo lo posible por mantener en alto la lucha. En el exilio también he conocido muchas personas que se sacrifican grandemente en aras de alcanzar la libertad y la democracia para Cuba. Pero también se encuentra uno a cada paso personas y grupos que no tienen ninguna prisa por que Cuba se democratice y que su visión no va en consonancia con la urgente necesidad de aunar esfuerzo para poder desarrollar la lucha que el momento exige para democratizar a Cuba.
¿Cómo se encabeza la lucha en esas condiciones?
La clave del asunto está en continuar adelante con los positivos, con lo que sí están verdaderamente comprometidos, y seguir insistiendo con los demás. En una situación tan crítica como la que atraviesa Cuba no se puede trabajar como si los cubanos tuviesen mil años a su disposición para esperar a que un día –que tal vez nunca llegue– democraticemos el país. No, es necesario que la mayoría de los que sí sabemos lo que está sufriendo nuestro pueblo concentremos esfuerzos, tiempo, generosidad y recursos para hacer esa lucha lo más efectiva posible. De lo contrario, puede ser que el remedio llegue demasiado tarde, cuando ya la nación esté viviendo en medio de circunstancias verdaderamente terribles, cuando las muertes y el caos sean demasiado, y las soluciones a los problemas sean muchísimo más difíciles y graves.
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Cuba atraviesa una aguda crisis económica y política.
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¿Y cómo se hace eso? ¿Por dónde se empieza?
Eso se empieza precisamente con los que sí están dispuestos a hacer la cosas como se deben hacer, dándoles el mayor apoyo, la mejor guía, las mejores orientaciones a esos miles de cubanos que quieren hacer algo, pero no saben qué ni nadie sabe guiarlos en el camino correcto. También interactuando de manera más comprometida, más coordinada, alentando –por ejemplo– como lo estamos haciendo ahora con graffitis, acciones de protección del pueblo, organizando a los cubanos exiliados para manifestaciones en fechas determinadas -como el Grito Mundial por Cuba del pasado 10 de diciembre-, y siempre que sea necesario articulando un movimiento que responda en tiempo real ante los problemas que pueda tener un preso político, una familia… Es decir, actuando de manera inteligente y bien coordinada dentro y fuera, pasando de la actitud defensiva a la ofensiva –con métodos no violentos– y yendo un paso adelante de la tiranía.
¿Con qué aliados cuenta hoy Cuba para esta tarea?
El gobierno actual de Estados Unidos es el mejor aliado que el pueblo cubano ha tenido en los últimos 67 años. De hecho, si los gobiernos democráticos de América Latina –los verdaderamente democráticos, no como los casos de Lula da Silva, Gustavo Petro o Claudia Sheinbaum, que tienen grandes deseos de hacer con sus países lo mismo que han hecho los Castro con Cuba, y Chávez y Maduro con Venezuela– y las naciones miembros de la Unión Europea, tuviesen hacia el pueblo de Cuba la mitad de la solidaridad y el apoyo que nos brinda EEUU, la oposición podría desarrollar su activismo prodemocrático con más fuerza y la represión del régimen no sería tan brutal como viene siendo. Pero, lamentablemente, la complicidad o tibieza de muchos gobiernos del mundo libre, del mundo democrático, le da luz verde a la fuerza represiva del régimen para actuar contra la oposición y el pueblo.
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"Trump es el mejor aliado que el pueblo cubano ha tenido en los últimos 67 años", asegura Ferrer.
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En el marco de los despliegues militares y la presión que Donald Trump está ejerciendo actualmente sobre Venezuela, ¿cree que Estados Unidos podría asumir un rol similar sobre Cuba?
En realidad, tiene que asumirlo y tiene que concretar también las acciones necesarias para poner fin al régimen de Nicolás Maduro porque es muy peligroso y es un enemigo de la libertad y la democracia en todo el continente, por lo que es también una amenaza muy grande para Estados Unidos por su implicación en el narcotráfico y sus alianzas con Rusia, China, Irán, Corea del Norte y otros regímenes, como es el caso también del cubano.
La líder opositora venezolana María Corina Machado dijo en el America Business Forum que la caída del régimen de Maduro traería consigo la liberación de Cuba y Nicaragua, aunque muchos ven necesario primero el fin del régimen castro-comunista, por ser el principal motor de los autoritarismos regionales. ¿Qué visión cree usted más acertada?
No hay que perder de vista que las dictaduras regionales , ya sea Venezuela, o Nicaragua con Daniel Ortega y Rosario Murillo, han tenido siempre un guía, un mentor, un maestro en La Habana. Entonces, si Estados Unidos produce la caída del régimen de Nicolás Maduro pero continúa el de los Castro-Canel en Cuba, la historia de Venezuela se va a repetir e, inclusive, podría replicarse en México y en cualquier otro país de Latinoamérica, porque aunque estén quebrados a nivel interno, siempre van a ser muy activos y efectivos moviendo, motivando y mal aconsejando a sus socios políticos en Latinoamérica.