Protestas en Cuba: asaltan sede del Partido Comunista y Trump dice que "algo va a pasar muy pronto"
La crisis en Cuba se sintió en las calles. Protestas por apagones y desabastecimiento derivaron en el asalto a una sede del Partido Comunista en la ciudad de Morón. En un clima de tensión social sin precedentes, marcado por la falta de energía, el régimen cubano intenta contener el descontento mientras negocia contrarreloj con Washington.
En una inusual muestra de disidencia interna, cientos de personas desafiaron el control social y se manifestaron este fin de semana en Cuba en protesta contra los persistentes apagones y la escasez de alimentos. El punto de mayor tensión se registró en la ciudad de Morón, donde los manifestantes asaltaron una sede del Partido Comunista, incidente que concluyó con al menos cinco detenidos. La crisis social se vio agravada en los últimos meses por el bloqueo petrolero de facto impuesto por Estados Unidos, mientras el presidente Donald Trump aseguró este domingo que planea alcanzar un acuerdo con La Habana "muy pronto".
El epicentro de las protestas fue la ciudad central de Morón, en la provincia de Ciego de Ávila a unos 460 kilómetros de La Habana. En la madrugada del sábado, vecinos de la ciudad salieron a las calles con cacerolas y linternas en protesta por la situación de la isla.
"Lo que en un inicio transcurrió de manera pacífica (...) derivó en hechos vandálicos contra la sede del Comité Municipal del Partido, donde un grupo más reducido de personas apedrearon la entrada del inmueble y provocaron un incendio en la vía pública con los muebles de la recepción", informó el periódico estatal Invasor. Otras instalaciones estatales, incluyendo una farmacia y un mercado gestionado por el régimen, también fueron objeto de ataques, añadió el medio.
Como resultado, el Ministerio del Interior de Cuba confirmó la detención de cinco personas.
Bloqueo energético y colapso económico
La protesta se produjo horas después de que el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, reconociera en cadena nacional la gravedad de la situación, admitiendo que el país no ha recibido suministros de combustible durante los últimos tres meses.
Apagones en Cuba. EFE
Apagón en Cuba.
EFE
El petróleo importado cubría cerca de la mitad de las necesidades energéticas de Cuba. Sin embargo, el bloqueo impuesto por Washingtontras la intervención en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, sumado a la amenaza de imponer aranceles a cualquier país que suministre crudo a la isla, colocó a la economía nacional al borde del colapso.
Esta escasez crónica permeó en distintos niveles de la vida cotidiana: desde la interrupción del transporte público y el colapso de los servicios de urgencia hospitalaria hasta la crisis en la recolección de residuos y el sistema educativo.
En los barrios, la respuesta ciudadana viene siendo el "cacerolazo", una forma de protesta nocturna que ha comenzado a ganar tracción como una alternativa a las concentraciones públicas prohibidas por una legislación que, a pesar de estar respaldada por la Constitución de 2019, permanece estancada en el poder legislativo.
Cuba - crisis energética - 13-2-26 - AFP
"Algo va a pasar en Cuba muy pronto"
La tensión en las calles corre en paralelo a un frenético movimiento diplomático. Mientras La Habana confirmó finalmente la existencia de conversaciones con Estados Unidos para "buscar soluciones a través del diálogo", el presidente Donald Trump mantiene una retórica de presión constante.
"Cuba también quiere cerrar un acuerdo, y creo que muy pronto o llegamos a un acuerdo o haremos lo que haya que hacer", declaró el domingo el presidente estadounidense a periodistas a bordo del Air Force One, señalando que estaban en conversaciones con La Habana.
"Nos ocuparemos de Irán antes que de Cuba", afirmó y agregó: "Creo que va a pasar algo en Cuba muy pronto".
En este contexto, la mediación del Vaticano surgió nuevamente como un eje fundamental. Tras la liberación de presos políticos, un gesto interpretado como un guiño dentro de este incipiente proceso de diálogo, el régimen cubano intenta desesperadamente equilibrar la presión interna de una población agotada con una política exterior que, bajo el asedio de un embargo comercial de seis décadas y nuevas restricciones energéticas, se encuentra en su momento más delicado desde la Guerra Fría.