El territorio continental de los Estados Unidos cerró el mes de julio con la temperatura media más alta registrada en los últimos 131 años. La persistencia de abrasadoras "cúpulas de calor", impulsadas por el cambio climático y el fenómeno de "El Niño", no solo encendió las alarmas de las agencias meteorológicas ante la alta probabilidad de que 2026 se convierta en el año más caluroso registrado a nivel global, sino que también está alterando de manera directa la vida cotidiana de los estadounidenses.

Los datos confirmados por los Centros Nacionales de Información Ambiental de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) ratifican la gravedad de la reciente ola de calor. La temperatura promedio nacional durante julio alcanzó los 24,94 °C (76,89 °F), superando el registro previo de 24,87 °C establecido en el verano de 1936 y ubicándose 0,55 °C por encima del promedio del siglo XX.

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A la vez, el promedio de las temperaturas máximas diurnas fue de 31,94 °C, lo que lo ubica como el sexto mes más cálido en temperaturas máximas promedio.

"Las temperaturas superiores a la media abarcaron todo el territorio continental de EEUU, con todos los estados ubicados en el tercio más cálido de sus registros de temperatura de julio y ninguno ubicado cerca o por debajo del promedio", detalló la NOAA en su informe mensual.

El territorio continental de EEUU comprende los 48 estados contiguos y el Distrito de Columbia, excluyendo a Alaska y Hawái y a los territorios insulares de ultramar.

El fenómeno detrás de esta anomalía térmica reside en una serie de "cúpulas de calor", potentes sistemas de alta presión que atrapan el aire caliente sobre amplias extensiones geográficas durante días.

Los investigadores atribuyen la mayor frecuencia e intensidad de estos episodios al cambio climático y a patrones como "El Niño". Los pronósticos del Centro de Predicción Climática anticipan que la tendencia al alza se mantendrá firme en la mayor parte del país durante agosto y que es posible que 2026 establezca un nuevo récord como el año más caluroso a nivel mundial.

El impacto en la vida cotidiana de los estadounidenses

Más allá de los termómetros, la población está sintiendo las consecuencias del fenómeno en sus hogares. Una nueva investigación del Centro de Investigación de Asuntos Públicos AP-NORC, realizada a 1.165 adultos a finales de julio, revela que el 90% de los estadounidenses sostiene que el calor extremo tuvo al menos un impacto significativo o menor en su vida general, superando el 83% registrado hace apenas dos años.

El golpe económico resulta ser una de las manifestaciones más evidentes: un 80% de los encuestados señala que las altas temperaturas provocaron un aumento en sus facturas de electricidad por la necesidad de mantener el aire acondicionado en funcionamiento, frente al 69% que reportaba este problema en 2024.

Del mismo modo, el 68% indicó que las temperaturas han limitado las actividades familiares al aire libre, mientras que un 42% debió alterar o cancelar planes de viaje y vacaciones debido al calor abrasador.

Estos cambios en la experiencia diaria fueron impulsados principalmente por residentes del oeste y el medio oeste, regiones que recientemente se vieron afectadas por olas de calor extremas, peligrosas y mortales.

El estudio también expuso una marcada brecha partidista: los votantes demócratas son considerablemente más propensos que los republicanos a manifestar que el clima extremo tuvo un impacto "importante" en cada uno de los aspectos sobre los que se les pregunta.

La percepción sobre el cambio climático

A pesar de que los estadounidenses experimentan en carne propia los efectos del calor, el estudio de AP-NORC expone una llamativa contradicción entre la vivencia personal y la creencia en el cambio climático.

Aunque los impactos cotidianos alcanzaron niveles récord, el porcentaje de adultos que afirma que el cambio climático efectivamente está ocurriendo descendió al 66%, en comparación con el 73% registrado en septiembre de 2025. Un 17% adicional indicó no estar seguro sobre las causas del fenómeno.

Esta desconexión se produce en un escenario donde las muertes asociadas al calor extremo superan anualmente a las provocadas por cualquier otro evento meteorológico en el país. Además de poner en riesgo la salud pública y sobrecargar las redes eléctricas, las temperaturas extremas continúan acelerando los incendios forestales y devastando la agricultura.

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