En su búsqueda por frenar el alza del precio de los combustibles en Estados Unidos, un tema clave para las midterms, Donald Trump tomó en los últimos días una serie de medidas que le valieron críticas incluso de su propio partido. Después de alcanzar un acuerdo con Rusia para la liberación de diésel por parte de Moscú, decidió poner en pausa un paquete de sanciones contra Rusia que estaba previsto entrara en vigor este domingo.

"Por la presente, dejo sin efecto la aplicación de las sanciones, restricciones y obligaciones previstas en la Ley Graham", escribió Trump en una orden ejecutiva publicada en la noche del viernes, en referencia a la ley bipartidista acordada en el Congreso que lleva el nombre del fallecido senador republicano Lindsey Graham, que contemplaba sanciones a Rusia por la guerra en Ucrania.

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"He presentado ante el Congreso una certificación en la que se indica que la emisión de dicha exención en este momento redunda en beneficio de los intereses nacionales de los Estados Unidos", añadió el mandatario.

La legislación buscaba endurecer las medidas contra la economía energética rusa y otras áreas que ayudan a financiar la guerra contra Ucrania. Entre las medidas previstas, estaba la imposición de aranceles de hasta 100% a los mayores compradores de petróleo y gas rusos.

El portavoz de la Casa Blanca Taylor Rogers dijo en un comunicado que "aplicar ahora las disposiciones de las sanciones obstaculizaría los esfuerzos actuales de Estados Unidos por negociar un acuerdo de paz duradero y integral entre Ucrania y Rusia".

La decisión de suspender las sanciones se dio a conocer una semana después de que Trump anunciara un acuerdo con Rusia para que surta de diésel el mercado estadounidense y el global. Según Trump, Putin accedió a liberar 300.000 toneladas de diésel de inmediato, seguidas de 500.000 toneladas en noviembre y otro millón después. "¡Los precios del diésel para los estadounidenses y, de hecho, para el mundo, bajarán en cifras récord y rápidamente!", escribió el mandatario en su red Truth Social.

El precio del combustible y las midterms

Los republicanos de Trump se juegan la mayoría en ambas cámaras del Congreso en las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre. Las encuestas anticipan que los demócratas podrían quedarse con la Cámara de Representantes y hasta hay posibilidades de que logren la mayoría del Senado.

Los sondeos revelan además un profundo malestar del electorado por el rumbo de la economía y el alto costo de vida, en particular el vertiginoso aumento en el costo de los combustibles registrado desde el inicio del conflicto militar con Irán.

El diésel alcanzó un récord de 6,53 dólares por galón a finales del mes pasado y actualmente se ubica en torno a los 6,32 dólares, según la Asociación Estadounidense del Automóvil, lo que representa un salto de 72% en los últimos doce meses.

Además del acuerdo con Rusia, Trump recurrió la semana pasada a una carta de emergencia ante una de las principales preocupaciones de los electores: eliminó las restricciones al uso del "diésel rojo" en las carreteras de Estados Unidos para intentar frenar el precio del combustible. La medida busca abaratar un insumo que incide de manera determinante en la economía, al ser utilizado por camiones de carga, embarcaciones, trenes y maquinaria agrícola.

El encarecimiento del diésel responde, en primer lugar, a la escalada en el precio del petróleo que las refinerías procesan para elaborar combustibles. Desde que Estados Unidos e Israel atacaron Irán en febrero de este año, el barril se ha mantenido en niveles elevados y actualmente se ubica en 101 dólares, lo que representa un salto de 53% respecto al valor previo al inicio de la guerra.

Como respuesta al ataque, Teherán intensificó el hostigamiento sobre el estratégico estrecho de Ormuz, el paso marítimo por donde circula la quinta parte del petróleo mundial. La infraestructura del Medio Oriente también pagó un alto costo por la guerra: refinerías en Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos e Irak sufrieron averías críticas tras oleadas de drones y misiles de Irán y grupos afines como los hutíes de Yemen. En paralelo, los constantes ataques con drones desde Ucrania sobre las refinerías rusas agravan el cuello de botella que impide transformar el crudo en diésel.

Trump había anunciado el fin de semana pasado una tregua energética entre Rusia y Ucrania que no prosperó y el mandatario estadounidense señaló a su par ucraniano, Volodimir Zelenski, por el fracaso.

Las reacciones

Zelenski cuestionó duramente la decisión del presidente de EEUU de pausar las sanciones contra Moscú y las consideró un "premio" para Vladimir Putin. "En Estados Unidos se tomó lamentablemente la decisión de desestimar por completo la Ley Lindsey Graham, que debía ejercer una presión eficaz sobre Rusia para terminar esta guerra. Esa ley podría haber ayudado enormemente, ¡y todavía puede!", escribió este sábado en redes sociales.

"Que Estados Unidos prescinda de las sanciones, que se relaje la presión al agresor y se premie financieramente a Putin no sirve más que para animarlo a seguir atacando", fustigó.

"Lamentablemente el levantamiento de las sanciones seguirá adelante, y creo que el acuerdo del diésel es el primer paso", dijo el mandatario ucraniano. "Desafortunadamente, me parece que esto no puede detener a Putin; al contrario, él siente alegría y felicidad por contar con ese apoyo", apuntó.

Obligado cada vez más a mirar hacia sus socios europeos, Zelenski estuvo este viernes en Bruselas para reclamar a sus aliados más de 70.000 millones de dólares adicionales a fin de financiar su esfuerzo de guerra en 2027. La semana fue particularmente ruda para el líder ucraniano, que denunció restricciones en el uso de los servicios satelitales de SpaceX, la empresa de Elon Musk, indispensable en el dispositivo de defensa frente a los proyectiles rusos.

Zelenski en Bruselas

Moscú, por su parte, saludó el decreto de Trump. "La suspensión por parte de la administración Trump de la Ley Graham es un momento importante y realmente histórico", dijo en sus redes sociales Kirill Dmitriev, emisario de Putin que en los últimos meses participó en conversaciones directas con los representantes estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner para hablar del futuro del conflicto de Ucrania.

Dmitriev dijo que la aplicación de la ley Graham habría causado "un serio daño en primer lugar, y ante todo, a la economía de Estados Unidos y a los mercados globales", consignó la agencia AFP.

La suspensión de las sanciones contra Rusia generó críticas entre los propios republicanos. "El presidente está prolongando la guerra, no poniéndole fin”, escribió el congresista Don Bacon de Nebraska en X el viernes, poco después de que se hiciera pública la orden ejecutiva. Trump había prometido poner fin a la guerra en los primeros días de su segundo mandato.

Después de que el mandatario cerrara la otra semana el acuerdo con Rusia por el diésel, un grupo bipartidista de senadores, entre ellos cuatro republicanos y referentes demócratas, exigió a la Casa Blanca frenar "de inmediato" el pacto, al advertir sobre su ilegalidad y el riesgo de otorgar un auxilio financiero a Moscú.

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