30 de abril 2024 - 11:54hs

En la mayoría de los países, el café torrado está estrictamente prohibido debido a sus efectos perjudiciales para la salud. Sin embargo, su bajo costo y el paladar local, acostumbrado al sabor amargo, mantienen su presencia en el mercado.

En Argentina, el consumo de café torrado tiene profundas raíces históricas y económicas. Tradicionalmente, el café torrado se refiere a un tipo de café que se mezcla con azúcar durante el proceso de tostado, creando una capa caramelizada en los granos. Este método surgió como una solución económica en tiempos en que la calidad del café disponible era baja y los costos debían mantenerse al mínimo.

El café torrado está prohibido en todo el mundo, excepto en Argentina, Uruguay, Paraguay, España y Portugal. Esto contrasta con la tendencia actual hacia un consumo saludable y libre de azúcares.

El paladar amargo y el café

Nacho Cafetero, un usuario especialista en café que publica regularmente contenido sobre el tema en Instagram, tiene una teoría bien fundamentada: “A diferencia de otros países, en Argentina tenemos una tolerancia especial al sabor amargo. El mate, el fernet y hasta el furor por las cervezas IPA son pruebas de ello”.

Nacho Cafetero amplía su teoría sobre el sabor amargo y los argentinos de manera muy acertada: “Hay países donde el amargo sigue interpretándose como un sabor desagradable. Pero los argentinos, influenciados por la tradición gauchesca del mate, el café torrado español y la gastronomía con componentes amargos, heredada de los italianos, abrazamos al café de mala calidad creyendo que era su única versión. Es decir, nuestra propia cultura y tolerancia a los sabores amargos es la que no nos permitió exigir cafés de mayor calidad, que de amargos tienen muy poco. En los cafés de especialidad prevalece el sabor dulce y de forma natural.

Históricamente, durante y después de las grandes guerras y crisis económicas, como la Gran Depresión, el acceso a productos de alta calidad como el café puro era limitado. Argentina, como muchos otros países, enfrentó dificultades económicas que restringían la importación de bienes de lujo.

El café torrado y la salud

En este contexto, el café torrado se popularizó como una alternativa más accesible. El azúcar, al caramelizarse, no solo disfrazaba la baja calidad de los granos de café, sino que también extendía el volumen del producto final, permitiendo que fuera más económico y estuviera al alcance de una mayor parte de la población.

Sin embargo, el consumo de café torrado conlleva varias consecuencias para la salud. El proceso de torrado produce acrilamida, un compuesto que se forma cuando los alimentos ricos en carbohidratos se cocinan a altas temperaturas, como es el caso del tostado del café con azúcar.

La acrilamida está clasificada como un probable carcinógeno humano por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer. Además, el contenido adicional de azúcar incrementa el riesgo de problemas metabólicos como la diabetes tipo 2 y la obesidad, además de contribuir a la caries dental.

En la actualidad, aunque la calidad del café ha mejorado y Argentina ha incrementado su consumo de café puro, el café torrado sigue siendo una elección popular por su sabor distintivo y su precio accesible, perpetuando así una tradición que se remonta a tiempos de escasez económica.

 

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