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La Fundación Heritage, el influyente think tank de tendencia conservadora con sede en Washington, publicó su edición 2026 del Índice de libertad económica, el relevamiento anual más completo del mundo sobre las condiciones en que los países permiten —o restringen— el funcionamiento de sus economías. El documento midió 176 naciones y confirmó una tendencia que se viene consolidando desde hace tres décadas: los países con mayor libertad económica son, sistemáticamente, los más prósperos, los más innovadores y los que mejor cuidan el medio ambiente. Entre todas las novedades del informe, sin embargo, hay una que llama especialmente la atención desde esta parte del mundo: Argentina fue el país con la mayor mejora de todo el índice.

¿Qué mide exactamente este índice?

El Índice de libertad económica existe desde 1995 y evalúa cada año las políticas económicas de los países a través de 12 indicadores agrupados en cuatro pilares: estado de derecho (derechos de propiedad, efectividad judicial e integridad gubernamental), tamaño del gobierno (carga impositiva, gasto público y salud fiscal), eficiencia regulatoria (libertad de negocios, laboral y monetaria) y apertura de mercados (libertad comercial, de inversión y financiera). Cada indicador recibe una puntuación de 0 a 100, y el promedio da el puntaje final del país. Con ese número, los países se clasifican en cinco categorías: libres (80 a 100 puntos), mayormente libres (70 a 79,9), moderadamente libres (60 a 69,9), mayormente no libres (50 a 59,9) y reprimidos (menos de 50).

El índice se publica ininterrumpidamente desde hace 32 años y sus datos son ampliamente utilizados por economistas, organismos internacionales y medios de comunicación de todo el mundo como referencia comparativa entre países. Esta edición tiene además un significado especial para Heritage: está dedicada a su fundador, el Dr. Edwin Feulner, fallecido en 2025, quien creó el índice y lo describía como una de las "joyas de la corona" de la institución.

El mapa global: quién lidera y quién se hunde

En la edición 2026, Singapur volvió a encabezar el ranking con 84,4 puntos, seguido por Suiza (83,7), Irlanda (83,3), Australia (80,1) y Taiwán (79,8). Solo cuatro países alcanzaron la categoría "libre", uno más que el año anterior. Completan el top 10 Luxemburgo, Dinamarca, Noruega, Estonia y Países Bajos, todos con puntajes entre 78 y 80 puntos.

En el otro extremo, Corea del Norte cerró la lista con apenas 3,1 puntos, seguida por Cuba (25,2), Venezuela (27,3) y Sudán (32,5). Estos cuatro países concentran las peores condiciones para el desarrollo económico según los criterios del índice: ausencia de derechos de propiedad, sistemas judiciales ineficaces, monedas sin respaldo y mercados completamente cerrados o distorsionados por el Estado.

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El promedio mundial fue de 59,9 puntos, apenas 0,2 puntos por encima del registro de 2025 y todavía en la zona "mayormente no libre". El informe advierte que la salud fiscal global se deterioró: la deuda pública promedia más del 65% del PBI en los países relevados, y los déficits crecientes en muchas economías amenazan con frenar el crecimiento en el mediano plazo. El pilar con peores resultados a nivel global es el estado de derecho, donde la integridad gubernamental promedia apenas 44,7 puntos sobre 100, un reflejo de los niveles de corrupción institucional que persisten en buena parte del mundo.

Uno de los datos más contundentes del informe es la correlación entre libertad económica y nivel de vida. El PBI per cápita promedio de los países "libres" es de 112.351 dólares (en paridad de poder adquisitivo), contra apenas 10.316 dólares en los países "reprimidos". La brecha es de casi once veces. Y desde 1995, mientras el índice promedio mundial subió modestamente de 57,6 a 59,9 puntos, la economía global casi se triplicó en términos reales y la pobreza extrema cayó del 33,7% al 7,7% de la población mundial. La pobreza multidimensional —que mide privaciones en salud, educación y nivel de vida— también muestra una diferencia pronunciada: en los países menos libres afecta al 15,5% de la población, contra apenas el 3,6% en los moderadamente libres.

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Argentina: el salto más grande del año

El caso argentino es el que más páginas ocupa en los análisis del informe, junto con el de Estados Unidos. Argentina obtuvo 57,4 puntos y quedó en el puesto 106 entre 176 países, dentro de la categoría "mayormente no libre". El número en sí no es para festejar, pero lo que llama la atención es la trayectoria: el país mejoró 3,2 puntos respecto al año anterior, la mayor suba registrada en todo el índice entre los 176 países evaluados.

El informe atribuye ese avance directamente a las políticas implementadas por el presidente Javier Milei desde que asumió a fines de 2023. Según Heritage, las reformas fiscales, monetarias y regulatorias de su gestión redujeron el tamaño y el alcance del Estado, y la victoria del oficialismo en las elecciones de medio término de 2025 le dio a Milei "apoyo concreto y mayor impulso para continuar transformando la economía argentina". El documento señala que "la agenda de reformas produjo avances notables y medibles" y que el puntaje de libertad económica del país mejoró significativamente en los últimos tres años en comparación con los promedios globales y regionales.

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No es la primera vez que Argentina aparece como protagonista del índice, aunque históricamente lo fue por razones opuestas. Durante buena parte de la década pasada, el país figuró entre los de mayor deterioro, con caídas sostenidas en casi todos los indicadores. La mejora actual representa, en ese sentido, un cambio de dirección estadísticamente significativo, aunque el punto de partida sigue siendo bajo: el puesto 106 ubica a la Argentina apenas por encima de la mitad de la tabla, rodeada de países como Ghana, Madagascar y El Salvador.

Estados Unidos y China, en las antípodas

Otro protagonista central del informe es Estados Unidos, que obtuvo 72,8 puntos y quedó en el puesto 22, dentro de la categoría "mayormente libre". Su suba fue de 2,6 puntos, la mayor mejora entre las economías avanzadas, revirtiendo cinco años consecutivos de caída. El documento atribuye ese resultado a las políticas de desregulación, recortes impositivos y una agenda pro-inversión del gobierno de Donald Trump. Las mayores ganancias se registraron en libertad monetaria, gasto público, salud fiscal y libertad de inversión, aunque el puntaje en libertad comercial bajó, un reflejo directo de la política arancelaria de la actual administración. El punto más débil del país sigue siendo la salud fiscal, con una deuda pública que supera el 122% del PBI y un déficit promedio del 6,5% del PBI en los últimos tres años.

China, en cambio, bajó 0,7 puntos y quedó en el puesto 154 con 48,3 puntos, en la categoría "reprimida". El informe describe una economía con fuerte intervención estatal, un sector financiero que distorsiona la asignación de recursos mediante subsidios y controles crediticios, alto desempleo juvenil, presiones deflacionarias persistentes y una crisis inmobiliaria que sigue pesando sobre el crecimiento. En 32 años de historia del índice, China nunca salió de la zona de países "reprimidos" o "mayormente no libres", independientemente del ciclo político o el ritmo de su expansión económica.

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