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Durante la última década, el debate económico y energético en Argentina estuvo centrado en la atracción de inversiones para el desarrollo de sectores estratégicos como Vaca Muerta, la minería y el agro, así como en la necesidad de consolidar un marco regulatorio que impulsara estos proyectos.

Sin embargo, las proyecciones de crecimiento de estos sectores trasladan el foco hacia un nuevo desafío: la capacidad del sistema logístico para acompañar ese proceso de expansión.

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Las estimaciones indican que la infraestructura nacional deberá incrementar su capacidad de movilización de aproximadamente 128 millones de toneladas anuales a casi 194 millones hacia 2035, impulsada por el crecimiento de la producción de hidrocarburos, litio, cobre y la expansión sostenida del complejo agroindustrial.

En el caso de la minería, las proyecciones contemplan exportaciones por U$S 36.250 millones, mientras que el desarrollo de Vaca Muerta continúa incrementando la demanda de infraestructura para el abastecimiento de insumos y la evacuación de la producción.

En este escenario, distintos informes técnicos advierten que la infraestructura existente presenta limitaciones estructurales que podrían comprometer la competitividad de estos sectores.

La reciente caída de la inversión pública profundizó un proceso de deterioro que se arrastra desde hace décadas y que hoy afecta la capacidad del sistema para responder al crecimiento proyectado.

La brecha de inversión y el costo de la inacción

La infraestructura constituye uno de los principales desafíos para la productividad de la economía argentina, que actualmente se encuentra en niveles comparables a los de la década de 1950.

Según estimaciones del Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI), para alcanzar un crecimiento sostenido del 2,9% anual resulta necesario elevar la inversión en infraestructura desde el 16,6% actual hasta el 23,3% del Producto Bruto Interno, priorizando especialmente los sectores de transporte y energía.

La magnitud del desafío también queda reflejada en los costos asociados al deterioro de la infraestructura.

Mientras el mantenimiento anual de la red vial nacional y provincial demandaría aproximadamente U$S 4.213 millones, la recuperación de la infraestructura ya deteriorada requeriría U$S 40.773 millones.

Al mismo tiempo, el gasto de capital del Estado Nacional registró una caída del 76% medida en dólares durante el último año, acelerando el deterioro de activos estratégicos para el transporte y la logística.

Los principales cuellos de botella del sistema logístico

Red vial: el desgaste de las principales arterias productivas

El transporte carretero continúa siendo el principal modo logístico del país.

En provincias estratégicas como Buenos Aires concentra el 87,3% de la participación modal, aunque la infraestructura vial muestra crecientes señales de saturación y deterioro.

Aproximadamente la mitad de la red nacional que atraviesa la provincia de Buenos Aires se encuentra en estado regular o malo, con una necesidad de rehabilitación superior a los 2.500 kilómetros.

En el Norte Grande la situación resulta aún más crítica, donde cerca del 80% de la red analizada presenta deficiencias.

A estos problemas se suma el estado de los aproximadamente 400.000 kilómetros de caminos rurales de tierra, cuya condición continúa condicionando la salida de la producción agropecuaria.

Asimismo, la escasa disponibilidad de corredores aptos para la circulación de bitrenes, debido a restricciones estructurales en puentes y discontinuidades en la infraestructura, limita la incorporación de tecnologías que permitirían reducir significativamente los costos logísticos.

Sistema ferroviario: una red fragmentada y con baja capacidad operativa

El sistema ferroviario constituye otro de los principales desafíos para mejorar la competitividad logística.

Si bien alrededor del 50% de la carga ferroviaria nacional circula por territorio bonaerense, solo el 40% de la red provincial se encuentra actualmente operativa, mientras que más de la mitad de ese trazado presenta un estado regular o malo, afectando la velocidad comercial y la previsibilidad del servicio.

En regiones como Cuyo, la situación es aún más compleja: menos del 20% de la red ferroviaria permanece operativa y el 93,2% de la infraestructura existente presenta condiciones deficientes.

La incertidumbre sobre el modelo de gestión, las definiciones pendientes respecto del esquema de Open Access y las sucesivas prórrogas de las concesiones también han postergado inversiones destinadas a renovar material rodante y mejorar los accesos ferroviarios a los principales complejos portuarios, especialmente en el Gran Rosario.

Hidrovía y puertos: el desafío del principal corredor exportador

El Sistema de Navegación Troncal constituye el principal corredor logístico del comercio exterior argentino.

Sin embargo, distintos informes técnicos cuestionan aspectos del actual esquema de concesión por considerar que afectan la competitividad del complejo agroexportador.

Entre los principales puntos señalados se encuentran los costos de peaje y los objetivos de profundización de la vía navegable, que obligan a numerosos buques a completar carga en otros puertos, generando sobrecostos estimados entre U$S 5 y U$S 6 por tonelada exportada.

Como resultado, el sector agroindustrial estima pérdidas cercanas a U$S 400 millones anuales asociadas a estas ineficiencias logísticas.

Los estudios también señalan el desaprovechamiento de alternativas como el ramal Paraná Bravo–Guazú–Talavera, cuyo desarrollo permitiría reducir aproximadamente un 30% los costos de dragado.

A ello se suma la creciente presión sobre los accesos terrestres al Gran Rosario, donde durante los períodos de cosecha ingresan hasta 14.000 camiones diarios, superando la capacidad de la infraestructura vial disponible.

Conectividad transfronteriza y brecha digital

La logística internacional también enfrenta limitaciones asociadas a la infraestructura fronteriza y a la conectividad digital.

La coordinación operativa en los pasos internacionales continúa representando un desafío para el comercio regional, mientras que la ausencia de cobertura 4G en rutas nacionales y establecimientos productivos limita la digitalización de procesos aduaneros y el seguimiento de cargas en tiempo real, dificultando la incorporación de herramientas vinculadas a la logística 4.0.

En las zonas mineras de la Puna persisten, además, limitaciones en los caminos internos y en los accesos hacia Chile, donde varios corredores permanecen enripiados, dificultando el transporte de insumos estratégicos para la producción de litio.

La logística como condición del crecimiento

Las proyecciones productivas para Vaca Muerta, la minería y el agro muestran un horizonte de fuerte expansión durante la próxima década. Sin embargo, los diagnósticos relevados describen una infraestructura con crecientes niveles de deterioro, baja inversión y limitaciones operativas en prácticamente todos los modos de transporte.

Mientras la agenda pública se ha concentrado en la atracción de inversiones y el desarrollo de los sectores exportadores, los informes técnicos advierten sobre la necesidad de fortalecer las condiciones logísticas que harán posible ese crecimiento. En ese escenario, la competitividad deja de depender exclusivamente de la disponibilidad de recursos naturales y pasa a estar cada vez más vinculada a la capacidad del sistema de transporte para acompañar la expansión proyectada.

La próxima prueba para el crecimiento exportador argentino no estará únicamente en producir más, sino en demostrar que el país cuenta con la infraestructura necesaria para transportar esa producción.

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