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La crisis financiera internacional desatada hoy posiblemente tenga consecuencias para la economía argentina más allá del impacto inmediato sobre los indicadores financieros. El desplome de los mercados internacionales, al que ya se califica como un nuevo "lunes negro", ha tenido un efecto severo en los bonos y activos argentinos. La aversión al riesgo que predomina en los mercados globales ha llevado a los inversores a deshacerse de activos considerados de alto riesgo, entre ellos, los títulos de deuda argentinos.

Pero más allá de este impacto directo en los mercados financieros, existen condiciones estructurales que empeoran las perspectivas económicas de Argentina a corto y mediano plazo. La economía argentina ya enfrentaba desafíos significativos, incluyendo una alta inflación que se está procurando bajar por todos los medios (aún contando con el fuerte impacto recesivo de las medidas) y un elevado nivel de endeudamiento. La crisis financiera internacional amplifica estos problemas, complicando aún más la recuperación económica.

El economista Marcelo Bastante señaló que la incertidumbre global afecta negativamente la inversión y el consumo en Argentina. La volatilidad en los mercados financieros internacionales reduce la disponibilidad de capital y aumenta los costos de financiamiento, limitando la capacidad de las empresas y del gobierno para implementar proyectos de inversión.

Por su parte, el analista financiero Juan Ignacio Alra aseguró que esta venta masiva de bonos argentinos no sólo ha aumentado el riesgo país, sino que también ha incrementado los costos de financiamiento. La falta de confianza en la estabilidad económica de Argentina hace que los inversores busquen activos más seguros, exacerbando la salida de capitales y poniendo presión adicional sobre el tipo de cambio.

Reservas, tipo de cambio y financiamiento

Las malas noticias financieras que llegan desde el exterior vienen a complicar aún más la delicada situación de las reservas internacionales del Banco Central, ya en entredicho desde la implementación de la nueva política monetaria del Gobierno.

El encarecimiento del crédito sucede tras la aprobación del régimen de incentivo de grandes inversiones (RIGI) por parte del Poder Ejecutivo, un intento de impulsar la economía y atraer dólares. Sin embargo, el impacto más inmediato de la crisis es la caída del precio de la soja, que bajó a menos de US$380 por tonelada, niveles comparables a los primeros dos años del gobierno de Mauricio Macri.

En los nueve meses de gestión de Javier Milei, el precio de la soja descendió más de US$100 por tonelada, resultando en US$5.000 millones menos en exportaciones anuales, según la consultora 1816. La caída en los precios de las commodities exportadas por Argentina (soja, trigo, maíz y petróleo) afecta directamente las reservas netas del Banco Central, estimadas en negativo por US$3000 millones.

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Caputo espera una desaceleración mayor, e incluso viene señalando que el índice de precios se irán acercando cada vez más a cero.

La consultora Econviews señaló que, dado que Argentina no tiene acceso al crédito y depende del comercio exterior para el ingreso de divisas, la percepción de un dólar "barato" puede amenazar la acumulación de reservas netas, actualmente negativas en unos USD 4.000 millones. Además, la estacionalidad no favorece esta situación.

Con el aumento de la brecha, el dólar tarjeta no resulta tan caro, lo que se evidenció en junio, cuando salieron USD 700 millones por la cuenta turismo, el doble que en el bimestre anterior.

“Recordemos que las reservas siguen en negativo y por más que se asegure que los dólares para pagar los intereses y amortizaciones del 2025 están (y nuestro escenario base es que sí están), el mercado no comprará la idea de sostenibilidad ni estabilidad hasta que vea a un Banco Central más fuerte en términos de reservas”, advirtieron.

La escasez de dólares presiona la política monetaria del Banco Central, que ha mantenido una devaluación del 2% mensual desde diciembre, a pesar de una inflación superior y devaluaciones en países emergentes como Brasil, México, Colombia, Sudáfrica, Turquía y Chile.

A pesar del estricto control de cambios en Argentina, que limita la salida de capitales y mitiga el impacto financiero internacional en el dólar, la apreciación de la moneda frente a la región disminuye la competitividad del país en un contexto sin reservas.

El impacto en la economía real

El FMI proyecta una caída del 3,5% para la economía argentina este año, revisando su estimación anterior del 2,8%. Sin embargo, estos pronósticos no contemplaban una crisis financiera internacional, lo que podría empeorar las proyecciones.

“Hay que ser bastante cautos al evaluar los efectos. Hace tiempo que la economía estadounidense se encuentra frente a esta posible ocurrencia de una recesión. Los indicadores de la semana pasada no fueron los que se esperaban y esta es la repercusión que hoy tenemos a nivel mundial”, expresó Lucrecia D’Jorge, economista de la Bolsa de Comercio de Santa Fe. Añadió que lo más preocupante para Argentina es el incremento del riesgo de crisis debido a la necesidad de financiamiento para consolidar la recuperación económica observada en el segundo trimestre.

Gabriel Caamaño, de la consultora Outlier, comentó sobre la situación del yen: “La suba de tasas de interés en Japón encareció el endeudamiento en esa moneda y gatilló una corrección de carteras, que hace que se deterioren los precios de los activos a nivel global y que crezca la aversión al riego. Nadie quiere estar en activos riesgosos y se deprecian las monedas de los emergentes.” En este contexto, la estrategia económica local ya enfrentaba presión por la baja de los precios de los commodities, ahora sumada a la mayor presión por la devaluación de las monedas emergentes, creando un entorno internacional desafiante para Argentina.

Además, esta situación ocurre en un momento en que la economía real comenzaba a recuperarse, lo que convierte el escenario en una mala noticia para el país.

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