La cadena nacional por el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas dejó en el Gobierno una conclusión que excedió el mensaje: Javier Milei mostró una versión distinta de sí mismo. En la Casa Rosada resaltaron "la firmeza" con la que puso el reclamo en el centro de la escena y creyeron que el efecto político sería mayor al previsto.

"Hacía años que un Presidente no abordaba la cuestión con semejante contundencia", repitieron en los despachos oficiales. Algunos funcionarios fueron todavía más lejos y se remontaron hasta el regreso de la democracia para encontrar un antecedente comparable en la manera de plantear el reclamo.

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Las formas: un Milei menos confrontativo y más presidencial

El dato político, sin embargo, no estuvo solo en el fondo sino también en el registro. El Presidente apareció menos confrontativo que de costumbre, sin perder su sello disruptivo, pero con un tono claramente más institucional que el que exhibe en sus intervenciones habituales.

Los conceptos elegidos por el jefe de Estado y sus colaboradores fueron tres: soberanía, unidad nacional e intereses argentinos. Ninguno de ellos pertenece al vocabulario que Milei utiliza para la disputa cotidiana; todos remitieron, en cambio, a un lenguaje de Estado que el oficialismo casi no había explorado.

Islas Malvinas: el Gobierno festejó el cambio discursivo de Javier Milei en la cadena nacional.

El trabajo previo y el regreso de Santiago Caputo

El discurso tuvo un trabajo previo importante y una participación central del asesor presidencial, Santiago Caputo. El estratega suele involucrarse personalmente en los mensajes que el Gobierno considera estratégicos, sobre todo cuando está en juego el posicionamiento de la Argentina ante el mundo.

Ese dato no fue menor. Caputo venía de quedar afuera de la nueva mesa de comunicación de La Libertad Avanza (LLA) y de ausentarse de la última reunión de Gabinete, en medio de un distanciamiento con el Presidente por el tono oficial. Su rol en la cadena marcó que, en las definiciones decisivas, sigue siendo el que escribe.

Islas Malvinas: el Gobierno festejó el cambio discursivo de Javier Milei en la cadena nacional.

Más que una cadena sobre Malvinas

Por eso en el Gobierno leyeron el episodio como algo más amplio que un anuncio de política exterior. La intención fue también mostrar otra faceta del Presidente, en un momento en el que sus propias formas habían empezado a ser señaladas puertas adentro como un problema de estrategia.

La cadena funcionó, en ese sentido, como una prueba de laboratorio: verificar si el electorado responde mejor a un Milei que ejerce el cargo que a uno que confronta. La respuesta puede condicionar el tono de la campaña que viene.

El único tema que le devolvió el control del relato

Hubo, además, una razón más prosaica. La Casa Rosada atraviesa una situación compleja en materia de opinión pública y no logró manejar la agenda durante los últimos meses, con temas impuestos por la oposición, por los mercados o por su propia interna.

Malvinas le permitió recuperar el control del relato como ningún otro asunto disponible: es una causa que atraviesa todas las banderías, tiene un adversario externo y no admite una réplica sencilla. Durante al menos unos días, el oficialismo consiguió que la conversación pública girara en torno a un tema elegido por él. Hacía meses que no lo lograba.

Islas Malvinas: el Gobierno festejó el cambio discursivo de Javier Milei en la cadena nacional.

El brete que le quedó al peronismo en el Congreso

El movimiento tuvo, por último, una derivación parlamentaria. En el Gobierno calcularon que la iniciativa pone en un brete al peronismo, al que le costará explicar por qué no acompaña la modificación de las normativas que la propia Cristina Fernández de Kirchner envió al Congreso cuando era jefa de Estado.

Se trata de las leyes sancionadas en 2011, que les prohibieron operar en la Argentina a las empresas que exploten recursos naturales en las Islas Malvinas, y de su endurecimiento posterior, aprobado también por el Parlamento en 2013. Ahora volverá a ocurrir lo mismo: será el Congreso el que deba votar una nueva vuelta de tuerca sobre ese mismo andamiaje legal.

Ese fue el corazón de la jugada: obligar a la principal fuerza opositora a definirse sobre un endurecimiento de su propia legislación, en un tema donde el costo de decir que no es alto. Si el cálculo funciona, la cadena del jueves habrá sido bastante más que un discurso de política exterior.

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