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La CGT logró elegir a su nueva conducción durante el Congreso que se desarrolló este miércoles en el estadio de Obras Sanitarias. El nuevo triunvirato está compuesto por Octavio Argüello (Camioneros), Jorge Sola (Seguro) y Cristian Jerónimo (Vidrio). Los tres dirigentes serán las caras visibles de la central obrera en el debate por la reforma laboral.

El congreso que comenzó por la mañana estuvo atravesado por la tensión y la posibilidad de una ruptura. Sin embargo, la elección del triunvirato consolidó el acuerdo interno entre "los Gordos", los independientes, el moyanismo y el sector de Sergio Sasia.

Del otro lado de la grieta interna en la que convive desde hace años la CGT quedaron, totalmente marginados, el sindicalismo kirchnerista junto a Luis Barrionuevo (gastronómicos) y sus aliados.

Ganadores y perdedores del nuevo mapa sindical

El barrionuevismo y el kirchnerismo sindical perdieron todas las discusiones y las votaciones. Lo propio sucedió con la UTA. La primera discusión terminó en una votación en la que los congresales avalaron la continuidad del formato de conducción tripartita. Disconforme con las decisiones, el gremio de los colectiveros, la UTA, abandonó la reunión junto con el barrionuevismo.

Después de ese episodio la calma se hizo presente en el lugar. Unas horas más tarde, la CGT anunciaba a su nuevo triunvirato casi sin sorpresa.

En ese marco, los flamantes cosecretarios generales definieron una postura clara ante el planteo del Gobierno de avanzar con la reforma laboral. Argüello, por caso, advirtió que "con los trabajadores no se jode" y confirmó la unidad del gremialismo para enfrentar cualquier situación que busque quitar derechos. Jerónimo, por su parte, señaló que el movimiento obrero no permitirá ni retrocederá "un solo paso en las conquistas y los derechos adquiridos".

Por su parte, en su discurso, Sola, exvocero de la CGT, reconoció que el mundo del trabajo ha cambiado y acepta las actualizaciones necesarias por la tecnología y la robótica. Sin embargo, enfatizó que lo que busca el Gobierno es debilitar a los sindicatos para que las discusiones de convenios pasen de la actividad a la empresa.

A pesar de los signos de renovación en el triunvirato, con el ascenso de Sola y Jerónimo, la nueva estructura no logró dar un papel protagónico a la rama femenina. La candidata al triunvirato, Maia Volcovinsky (judiciales), no alcanzó la secretaría general.

A trazo grueso, la jornada que se llevó a cabo en Obras Sanitarias dejó en claro quiénes fueron los ganadores y perdedores en el reordenamiento de la CGT. El moyanismo se quedó con lo que ponía en juego. Gordos e Independientes también se quedaron con lo que fueron a buscar.

El barrionuevismo, que durante toda la previa privilegió la tensión sobre el acuerdo con una postura irreductible en favor del fin de la conducción colegiada, fue el gran perdedor. En el mismo estado quedaron el kirchnerismo, apalancado por el metalúrgico Abel Furlán y por la UTA.

Sin embargo, más allá de la disputa en la superficie, no hubo ruptura. Más allá de los desaires a viva voz, tanto el barrionuevismo como la UTA y el sindicalismo kirchnerista quedaron representados en la nueva y extensa nómina de secretarios que suele tener la CGT.

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