Los "afters" en la costa de la provincia de Buenos Aires dispararon un conflicto entre dos intendentes vecinos. Mientras el jefe comunal de Mar del Plata, Guillermo Montenegro, avanza con las clausuras de las fiestas clandestinas su par de General Alvarado, Sebastián Ianantuony, las permite. Al cierra de esta nota, el gobierno de Axel Kicillof tomaba cartas en el asunto.
La noticia tomó trascendencia para las autoridades provinciales ante el riesgo que significan esos eventos en donde no hay controles de seguridad pero tampoco un sistema de emergencias médicas. Todo se potenció después de las imágenes del primero de enero en donde turistas viajaron más de 50 kilómetros desde los eventos habilitados hacia diferentes afters en Otamendi, parte del partido de General Alvarado que popularmente se lo conoce como Miramar.
La reacción de la administración de Axel Kicllof
Las imágenes en redes sociales de cientos de jóvenes que recorrían la ruta que conecta Mar del Plata con Miramar fueron la primera señal de alarma. Cabe recordar que en la provincia de Buenos Aires ese tipo de fiestas se encuentran prohibidos por lo que los municipios tienen la obligación de clausurarlos. "Ya reportamos el evento", le dijo a este medio una fuente directa a la mesa chica de Kicillof ante la consulta de este medio por la situación en Otamendi.
Ianantuony fue uno de los jefes comunales invitados por Kicillof al lanzamiento oficial de la temporada de verano en diciembre. Miembro de Unión por la Patria, el intendente de General Alvarado era presentado por el oficialismo bonaerense como una de las caras más importantes del verano.
"Es una locura fomentar que pibes manejen 50 km para seguirla en afters que están prohibidos en Mar del Plata y en toda la Provincia. En un pueblo con servicios limitados, como Otamendi, ¿cómo respondemos si algo sucede? ¿Y quién se hace cargo? Bienvenidas las propuestas, pero con organización, cuidado y siempre dentro de la ley. No esperemos una tragedia para reaccionar", le dijo al El Observador Joaquín Sanchez Charró, concejal de la bancada del PRO de General Alvarado.
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El edil, en sus redes sociales, incluso posteó videos de la convocatoria a los eventos para este fin de semana en donde se dice explícitamente que se realizan en Otamendi por los controles que se realizan en Mar del Plata. La situación generó que en el Concejo Deliberante de General Alvaro se aprobó por unanimidad un proyecto de resolución para que el Municipio lleve adelante los controles necesarios para clausurar esos eventos.
La preocupación de Guillermo Montenegro por los afters clandestinos
La medida contó, por ser unánime, con los votos del bloque de Unión por la Patria, frente al que pertenece el intendente Ianantuony. La queja en la administración de Montenegro era aún mayor ya que desde principio de temporada montaron un operativo para la clausura de este tipo de eventos, orden de la que se encargó el subsecretario de Inspección General, Marcelo Cardozo.
Kicillof y Montenegro protagonizaron varios cruces durante el último año como consecuencia de diferencias políticas. El más notorio fue por la rambla de Mar del Plata que el intendente quería que se traspase a la orbita municipal para así poder avanzar con un plan de remodelación que incluye la expulsión de las ferias clandestinas. El Gobierno bonaerense rechaza esa posibilidad y sostienen que el plan de obras se iniciará una vez concluida la temporada 2025. Sin punto de acuerdo el conflicto se judicializó e incluyó al predio de Punta Mogotes.
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Los afters clandestinos en Miramar encendieron una alerta en el Gobierno bonaerense en la temporada de verano.
Para Kicillof también la temporada reviste de vital trascendencia. La vidriera de la costa bonaerense hace que no deje detalle librado al azar. Con ese objetivo en mente el operativo Sol de las Policía bonaerense empezó con la saturación de oficiales los municipios turísticos para mitigar cualquier tipo de delitos como también otras eventualidades.
La forma en la que la productora promocionó el evento despertó las sospechas sobre que el propio municipio hacía la vista gorda con el evento. Por eso las autoridades bonaerenses tuvieron que tomar cartas en el asunto. Como si fuera una novela de verano, Kicillof y Montenegro, que tienen diferencias marcadas en cuento a temas de gestión, encontraron un punto en común en el principio de la temporada.