La reunión celebrada esta mañana en el Abasto Hotel con el objetivo de designar a las nuevas autoridades de la Asamblea Nacional del PRO terminó con ribetes escandalosos y desnudando todos los conflictos internos a partir de la difícil situación en la que se colocó el propio partido desde la noche misma en la que Mauricio Macri y Patricia Bullrich sellaron el llamado Pacto de Acassuso con Javier Milei, un apoyo decisivo para allanarle el camino a la presidencia al libertario.
Desde entonces, el camino de las dos máximas figuras del PRO, el ex presidente y la ex candidata presidencial por la coalición Juntos por el Cambio, se ha tornado cada vez más divergente, lo cual tuvo un impacto inevitable en las dos corrientes internas principales del partido: la que responde a Macri es la que se inclina por una suerte de “apoyo crítico” al gobierno de Javier Milei, es decir, la que trabajó abiertamente por la aprobación de la Ley bases y la que le aportó figuras de peso a la difícil gestión del Ejecutivo, pero separando claramente la identidad partidaria de la de La Libertad Avanza; la que responde a Bullrich, por el contrario, subida a la visibilidad que le da su rol como ministra de Seguridad, se decidió por proponer una fusión directa con el elenco gubernamental.
Hasta esta mañana el enfrentamiento no había escalado más allá de las declaraciones públicas y las discusiones internas, pero el resultado del cónclave en el Abasto fue rotundo: sin margen para sellar un armisticio o explorar una negociación, los dirigentes que responden al ex presidente en el partido opositor designaron a Martín Yeza, un dirigente de confianza de Macri, como nuevo conductor de la Asamblea Nacional de Pro, y bloquearon la posibilidad de un fusión electoral con La Libertad Avanza en 2025.
De esta manera, Macri logró correr a Bullrich de los puestos de relevancia de su fuerza en medio de la discusión interna sobre el futuro del vínculo de PRO con el espacio que lidera Milei. Lo hizo pocas horas después de que le reclamara públicamente a la Casa Rosada por los fondos de coparticipación para la Ciudad, su bastión político.
Hubo gritos y reproches cruzados, en un clima de fuerte tensión en la cúpula del partido. Es que Bullrich considera que Macri rompió el acuerdo de palabra que habían sellado sus armadores en marzo pasado cuando consensuaron una lista de unidad para renovar la jefatura de la fuerza y, de esa manera, evitar una elección interna.
La Asamblea Nacional
“¡Que se vote!”, exclamaron los seguidores de Macri al inicio de la reunión. La diputada nacional Silvana Giudici, parte de la comitiva de Bullrich, pidió a sus rivales que no se comportaran como “niños en una asamblea universitaria”. Defendió la unidad de Pro y recordó que la labor de la bancada es fundamental para la gobernabilidad de Milei. Tras la tensa discusión, los dirigentes leales a Bullrich se retiraron de la Asamblea. No tenían los números para frenar la elección de Yeza o dejar sin quórum la reunión. En la entrada del hotel, anunciaron ante las cámaras de televisión que no se irán de Pro, pero denunciaron que el macrismo incumplió un pacto y recurrió a viejas prácticas políticas para vaciar de poder a la ministra.
“Los acuerdos están para ser respetados. Por eso, hemos decidido retirarnos”, declaró la legisladora cordobesa Laura Rodríguez Machado, aliada de la ministra. Entretanto, los macristas confirmaron a Yeza como nuevo titular de la Asamblea Partidaria. Lograron la mayoría de adhesiones, ya que el bullrichismo es minoría y los enviados de Horacio Rodríguez Larreta optaron por no entorpecer la renovación de autoridades. No obstante, Guadalupe Tagliaferri, senadora nacional de Pro y dirigente cercana al exjefe porteño, presentó una nota criticando la disputa abierta entre macristas y bullrichistas y justificando su decisión de abstenerse. “Ninguna de las dos opciones representa lo que siempre este espacio defendió. El Pro que fundamos fue siempre un partido moderno y alejado de todos los extremos”, señaló.
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Martín Yeza, en el centro, nuevo presidente de la Asamblea Nacional del PRO
Antes de esta fractura, Patricia Bullrich difundió una carta explicando su posición: “El debate que quiero dar en el PRO no es un debate de cargos, es mucho más profundo: es un debate de rumbo. No vamos a dar marcha atrás. Decidimos apoyar a Javier Milei porque si el cambio no se daba ahora, nos hundíamos. Y en 6 meses ya vemos un cambio inédito, conseguido contra viento y marea”.
Poco después de su desplazamiento de PRO, Bullrich, quien evitó asistir a la asamblea para no desgastar su imagen ante la inquietud social por el caso Loan, se reunió con sus leales en un bar de Corrientes y Anchorena. Allí, anunció que formará una corriente dentro de PRO que apoye al Gobierno sin condicionamientos. En diálogo con periodistas, descartó la posibilidad de romper el bloque del partido en la Cámara de Diputados. “Ni loca”, afirmó.
Mientras tanto, los representantes de Macri en la Asamblea Partidaria aprobaron una decisión crucial para el futuro de la relación con Milei: bloquearon la posibilidad de una fusión del PRO con otros partidos, pero avalaron la búsqueda de alianzas para formar un frente electoral. En otras palabras, Macri descarta una fusión con Milei, pero está dispuesto a discutir una alianza de partidos.
Tras ser electo como nuevo titular de la Asamblea Nacional, Yeza expuso la posición de Macri. Afirmó que el PRO se mantendrá en el camino del “cambio”. Hizo una autocrítica sobre la performance electoral de Juntos por el Cambio en 2023 y destacó el respaldo de los bloques macristas a las reformas impulsadas por Milei en el Congreso. Subrayó que Pro buscará preservar su identidad y reconfigurarse para volver a ser una alternativa.
La identidad partidaria y el riesgo de la irrelevancia
Más allá de la noticia que indica que el bullrichismo queda desde hoy prácticamente barrido del control de los resortes internos del PRO, lo cierto es que la pelea identitaria se superpone y se mezcla con la de la política real: la decisión de Macri de preservar al espacio político que fundó (y del que, evidentemente, no puede desentenderse ni desapegarse) de una fusión que en los hechos se parecería demasiado a una absorción por LLA, le plantea una serie de problemas que únicamente él sabe si pudo imaginarlos o si los tuvo en cuenta cuando decidió brindarle su apoyo electoral a Milei. Con el vínculo con sus socios de JxC notoriamente deteriorados, el rol de un partido que apoya una gestión gubernamental y le aporta funcionarios a la vez que empieza a mostrar gestos de distancia puede parecer confuso de cara a sus votantes y del próximo proceso electoral en 2025.
Desde luego que nada ni nadie puede garantizar el éxito del Gobierno, pero, así y todo, las gestiones de su ala política encabezada por Karina Milei apuntan a la consolidación partidaria y a una presencia real en todo el país. No caben dudas de que al oficialismo le resultaría más que conveniente el planteo bullrichista de una fusión entre LLA y el PRO, pero el proyecto sólo parece tentar a sus seguidores, atentos a la influencia que Patricia proyecta desde su ministerio.
Pero para un partido relativamente joven como el PRO, que convirtió a la ciudad de Buenos Aires en una plataforma de despegue hacia la política nacional y logró llegar a la presidencia con Macri, el repliegue hacia el territorio porteño, a la reorganización de sus estructuras internas y a la redefinición de su identidad y de su proyecto político puede significarle un riesgo concreto de caída en la irrelevancia, sea cual fuere el resultado de la gestión nacional libertaria.