El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, goza de la impunidad que otorga la amnesia selectiva que a veces padece la sociedad argentina. En los últimos 25 años, el economista egresado de la Universidad de La Plata pasó la mitad de su carrera como parte de la misma casta estatal que hoy asegura combatir.
Fue secretario de Política Económica en 2001, presidente del Banco Ciudad entre 2008 y 2013, diputado entre 2013 y 2015, presidente del Banco Central entre 2015 y 2018 y, en la actualidad, ministro de Desregulación.
Sturzenegger no solo formó parte de la casta política que denuncia, sino que también fue beneficiado por la casta judicial a la que suele atacar. Sin embargo, como si no tuviera pasado ni antecedentes, se subió al escenario del Council of the Americas y eligió un tono provocador: increpó públicamente al presidente de la Cámara Argentina de Comercio, Mario Grinman, quien le respondió recordándole que vivimos en democracia, recibiendo el respaldo de la sala con un aplauso.
En ese mismo discurso, justificó el ajuste sobre la cultura —uno de los sectores más valiosos de la Argentina, como lo es el teatro—, reivindicó a Margaret Thatcher al hablar de revoluciones en democracia y atacó a la Asociación del Fútbol Argentino, con una referencia directa a Claudio “Chiqui” Tapia.
Sturzenegger criticó a Grinman
El ministro eligió un tono chicanero y poco empático. Sturzenegger habló como si no hubiera contexto ni memoria, como si los argentinos no fueran conscientes de la difícil situación económica que atraviesan. Su actitud resultó poco sensible, especialmente hacia Grinman, representante de miles de pymes que aún sufren las consecuencias de la falta de reforma laboral, la “industria del juicio” y otras dificultades estructurales que no se resuelven de un día para el otro.
Su primera experiencia en las grandes ligas de la política nacional no fue precisamente la mejor: gobierno de De la Rúa, 2001, megacanje, estallido y helicóptero. Ese eslabón inicial de su currículum en la función pública lo llevó directamente a los tribunales. Como uno de los artífices del megacanje, Sturzenegger ayudó a concretar una operación financiera que postergó vencimientos de deuda a cambio de un incremento de intereses, que llegaron al 7% anual. El resultado: un aumento de la deuda en 2.255 millones de dólares.
Procesado por negociaciones incompatibles con la función pública
Además del perjuicio económico, fue procesado por el delito de negociaciones incompatibles con la función pública, en una causa que investigaba la manipulación en la selección de bancos beneficiados, que cobraron 150 millones de dólares en comisiones. La causa duró 15 años en la Justicia y, en 2016, ya como presidente del Banco Central, Sturzenegger fue sobreseído por la Cámara Federal II. Casación no revisó el fallo porque el fiscal Germán Moldes decidió no apelar.
A pesar de haber sido favorecido por ese mismo sistema judicial, hoy el ministro critica a “la casta judicial” y hasta llegó a insinuar en redes sociales que merecería el mismo destino que la revolución francesa dio a sus privilegiados. La duda que sobrevuela es si cuándo la justicia lo sobreseyó de forma correcta, ¿también actuó como casta?
Council of the Americas
Sturzenegger puede sentirse parte de la revolución “anticasta” y quizás algún aporte suyo contribuya al futuro. Pero su trayectoria lo ubica también en el álbum de fotos de los fracasos recientes. Por eso suenan desafinadas sus verdades absolutas, como la idea de que lo mejor para la cultura es que “no haya política cultural”.
El Council of the Americas fue escenario de grandes intervenciones en el que predominó el debate de ideas por sobre las agresiones. En contraste, las palabras de su ministro parecieron más destinadas a atacar que a proponer, dejando dudas sobre cuál es el aporte real de su rol en el gabinete.
Tal vez, Sturzenegger deba comprender que hay discusiones necesarias por dar, pero que no se construyen con chicanas ni sonrisas sobradoras, mucho menos en ámbitos de reflexión pública.