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A once años de la primera marcha del Ni Una Menos, Argentina registró durante 2025 una víctima de femicidio cada 44 horas. Aunque las estadísticas oficiales muestran una disminución respecto de años anteriores, los casos recientes de mujeres y adolescentes desaparecidas que luego aparecieron asesinadas volvieron a poner en discusión cuánto cambió realmente la violencia contra las mujeres y qué aspectos siguen sin resolverse.

En las últimas semanas, distintos casos ocuparon el centro de la agenda pública. Agostina Vega, de 14 años, desapareció en Córdoba y fue encontrada asesinada días después. La investigación apunta a Claudio Barrelier, ex pareja de su madre, quien tenía antecedentes por violencia de género. Días antes, en Bariloche, Ana Lía Corte, de 52 años, fue hallada muerta tras permanecer desaparecida durante casi tres semanas. Meses atrás, los asesinatos de Morena Verdi, Brenda del Castillo y Lara Gutiérrez en Florencio Varela generaron marchas y reclamos de justicia en todo el país.

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Aunque se trata de historias diferentes, los casos reabrieron interrogantes sobre la persistencia de ciertas violencias, la forma en que reaccionan las instituciones y el lugar que estos hechos ocupan en la conversación pública.

Lo que cambió desde Ni Una Menos

La investigadora, socióloga y referente del feminismo en Argentina Dora Barrancos sostuvo que el impacto de Ni Una Menos fue profundo y produjo transformaciones que van mucho más allá de las movilizaciones. "Ha habido un despertar de muchas subjetividades, mayor insurgencia entre diversos sectores femeninos del país", afirmó.

Barrancos destacó especialmente la expansión de los feminismos populares, el protagonismo de mujeres indígenas y afrodescendientes y los cambios producidos entre las generaciones más jóvenes. "Hoy las mujeres no piensan, no sienten de la misma manera que hace casi 20 años atrás", sostuvo.

La investigadora señaló que muchas de esas transformaciones se produjeron fuera de los espacios tradicionalmente asociados al feminismo y alcanzaron ámbitos laborales, académicos, científicos y sociales donde hace algunas décadas las demandas de las mujeres tenían menor visibilidad. Sin embargo, esos cambios culturales conviven con formas de violencia que continúan produciendo consecuencias extremas.

Los números detrás de la violencia

Según el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina, durante 2025 se registraron 200 víctimas directas de femicidio, una baja del 12,3% respecto de las 228 contabilizadas el año anterior. En ese período, más de 140 niños y adolescentes quedaron huérfanos por femicidios.

Durante ese lapso hubo una víctima directa cada 44 horas. Además, el 15,5% de las víctimas había estado desaparecida antes de ser encontrada. Fueron 31 mujeres en total. Treinta aparecieron muertas y una continuaba desaparecida al cierre del relevamiento.

Las estadísticas también muestran que la mayoría de los agresores no eran desconocidos. En el 83% de los casos existía algún vínculo previo con la víctima y en casi seis de cada diez situaciones se trataba de parejas, exparejas o relaciones sexoafectivas.

Para la psicopedagoga jurídico-forense y formadora en área de infancias y adolescencia vulneradas Irina Rubio, especializada en niñez y adolescencia, estos datos obligan a revisar algunas ideas muy instaladas sobre el peligro y la prevención. "La figura del extraño que acecha desde afuera es una representación social muy instalada, pero los datos que observamos en la práctica forense muestran otra realidad: en una gran proporción de los casos existe un vínculo previo. Se trata de una persona conocida, alguien del entorno o alguien en quien, en algún momento, hubo confianza", explicó.

Una reacción social que convive con desigualdades

Barrancos considera que los casos recientes también dejaron expuestas tensiones que siguen presentes en la sociedad argentina. "Hay que ponderar las reacciones de la sociedad argentina frente a los femicidios", señaló. La socióloga sostuvo que, pese a los avances producidos en los últimos años, continúan apareciendo discursos que responsabilizan a las víctimas o buscan justificar lo ocurrido. "Es muy abyecto que algunos comunicadores vuelvan sobre algunas cuestiones que creíamos muy superadas. 'Algo habrá hecho', 'algo se empeñó en mostrar'", afirmó al referirse a algunas reacciones que aparecieron tras el femicidio de Agostina Vega.

Barrancos también apuntó contra las diferencias que, según su mirada, persisten en las respuestas institucionales frente a las denuncias. "Hay mucha negligencia cuando las denuncias las formulan los familiares de las niñas de los sectores populares, versus las denuncias que formulan las familias de los sectores más acomodados de nuestro país. Esto es escandaloso", sostuvo.

Para la investigadora, la reacción social frente a los femicidios continúa siendo contundente, incluso cuando la agenda pública se desplaza rápidamente hacia otros temas.

La discusión que vuelve una y otra vez

Cada caso suele generar días de intensa cobertura mediática, movilización en redes sociales y reclamos de justicia. Sin embargo, con el paso de las semanas la atención pública se dispersa hacia otros asuntos. Barrancos relativizó la idea de que ese fenómeno represente necesariamente una indiferencia social. "No me parece inusitado que haya cambios de ejes significativos para tratar en una sociedad como la nuestra que atraviesa tantas dificultades", explicó. Y agregó: "Lo que sería insoportable sería que cesara la condena".

A once años de Ni Una Menos, los datos muestran una reducción de los femicidios respecto de años anteriores. Sin embargo, los casos recientes recuerdan que las desapariciones de mujeres y adolescentes, las violencias ejercidas dentro de vínculos de confianza y las desigualdades que atraviesan las respuestas institucionales siguen formando parte de una realidad que no desapareció.

La condena social frente a la violencia contra las mujeres parece más extendida que en 2015. La pregunta que sigue abierta es cuánto de esa transformación logra convertirse en protección efectiva antes de que una desaparición vuelva a convertirse en noticia.

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