Argentina, con su ecosistema digital avanzado y sus desafíos de fraude, se transformó en un banco de pruebas natural para las soluciones de identidad.
Con un 40% más de intentos de ataque que el promedio mundial, Argentina se convirtió en uno de los mercados más desafiantes para las empresas de ciberseguridad y verificación de identidad. En ese contexto, firmas globales como Incode eligieron al país como base estratégica en América Latina.
"El ecosistema argentino es sofisticado y desafiante, por eso los atacantes lo eligen, y por eso nosotros también", explica Guillermo Pacheco, director de Nuevos Negocios para Latinoamérica de la compañía.
La región vive una escalada sin precedentes en materia de ciberfraude. Las instituciones financieras y tecnológicas enfrentan intentos de ataque que, según estudios internos de Incode, superan en promedio un 40% los del resto del mundo.
"La cuna del fraude digital es América Latina", sostiene Pacheco. El fenómeno dejó de ser artesanal: las bandas delictivas operan de forma internacional, comparten vulnerabilidades por plataformas como Telegram y venden métodos de ataque como si fueran productos.
La ciberseguridad, un terreno de pruebas para la innovación
Esa profesionalización del delito convierte a la región en terreno de prueba para la innovación en seguridad digital. Los bancos y fintech locales buscan soluciones que les permitan equilibrar el acceso fácil con la protección de los datos.
"Mientras nosotros participamos en foros sobre ciberseguridad, ellos están reunidos las 24 horas buscando cómo vulnerar instituciones. La colaboración criminal es altísima, y nosotros tenemos que compartir información con la misma rapidez", agrega.
En ese mapa, Argentina ocupa el tercer puesto en intentos de ataque, detrás de Brasil y México. Lejos de ser un síntoma negativo, el dato revela una madurez tecnológica: cuanto más digitalizado el ecosistema financiero, más atractivo resulta para los defraudadores.
"Argentina tiene un sistema fintech muy avanzado, con alta adopción de billeteras, cripto y plataformas en línea. Ese dinamismo exige defensas de otro nivel", explica el ejecutivo.
Incode, unicornio tecnológico nacido en San Francisco, ya trabaja con más de 20 clientes en el país, principalmente del sector financiero, tecnológico y cripto. La empresa no planea abrir oficinas: su equipo argentino, de unas 20 personas, opera completamente remoto.
"Nuestro modelo es digital, igual que los fraudes que combatimos", dicen desde la compañía.
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El crecimiento no se mide en metros cuadrados, sino en confianza. Incode valida identidades mediante una combinación de biometría facial, inteligencia artificial y análisis de comportamiento.
"No existe una herramienta mágica, sino capas de seguridad", señala Pacheco. La tecnología detecta si un rostro es real o un deepfake, si un documento es auténtico y si los gestos o movimientos del usuario corresponden a una interacción humana. "El riesgo cero no existe, pero se puede reducir sin sacrificar la experiencia del usuario".
El cambio más fuerte, según el ejecutivo, es cultural: la ciberseguridad dejó de verse como un gasto. "Hoy es un habilitador de negocio. Antes las fintech destinaban su presupuesto a marketing o crecimiento. Ahora entienden que sin seguridad no hay futuro", asegura.
La confianza como activo valioso en ciberseguridad
El razonamiento es simple: la confianza es el activo más valioso. Cuando un cliente sufre un fraude, no culpa al hacker, sino a la marca que usaba. "Esa pérdida de reputación es incalculable", dice. En ese sentido, invertir en protección no solo previene pérdidas, sino que permite competir en un mercado donde los usuarios buscan plataformas seguras antes que rentables.
Incode también observa cómo la inteligencia artificial se convierte en una paradoja: es tanto la amenaza como la defensa. Los fraudes generados con IA —deepfakes, identidades sintéticas, manipulación de documentos— crecen cada año, pero las mismas herramientas sirven para detectarlos. "La única forma de combatir IA maliciosa es con más IA", resume Pacheco.
La biometría, agrega, ya no alcanza por sí sola. La identidad digital actual se compone de múltiples señales: rasgos físicos, comportamiento, dispositivo y contexto. "Sabemos que una persona se toma una selfie porque el teléfono se mueve de cierta manera. Si no lo hace, algo no encaja. La identidad se construye con miles de microdetalles invisibles”, explica.
Argentina, con su ecosistema digital avanzado y sus desafíos de fraude, se transformó así en un banco de pruebas natural para las nuevas soluciones de identidad. "Aquí vemos en tiempo real lo que después ocurre en otros mercados", dice Pacheco.
El país combina un alto nivel de digitalización con usuarios acostumbrados a los riesgos, lo que genera un ambiente ideal para perfeccionar modelos de defensa. A eso se suma un marco regulatorio que, aunque complejo, incentiva la adopción de medidas de autenticación más estrictas.
Para las empresas del sector, el desafío ya no es solo tecnológico. Se trata de mantener la confianza en un entorno donde la identidad puede falsificarse con un clic. "Hoy la confianza es la nueva moneda", resume Pacheco.
En un escenario de ataques crecientes y avances en inteligencia artificial, Argentina se consolida como uno de los centros de experimentación más relevantes para la seguridad digital en la región.