La depresión posparto puede darse también en los padres varones, aunque no cuando se lo imagina
Un estudio llevado a cabo con más de un millón de hombres reveló que la depresión paterna aumenta un 30% recién al año del nacimiento, no inmediatamente después del nacimiento.
25 de marzo 2026 - 17:31hs
La salud mental de los padres varones no colapsa en la sala de partos ni en las primeras semanas con un recién nacido. El deterioro llega más tarde, cuando el foco social ya se desplazó y nadie pregunta cómo están ellos. Eso es, en síntesis, lo que reveló un estudio publicado hace pocos días en JAMA Network Open, una de las revistas médicas de mayor prestigio internacional, con datos de más de un millón de padres suecos seguidos durante casi dos décadas.
La investigación, elaborada en conjunto por el Instituto Karolinska de Estocolmo y la Universidad de Sichuan (China), rastreó cuándo fue que los padres fueron diagnosticados por algún tipo de problema en su salud mental, concretamente, un diagnóstico psiquiátrico. El rastreo se hizo desde un año antes del embarazo de la pareja hasta un año después del nacimiento. Los resultados contradicen la intuición más extendida: la tasa de nuevos diagnósticos psiquiátricos no sube durante el embarazo ni en los primeros meses posteriores al parto, sino que cae. El problema surge después, cuando la euforia inicial se disipa y la carga acumulada empieza a pesar.
Los investigadores analizaron 1.915.722 nacimientos correspondientes a 1.096.198 padres registrados en Suecia entre 2003 y 2021. Al cruzar los datos de distintos registros nacionales, pudieron reconstruir semana a semana la probabilidad de que un padre fuera diagnosticado por algún problema de salud mental a lo largo de ese período de dos años.
Durante el embarazo y las primeras semanas posteriores al parto, la tasa de diagnósticos psiquiátricos paternos desciende respecto del año previo a la concepción. Para la semana uno del embarazo, esa tasa era de 5,50 casos por cada 1.000 años-persona; en la semana uno del posparto, de 5,19; mientras que en el período previo al embarazo ascendía a 7,00. La caída se profundiza hacia el final de la gestación, donde llega a su mínimo: 4,01 casos por cada 1.000 años-persona en la semana 41.
Hay al menos dos explicaciones plausibles para ese descenso. Una es que la transición a la paternidad genera, al menos transitoriamente, un efecto protector genuino: el sentido de propósito, el fortalecimiento del vínculo de pareja y el cambio de hábitos que muchos hombres realizan cuando saben que van a ser padres. La otra, más incómoda, es que los padres simplemente dejan de pedir ayuda: sea porque priorizan las necesidades de su pareja, porque el sistema de salud perinatal está diseñado para la madre y el bebé, o porque los mandatos culturales sobre la masculinidad los llevan a silenciar sus propios malestares.
Jing Zhou, estudiante doctoral del Instituto de Medicina Ambiental del Karolinska y coautora del trabajo, lo planteó así: "La transición a la paternidad suele combinar experiencias positivas con una serie de nuevos elementos estresantes. Muchos padres atesoran los momentos íntimos con su hijo, pero al mismo tiempo la relación con su pareja puede verse afectada y la calidad del sueño puede deteriorarse, lo que puede contribuir a un mayor riesgo de problemas de salud mental".
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El hallazgo más relevante, y el que según los propios autores los sorprendió, es lo que ocurre después. Los diagnósticos de depresión y de trastornos relacionados con el estrés aumentan más de un 30% hacia el final del primer año de vida del hijo, comparados con el período previo al embarazo. Para los trastornos depresivos, la razón de incidencia en las semanas 45 a 49 del posparto fue de 1,30; para los trastornos relacionados con el estrés, de 1,36. En cambio, los diagnósticos de ansiedad y de trastornos por uso de alcohol y drogas volvieron a niveles similares a los previos sin superar ese umbral.
"El aumento tardío de la depresión fue inesperado y subraya la necesidad de prestar atención a las señales de alerta de mala salud mental en los padres mucho tiempo después del nacimiento de su hijo", señaló Donghao Lu, profesor asociado del Instituto de Medicina Ambiental del Karolinska y autor de correspondencia del estudio.
La ciencia que siempre miró para otro lado
El estudio del Karolinska llega a completar una laguna de conocimiento que la investigación biomédica tardó en reconocer. Durante décadas, el foco del período perinatal estuvo casi exclusivamente puesto en las madres: la depresión posparto materna tiene protocolos de detección en muchos países, se estudia en abundancia y se monitorea de manera rutinaria en algunos sistemas de salud. Los padres, en cambio, fueron una presencia subsidiaria en ese escenario.
Alrededor de uno de cada diez padres experimenta algún trastorno psiquiátrico en el período perinatal, según estimaciones recogidas en una revisión publicada en Frontiers in Public Health en 2024. Esa proporción está probablemente subestimada, porque los hombres buscan atención de salud mental con menor frecuencia, en parte por barreras culturales y en parte porque los sistemas de atención perinatal no los incluyen de manera activa.
La brecha es aún más pronunciada en América Latina. La investigación sobre salud mental perinatal en la región se concentra casi por completo en las madres, y los estudios sobre padres son prácticamente inexistentes. En Argentina, como en la mayoría de los países de la región, no existen datos sistemáticos sobre la incidencia de trastornos psiquiátricos en padres durante el embarazo y el posparto: lo que hay son registros fragmentarios y estudios de pequeña escala. El silencio clínico que el nuevo estudio sueco vuelve más evidente no es exclusivo de aquel país.
Por qué importa para toda la familia
La salud mental paterna no es un asunto privado. La evidencia acumulada muestra que la depresión en el padre tiene consecuencias que se extienden al conjunto del núcleo familiar. Los hijos de padres con depresión perinatal tienen mayor riesgo de desarrollar problemas de salud mental a lo largo de su vida, según una revisión sistemática publicada en JAMA Network Open en 2023. La depresión paterna también se asocia con mayor riesgo de depresión en la madre, en un vínculo bidireccional que puede retroalimentarse cuando ninguno de los dos recibe atención.
El estudio del Karolinska identificó además un subgrupo de mayor vulnerabilidad: los padres con bajo nivel educativo presentan tasas de diagnóstico psiquiátrico consistentemente más altas antes, durante y después del embarazo. En la semana uno del posparto, la tasa en padres con menos de diez años de educación formal fue de 10,85 casos por cada 1.000 años-persona, más del doble que la registrada en padres con diez a doce años de educación (5,09 por cada 1.000 años-persona). La desventaja socioeconómica profundiza una vulnerabilidad que el sistema sanitario todavía no sabe cómo abordar.
El estudio tiene limitaciones que sus propios autores reconocen: se basa en diagnósticos registrados, por lo que los padres que no buscaron atención médica no están contabilizados y el problema real podría ser mayor. Si estos resultados son susceptibles de ser generalizados a países con sistemas de salud más fragmentados que el sueco queda también como una pregunta abierta.