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Un informe regional elaborado por la Fundación Ceibal de Uruguay -la primera radiografía comparada del estado de la tecnología en los sistemas educativos de América Latina y el Caribe- mostró que ocho de los nueve aspectos evaluados en 25 países se encuentran en niveles bajos de desarrollo, y que la inteligencia artificial es, por lejos, la asignatura más pendiente.

Argentina aparece por encima del promedio regional en conectividad y gestión de datos, pero sus propios docentes y académicos advierten que esa infraestructura no llega a traducirse en mejoras concretas dentro del aula.

El estudio, publicado el 22 de abril bajo el título Transformación digital educativa en América Latina y el Caribe: ¿dónde estamos y hacia dónde vamos?, fue elaborado en el marco del proyecto EdTech Initiative, financiado por el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC) de Canadá.

El diagnóstico recogió las percepciones de funcionarios, docentes, directivos, académicos y representantes de la sociedad civil de los 25 países relevados, en una escala de madurez del 1 al 4. Solo uno de los nueve pilares evaluados -la capacidad de los sistemas para identificar sus propios problemas- alcanzó un nivel medio, con un puntaje de 2,71. La formación docente y el uso de datos para tomar decisiones de política pública compartieron el puntaje más bajo: 2,39 sobre 4.

La brecha entre el Estado y el aula

El hallazgo más revelador no está en los números sino en la distancia que separa la percepción de los funcionarios de la de quienes trabajan en las escuelas. Mientras los actores gubernamentales tendieron a destacar avances en planificación e institucionalidad, docentes, académicos y organizaciones de la sociedad civil describieron un escenario de implementación fragmentada, desigual y sin continuidad.

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Los Estados compraron equipos y desarrollaron plataformas digitales, pero no previeron su mantenimiento ni su reposición, no capacitaron a los docentes para usarlas con sentido pedagógico, y cuando cambió el gobierno de turno, los programas se interrumpieron. Las computadoras envejecieron. Las plataformas quedaron disponibles, pero vacías de uso.

Las voces de los actores argentinos consultados ilustran ese desfasaje. Un docente señaló que "la plataforma existe, pero la mayoría de los docentes no la usa, no está en el día a día". Un líder tecnológico del sector educativo describió que "se entregaron dispositivos, pero ya muchos están obsoletos y no hay plan de reposición". Y una representante de una organización de la sociedad civil fue más directa: "Son experiencias fragmentadas a nivel subnacional; el desarrollo es muy desigual a nivel nacional".

Argentina, mejor que el promedio pero con sus propios problemas

En el mapa regional, Argentina integra el segundo grupo de países, junto con Brasil, Colombia y México -el cluster de "institucionalidad fuerte con brechas internas"-: países con capacidad técnica y normativa, pero con persistentes desigualdades territoriales que hacen que las políticas no lleguen de la misma manera a todo el sistema educativo.

Los números ubican al país por encima de la media regional en tres áreas: programas educativos con tecnología (+21,7% respecto al promedio), uso de datos (+20,9%) y conectividad (+20,1%). El SInIDE (Sistema Integral de Información Digital Educativa), dependiente de la Secretaría de Educación del Ministerio de Capital Humano, es señalado como uno de los sistemas de información más desarrollados de la región, con un puntaje de 2,98 sobre 4 en el pilar de datos.

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Sin embargo, el desafío ya no está en el acceso sino en el uso. La representante académica argentina consultada en el informe lo resumió: "no se hace seguimiento real de cómo evolucionan las brechas". Argentina tiene datos, pero no los usa sistemáticamente para corregir sus propias políticas. Tiene infraestructura, pero sus docentes no la incorporan a la práctica cotidiana.

En el extremo opuesto del ranking están Uruguay y Costa Rica, con ecosistemas digitales consolidados y políticas que trascienden los ciclos electorales. En el otro extremo, Ecuador, Guatemala, Honduras y Perú presentan fragmentación institucional y brechas estructurales profundas.

La inteligencia artificial, ausente sin aviso

El aspecto más crítico es también el más actual: la inteligencia artificial obtuvo el puntaje más bajo de todos los indicadores, con un promedio regional de 2,01 sobre 4. Cuando se midió específicamente el uso de IA para analizar datos educativos, el número cayó todavía más: 1,99.

La mayoría de los países no tiene marcos regulatorios ni políticas claras sobre cómo integrar la inteligencia artificial en las escuelas. Una representante de una organización de la sociedad civil de Bolivia lo sintetizó con una frase aplicable a buena parte de la región: "La IA aún no es un tema para la política educativa del país; no hay estrategias formales ni formación docente al respecto".

Roberto Porzecanski, director de la Fundación Ceibal, planteó el desafío en estos términos: "La transformación digital educativa ya cuenta con una base instalada en la región, pero el desafío ahora es dar el siguiente paso: pasar del acceso a la tecnología a su uso efectivo en los aprendizajes. Esto implica fortalecer la formación docente, integrar la tecnología con sentido pedagógico y asegurar que las políticas lleguen de forma equitativa a todos los territorios".

Temas:

Tecnología Educación inteligencia artificial

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