La red social X (ex Twitter) clausuró el pasado 7 de agosto su programa Revenue Sharing, el mismo que desde 2023 repartía dinero entre los usuarios según el nivel de interacción que generaban sus publicaciones, y lo reemplazó por un esquema nuevo llamado Original Content Rewards. La empresa dejó de aceptar inscripciones al viejo sistema de manera inmediata: quienes ya estaban adentro cobrarán hasta el 7 de septiembre, con tres pagos finales repartidos entre el 14 de agosto, el 28 de agosto y una liquidación de cierre prevista para el 11 de septiembre.
La reforma llega después de un año de intentos parciales por corregir el programa anterior. En marzo, X había empezado a darle más peso a las audiencias locales de cada creador a la hora de calcular los pagos, un cambio que tuvo que frenar después de que creadores de Nigeria y de otros países denunciaran que la medida castigaba injustamente a las cuentas con seguidores repartidos por el mundo. En abril, la empresa había reducido los pagos a las cuentas dedicadas a repostear contenido ajeno. Ninguno de esos ajustes alcanzó: la compañía terminó optando por diseñar el sistema de pagos desde cero.
Cómo funciona el nuevo esquema
A partir de ahora, el dinero ya no se calcula según la cantidad de respuestas o interacciones totales que recibe un posteo, sino según las impresiones calificadas: visualizaciones únicas de usuarios suscriptos a alguno de los planes Premium de X, registradas en el feed principal —el Home Timeline— y con al menos la mitad del contenido a la vista. Quedan afuera del cálculo las vistas repetidas de una misma cuenta, las impresiones pagas o promocionadas y cualquier posteo que tenga adosada una Nota de Comunidad, el sistema de verificación colaborativa de la plataforma.
Para entrar al programa hace falta ser mayor de 18 años, tener la cuenta al día, estar suscripto a Premium, sumar al menos 500 seguidores verificados y haber generado 500.000 impresiones de cuentas verificadas en los últimos 90 días, sin contar las respuestas. Quienes ya cobraban por Revenue Sharing van a tener que volver a postularse a partir del 8 de septiembre, aunque no tendrán que repetir los trámites de verificación de identidad ni de método de cobro si ya los completaron antes.
La responsable de anunciar el cambio fue Allegra Jacchia, gerenta senior de Producto para Creadores de X, quien lo planteó como una corrección de incentivos: "Revenue Sharing había llegado a un punto en el que sus incentivos estaban desalineados", escribió en su cuenta al lanzar el programa. Según su planteo, la empresa prefirió construir un sistema nuevo antes que seguir sumando excepciones al anterior, que terminaba premiando a quienes mejor sabían explotar sus reglas y no a quienes aportaban contenido genuino.
Una salida antes del anuncio
El diseño de la reforma quedó asociado al nombre de Nikita Bier, quien ocupó la jefatura de Producto de X durante poco más de un año y dejó el cargo el 6 de agosto, apenas un día antes de que se confirmara el lanzamiento de Original Content Rewards. En su mensaje de despedida, Bier dijo que le tocaba "pasar la posta y volver a mi estado natural: alguien que postea", aunque aclaró que va a seguir como asesor de la empresa.
Durante su gestión, Bier impulsó buena parte de los cambios que anticiparon esta reforma: el etiquetado de cuentas según su país de origen —que expuso a varias cuentas políticas que se presentaban como estadounidenses sin serlo— y sucesivas restricciones a las cuentas dedicadas al engagement bait, el contenido diseñado casi exclusivamente para generar reacciones. Horas antes de irse, compartió sin agregar nada el posteo de un usuario que le agradecía por haberle "tirado una bomba" a ese tipo de cuentas.
Lo que dice la evidencia
El giro de X coincide con una discusión que ya lleva años en el terreno académico sobre cómo las redes sociales terminan premiando el enojo por sobre la calidad. Un estudio publicado en 2024 en la revista Science, firmado por investigadores de las universidades de Northwestern y Princeton, analizó más de un millón de posteos en Facebook y Twitter y encontró que el contenido que genera indignación moral se comparte con más frecuencia y, en buena parte de los casos, sin que quien lo comparte lo haya leído antes. Según los autores, ese mecanismo explica en parte por qué la desinformación circula tanto: apela a una reacción visceral que no depende de que el dato sea cierto.
Otro trabajo, publicado en PNAS Nexus y centrado directamente en el algoritmo de Twitter previo al rebautizo como X, llegó a una conclusión parecida: el sistema de ranking basado en engagement amplificaba contenido cargado emocionalmente y hostil hacia el bando político contrario, incluso cuando los propios usuarios encuestados decían preferir no verlo en su feed.
En ese contexto se entiende mejor un dato técnico que circuló esta semana entre quienes analizan el algoritmo de X: en la versión de código abierto que la empresa liberó en 2023, una respuesta pesaba 13,5 veces más que un like a la hora de definir qué tan lejos llegaba un posteo, sin distinguir si esa respuesta era elogiosa o agresiva. Ese desbalance es, para buena parte de los críticos del sistema anterior, la explicación técnica de por qué la polémica terminó siendo, durante años, el formato mejor pago de la red.