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En medio de la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China, la batalla por el dominio de los sistemas de navegación satelital —representada por el enfrentamiento entre el GPS estadounidense y el BeiDou chino— revela una dimensión más profunda de lo que parece a simple vista. No se trata solo de quién tiene más satélites o mayor precisión. El verdadero momento determinante será la integración con inteligencia artificial (IA), y allí es donde el juego cambia.

Hoy, el GPS es gratuito y está entrelazado con el ecosistema tecnológico global. Pero todavía no se explotó todo el potencial que ofrece la IA. Cuando esto ocurra —cuando la IA procese, anticipe, corrija y optimice rutas y posicionamientos en tiempo real, con una precisión y eficiencia inalcanzables hasta ahora— el GPS dará un salto cualitativo, ya que se convertirá en una red cognitiva.

El problema estructural de BeiDou

En este escenario, BeiDou enfrenta una limitación estructural. Aunque logró avances notables en cobertura y precisión, y reemplazó al GPS en China y en ciertos países alineados, lleva consigo un problema insalvable: la dependencia absoluta del aparato estatal chino. Cada dato, cada movimiento, cada señal, pasa por la supervisión del Estado chino. Esto no es paranoia: es la lógica estructural del sistema tecnológico chino, donde incluso empresas como DeepSeek demostraron ser parte de un ecosistema centralizado que responde a los intereses de Pekín. Al exportar BeiDou, China no exporta solo una herramienta, exporta un mecanismo de recolección de datos masiva. Dado que no cobra por el servicio, no hay otra explicación lógica salvo una estrategia geopolítica de acumulación y control de información.

El talón de Aquiles de China es cada vez más evidente: la IA, porque perdió el acceso a los chips de última generación. Sin semiconductores avanzados, no hay IA moderna, y sin ésta no hay evolución de BeiDou. El sistema, por más satélites que tenga, se estanca en una fase previa a la revolución cognitiva en desarrollo.

Estados Unidos mantiene la ventaja

En cambio, Estados Unidos tiene todo para liderar esa transformación. Tiene la infraestructura, los chips, los modelos de IA y el ecosistema tecnológico necesario para hacer del GPS algo más poderoso. Y hay un factor que aún no se desplegó del todo: Starlink de Elon Musk. Si esa red satelital global se adapta para funciones de navegación de alta precisión, el dominio de Estados Unidos en este terreno se convertiría en absoluto.

Así, el verdadero conflicto no está en el cielo, entre constelaciones de satélites, sino en la capacidad de dotar de inteligencia a esos sistemas. Y en ese campo, China ya muestra señales de quedarse atrás.

Las cosas como son.

Temas:

Estados Unidos IA Starlink China

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