El Mundial desplegó su magia. Durante 45 días, poco más o poco menos, la sensación de vivir ajenos al tiempo invadió a la Argentina. Una especie de suspensión de los tiempos políticos, o por lo menos de la intensidad que desparrama su agenda. Sin embargo, el poder y la política nunca dejan de moverse.
Mientras toda una sociedad tenía su mirada puesta en una pelota que rodaba a miles de kilómetros de distancia el Gobierno, la oposición y la Justicia siguieron tomando decisiones. Nada hubiera sido igual sin los goles de Messi, las remontadas de la Scaloneta y la bandera que le recordó al mundo que las Malvinas son Argentinas.
Se sabe, en la Argentina, la pasión futbolera suele funcionar como el velo perfecto: una anestesia colectiva que permite avanzar casilleros en el tablero del poder sin el ruido ensordecedor de la opinión pública. Mientras nos emocionábamos con la épica de la Selección y se discutía la importancia de una bandera, en los despachos donde se decide el destino del país, el pulso no tembló para ejecutar planes que nada tienen de deportivos.
El Gobierno y el uso del fixture
Para la administración de Javier Milei, el Mundial fue la oportunidad de resolver ruidos internos y blindar frentes judiciales críticos. El 27 de junio, el mismo día que Argentina le ganaba a Jordania por 3 a 1, se terminó de consumar la salida de Manuel Adorni de la jefatura de Gabinete. El hombre que ocupó un puesto central durante más de dos años de gestión fue sostenido por los hermanos Milei durante tres meses en medio de un escándalo que acaparó la agenda y que terminó con una investigación por enriquecimiento ilícito que hoy tramita en Comodoro Py.
El ex vocero tuvo el respaldo del presidente y su hermana, pero era resistido por todo el Gabinete. Desde el Senado, la jefe de bloque libertaria, Patricia Bullrich, hizo saber a propios y a extraños que Adorni se había convertido en el principal obstáculo para hacer funcionar el Congreso. Para eso contó con el respaldo del PRO, principal socio parlamentario del oficialismo.
El relato del ahorro cripto y una billetera virtual recuperada no logró calmar las aguas, ni siquiera con el evento deportivo más grande del mundo como pantalla. El final institucional de la historia es conocido.
Más allá de eso, el verdadero "gol" del oficialismo no fue dentro del campo de juego, sino en los tribunales. El 3 de julio, mientras sufríamos contra Cabo Verde, el juez Marcelo Martínez de Giorgi firmó una resolución que en la Casa Rosada festejaron casi como el gol de Maradona a los ingleses en el 86'. El magistrado decidió apartar a todas las querellas de la Causa $LIBRA. Así las cosas, sin particulares que impulsen expediente el trámite pasó a depender exclusivamente del fiscal Eduardo Taiano que le impone cierto ritmo cansino al trámite judicial.
Así las cosas, el Gobierno logró enfriar la causa que más desvelaba al triángulo de hierro. A esto se sumó, el 25 de junio, la firma de 47 decretos para designar jueces federales, la cobertura de vacantes más grande en años. En ese marco, Milei intentó excluir de la nómina que trataría el Congreso únicamente a la jueza Micheli, cuñada del periodista Hugo Alconada Mon. No pudo. Hubo roses con Bullrich y el PRO.
La oposición: entre dólares y rupturas
Mientras tanto, en la vereda de enfrente, el peronismo intentaba "hacer la plancha", pero el pasado siempre vuelve en el momento menos oportuno. El 20 de junio, mientras la Selección goleaba en el debut, se filtraron videos del celular de Jesica Cirio con valijas y bolsos repletos de dólares, presuntamente de Martín Insaurralde. Un muerto político que le revivió al peronismo justo cuando quería pasar desapercibido.
Ese mismo día, el kirchnerismo terminó de romperse a la vista de todos. El banderazo por la libertad de Cristina Kirchner fue el escenario de una ausencia ruidosa: la de Axel Kicillof, cuyo entorno admitía el miedo a que "se pudra" la situación con la militancia dura. Máximo Kirchner, como orador principal, no ahorró dardos para quienes ya ni visitan a su madre, confirmando un cambio de estrategia: el plan ya no es "Cristina libre", sino "Cristina candidata", una jugada que profundiza la fractura expuesta con la gobernación bonaerense.
El bochorno de la Justicia y sus tiempos
La Justicia argentina también tuvo su cuota de surrealismo durante estas semanas. El 7 de julio, en pleno juicio oral de la Causa Cuadernos, asistimos a un papelón institucional: citaron a declarar a un contador llamado Juan Carlos Santos, pero se equivocaron de persona. El hombre que se presentó no era el que buscaban, un error que se viralizó por lo ridículo pero que es síntoma de un sistema que parece moverse por inercia o por conveniencia.
Mientras causas sensibles como $LIBRA se vacían de querellantes, en otras se pierden en laberintos procesales que solo alimentan la sensación de que el tiempo judicial es un chicle que se estira según quién mire el reloj.
El Congreso: patriotas de cabotaje y leyes fallidas
En el Palacio Legislativo, el Mundial fue el argumento final para un fracaso anunciado. El 15 de julio, por cuarta vez, se cayó el tratamiento de la ley que impulsa el ministro de Desregulación Federico Sturzenegger que lleva por título Ley de Inviolabilidad de la propiedad privada.
El proyecto, que buscaba eliminar los límites a la extranjerización de tierras, desató una guerra de chats "mega calientes" entre Patricia Bullrich y Victoria Villarruel. La Vicepresidenta, con una lectura política mucho más afilada, le frenó el carro a la exministra y principal espada parlamentaria de Javier Mieli: no se podía votar una ley para venderle tierras a extranjeros apenas horas después de haberle ganado a Inglaterra en un partido cargado de simbolismo nacionalista por Malvinas. Villarruel entendió que, con el sentimiento patriótico a flor de piel, esa ley era un suicidio político que ni el Mundial podía tapar.
El Mundial terminó, ya no queda festejo en la 9 de julio, tampoco rostros pintados para la ocasión. No hay juntada ni distracción. La euforia ya es un recuerdo más. En ese marco, lo que queda son las consecuencias de las decisiones tomadas bajo la sombra de la distracción. Los 47 jueces están nombrados, la Causa $LIBRA está anestesiada, el kirchnerismo está más roto que nunca y la ley de tierras espera agazapada a agosto. El Mundial nos dejó una alegría deportiva, pero también nos dejó la confirmación de que, en Argentina, la política nunca se toma vacaciones.