No se trata solo de ganar las elecciones.
El Perro, que gobierna España sin titubear desde hace ocho años, ha comenzado a mirar por sobre el hombro un espejo donde se le aparece Cristina Fernández de Kirchner. La primera presidenta de la Argentina elegida por los votos. Es la misma que hoy tiene los movimientos restringidos por una tobillera electrónica luego de un fraude al Estado bien organizado con el que se enriqueció toda su familia.
Es que el círculo negro de la corrupción, que atrapó a su ministro preferido, el nocturno José Luis Abalos; y también al servicial del PSOE, Santos Cerdán, tiene a uno preso en una cárcel común y al otro encerrado en su casa con una tobillera idéntica a la de Cristina.
Y las nubes de la tormenta no se detienen allí.
David, el hermano culturoso de Pedro Sánchez, ha sido condenado por la Justicia en Badajoz porque le diseñaron un cargo público para que pudiera ejercer de Jefe de Artes escénicas en la provincia. Innecesario que fuera el Estado regional español el que le diera trabajo habiendo tantas empresas generosas que comen de la mano del Presidente y que lo hubieran hecho al instante por pura generosidad.
Eso para no mencionar el caso tenebroso más cercano a Pedro Sánchez. El de su esposa, Begoña Gómez, citada a juicio oral para comprobar si es cierto que ayudaba a empresarios amigos a obtener algunos contratos ventajosos.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, besa a su mujer Begoña Gómez.
Begoña deberá ir a dar explicaciones y de poco le servirá el beso en la boca que le estampó el Presidente en un mitin electoral a ver si la prensa y las redes se olvidan un poco de Ceuta y de Montse Mínguez, y de sus treinta propiedades con desahucios que llevan indeleble el inoportuno sello socialista.
Cuando se le pregunta en reserva, uno de los juristas más importantes de España señala tres cuestiones que podrían dejar a Pedro Sánchez en serio riesgo de terminar sus días fuera del poder en una prisión.
El orden del peligro sería el siguiente.
- El financiamiento ilegal del PSOE. Es el caso en el que se investigan aportes empresarios e internacionales sobre dineros en negro para financiar la logística partidaria que encumbró a Pedro Sánchez. El más complicado en esta trama es el ex ministro sanchista, José Luis Abalos.
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Los servicios de Rodríguez Zapatero. La Justicia esta avanzando cada vez más sobre las mordidas que habrían consolidado la fortuna del ex presidente socialista y de su familia. Las ayudas a la aérea Plus Ultra y a sus gestiones ante el chavismo venezolano y el empresariado chino es otro de los agujeros negros que preocupan a muchos de los funcionarios del Gobierno y a muchos dirigentes apartados por Sánchez de los cargos más influyentes del PSOE.
Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero.
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La invasión migratoria de Ceuta. La llegada de miles de inmigrantes ilegales desde Marruecos a la ciudad española en Africa no solo ha marcado un quiebre político entre la sociedad y Pedro Sánchez, sino que también amerita una investigación judicial que ya está en marcha. La jueza de la Audiencia Nacional, María Tardón, ha citado a policías e integrantes de la Guardia Civil para saber si el presidente de España sabia de la invasión y no actuó en defensa del país; porqué no devolvió de inmediato a los invasores a su país y cuál es la causa de su vulnerabilidad ante cada desafío del Reino de Marruecos. ¿Hay secretos en el sistema de espionaje Pegasus que le impide defenderse de los marroquíes.
Dirigentes de todos los sectores políticos de España coinciden en señalar que Pedro Sánchez cuenta con serias chances de terminar en la cárcel si pierde las elecciones que se van a celebrar en 40 días.
El “lawfare" que a veces no alcanza
Por eso, el político más hábil de España en muchos años no dudó un minuto en convocar a elecciones generales apenas sospechó que el caso de la anciana Maricarmen podía alterar el territorio político y se dedicó a sembrar la cizaña de la polarización extrema.
Hombre precavido, Pedro Sánchez ha ido preparando el terreno de la Justicia por si las cosas se ponen realmente feas. En los dos últimos años, no dejó reflexión política sin dejar caer el término “lawfare”, la bandera de la izquierda global para referirse a las batallas judiciales y a la que echan mano cada vez que uno de los suyos, sea Lula, Rafael Correa o Cristina Kirchner, el que cae por las esquirlas de la corrupción.
Claro que Pedro Sánchez deberá tener en cuenta una cosa. A Cristina no le ha servido de nada el caballito del lawfare. La Justicia argentina se tomó más de una década en profundizar las investigación sobre su enriquecimiento y el origen de sus hoteles, casas y apartamentos en Buenos y en la Patagonia. Pero, finalmente, la condenó y apareció la tobillera.
Cristina Kirchner, como muchos en la Argentina, cree que a pesar de las evidencias ella jamás hubiera ido presa de haber permanecido en alguna isla del poder.
Pero sin el abrigo de tantos jueces y fiscales amigos, la ex presidenta argentina debió resignarse a cumplir con la condena y a restringir su gestualidad política a los bailecitos que practica en el balcón de uno de sus apartamentos en un barrio céntrico de Buenos Aires.
No hay danza que alcance para dispersar el miedo que los dirigentes políticos tienen cuando la lluvia ácida de la justicia empieza a golpear sobre sus cabezas. Los ejemplos sobran, a la derecha y a la izquierda del espectro virtual de las ideologías.
Lula y Bolsonaro padre en Brasil. Fujimori en Perú y Correa en Ecuador. Jeanine Añez en Bolivia y Nicolás Sarkozy en Francia. Una vez abandonado el barco del poder, las cosas se ponen bastante más difíciles.
Es lo que le pasó a Cristina Kirchner en Argentina y crece el número de los que creen que Pedro Sánchez puede seguir un camino parecido en España.
Por eso, el Presidente que se ríe de todos desde hace una década, frunce los labios cada vez con mayor frecuencia. Le tiene un miedo ancestral al futuro.
Se sabe. Los equilibristas no necesitan las redes de protección para demostrar sus habilidades.
Pero, si el enésimo salto falla y la caída se torna inevitable, siempre es mejor que estén allí para amortiguar el golpe más doloroso que impacta en la cara y en el ego indestructible de los dirigentes políticos.