“Yo cada vez que viajo a España lo veo a Pedro y hablamos”, aseguró Alberto Fernández con acentuada familiaridad, en una entrevista hace apenas dos meses.
Pedro es Sánchez, el presidente del gobierno de España. Lo recibió en la Moncloa con todos los honores en enero pasado, ya fuera del poder, aunque hasta ahora se ha negado a sentarse con el actual jefe de Estado de la Argentina, Javier Milei, por sus irreconciliables diferencias ideológicas.
Agosto en España es como enero en Buenos Aires. Los negocios en las calles casi desiertas por el calor agobiante, cuelgan carteles de “estamos de vacaciones”, y los políticos se sacan fotos en la playa o casas de campo. Como el propio Sánchez, de viaje familiar con su familia en Lanzarote esta semana.
El socialista no se ha pronunciado sobre el escándalo que tuvo como epicentro a Madrid, en donde vive Fabiola Yáñez, quien esta semana acusó a su amigo justicialista ante la Justicia argentina por violencia de de género, con detalles y fotos escabrosas.
Sin embargo, hay un dato político a tener en cuenta y es que en las últimas horas la ministra de Igualdad de Sánchez, Ana Redondo fue contundente. Dijo que “hay que ser solidarios con la ex primera dama” “hay que ser solidarios con la ex primera dama”
y añadió: "Estamos en contra de todas las violencias y, por supuesto, de esta especialmente, porque eso tiene una repercusión global realmente importante". Sánchez ordenó así, soltarle la mano y despegarse del escándalo, una de sus especialidades.
En su momento, cuando Fernández abandonó la Casa Rosada se barajó la posibilidad de que el argentino, reconocido por su fina sintonía con el PSOE, fuera asesor de Pedro Sánchez, pero el propio presidente español salió a negarlo.
El vínculo más fuerte con el PSOE es vía el ex presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, muy ligado al kirchnerismo políticamente. "Alberto Fernández representa la gran esperanza para Latinoamérica y por lo que más lo valora la ciudadanía es porque es un hombre honesto, auténtico y coherente”, repitió en los últimos años Zapatero, hoy cuestionado por avalar el fraude electoral del chavismo en Venezuela.
EL PROBLEMA DE SÁNCHEZ
El problema es que Sánchez ha hecho de la lucha contra la violencia de género uno de sus estandartes de gobierno, a partir de la coalición de izquierda que selló para poder formar gobierno.
Su vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, líder de Sumar, es feminista abiertamente y se concentra en instrumentar medidas contra la violencia machista desde el gobierno, como el subsidió oficial para las víctimas de violencia de género, que anunció personalemente en junio pasado.
Díaz se reunió en varias ocasiones con Alberto Fernández y ha expresado su apoyo al kirchnerismo, en la labor por construir “el progresismo latinoamericano”. Su militancia feminista llegó hasta el Congreso, en donde recientemente se negó a contestar una pregunta a un diputado de Vox, por estar acusado en una causa por violencia de género. Hasta el momento, sin embargo, ha hecho silencio sobre su admirado y también denunciado Alberto Fernández.
Lo mismo sucede con la ex ministra de Igualdad de Sánchez, la podemita Irene Montero, que ha hecho de su vida la militancia permanente por los derechos de las mujeres y las políticas contra la violencia de género. Expresó su apoyo a Cristina Kirchner en las redes sociales esta semana por el juicio para esclarecer el atentado en su contra. Pero de la violencia atronadora contra Fabiola Yáñez, nada.
Curiosamente, quien sí expresó su condena fue la presidente de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, señalada por Yolanda Díaz e Irene Montero de no respetar los derechos de las mujeres.
Ayuso se preguntó dónde estaban las líderes feministas en España y Argentina que no protestaban por la denuncia de la ex primera dama, víctima de violencia de género.
La situación no podrá extenderse demasiado. Fabiola Yáñez vive en Madrid y promete seguir declarando y alzando la voz contra el ex presidente que prometía ser el líder del progresismo latinoamericano. Agosto termino y los carteles de cerrado por vacaciones ya no estarán ni en los negocios, ni en la política española.