Fernando Grande-Marlaska es uno de los ministros que resisten en el Gobierno desde la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa en 2018. Ocho años después, y en medio de una seguidilla de escándalos de agresiones sexuales que protagonizan figuras del Partido Socialista, su figura atraviesa uno de los más oscuros momentos de su trayectoria política.
Según las encuestas, el titular de Interior es uno de los peor valorados del Gobierno y vuelve a situarse en el centro de la polémica por una impactante denuncia de agresión sexual que afecta a su mano derecha en la Policía Nacional, el director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, José Ángel González.
En una tensa sesión en el Congreso que tuvo en el epicentro la denuncia contra el jefe policial, Grande-Marlaska arguentó, como toda justificación que no sabía nada sobre los repugnantes hechos que ocurrían a manos de su hombre de confianza.
La crisis reabre viejas heridas: reprobaciones parlamentarias, investigaciones judiciales bajo su mandato, desautorizaciones desde Moncloa y una imagen pública deteriorada que, sin embargo, no ha erosionado el respaldo explícito del presidente que salió a defenderlo y confirmarlo en su puesto tras el pedido de renuncia reclamado por la oposición.
El caso del DAO y el desconocimiento de un secreto a voces
La denuncia por agresión sexual contra el hasta hace unos días director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, José Ángel González —conocido internamente como “Jota”— ha sacudido al Ministerio del Interior.
Un juez de Violencia sobre la Mujer dio amparo a una agente de la Policía Nacional que denunció una grave agresión sexual contra su jefe. La querella incluye un audio explícito del momento de la presunta violación, que involucró abuso de poder, intento de soborno y coacción, habría tenido lugar el 23 de abril de 2025 en un piso de Madrid. Según el escrito judicial, tras la agresión el entonces jefe policial la llamó 17 veces ese mismo día y, ante la falta de respuesta, comenzó a enviarle “mensajes intimidatorios” de “contenido manipulativo, minimizador de los hechos y culpabilizador”.
Fuentes policiales sostienen que el comportamiento de González con mujeres del Cuerpo “nunca pasó desapercibido” y que sus conductas “inapropiadas” se intensificaron durante los siete años en los que ejerció como DAO. Mandos consultados señalan que sus excesos y excentricidades eran “un clamor” interno.
Grande-Marlaska amparado en la ignorancia, rechazó dimitir. El presidente Pedro Sánchez, desde un viaje oficial, defendió que el Gobierno actuó “con empatía, coherencia y contundencia” tras conocer una denuncia que calificó de “muy grave”.
El hombre fuerte de Interior, otra vez bajo sospecha
Grande-Marlaska convirtió a José Ángel González en su hombre de máxima confianza, otorgándole plenos poderes en la dirección de la Policía Nacional. Incluso utilizó un real decreto para blindar su permanencia como DAO y evitara su jubilación.
Ahora, el Ejecutivo intenta levantar un cortafuegos político. “El DAO no tiene ninguna vinculación con el PSOE”, subrayan fuentes gubernamentales, que insisten en que la ausencia de responsabilidades orgánicas en el partido limita el alcance del caso. Sin embargo, el nombramiento fue una decisión directa del ministro.
No es la primera vez que Sánchez debe responder a peticiones de dimisión contra su protegido ministro del Interior.
Narcolanchas, devolución de niños y exceso en los controles en la pandemia
Marlaska, juez en uso de licencia, que desarrolló toda su carrera judicial antes de dar el salto a la política, acumula tres reprobaciones parlamentarias impulsadas por la oposición.
A iniciativa del PP, fue reprobado en Congreso y Senado por la “escasez de medios” implementados para la lucha contra el narcotráfico en Cádiz y por la “responsabilidad política” en el asesinato de dos guardias civiles en Barbate en 2024, embestidos por narcolanchas.
También ha sido cuestionado por las devoluciones en caliente a Marruecos de menores que entraron masivamente en Ceuta en mayo de 2021; por defender en el Congreso la actuación policial en una vivienda durante las restricciones por la Covid; y por el hacinamiento de solicitantes de asilo en las dependencias del aeropuerto de Barajas.
Bajo su mandato, además, otros altos mandos del Instituto Armado han sido investigados o condenados. El general de división Francisco Espinosa fue condenado por cohecho en el denominado caso Mediador. El teniente general Pedro Vázquez Jarava está procesado por la supuesta adjudicación irregular de obras en cuarteles.
La armas a Israel y el fugado Puigdemont
La autoridad política de Marlaska también ha sufrido desautorizaciones desde Moncloa. En abril del año pasado, el Gobierno rescindió un contrato de seis millones de euros para la compra de armas a Israel, en contra de la posición del ministro. Semanas antes, ocurrió algo similar con la cesión de competencias en control de fronteras en Cataluña por exigencia de Junts, pese a que Marlaska había defendido públicamente que esa materia correspondía “en exclusiva” al Estado.
Uno de los episodios más controvertidos de su gestión fue el cese, en mayo de 2020, del coronel Diego Pérez de los Cobos, jefe de la Comandancia de la Guardia Civil en Madrid. Fue destituido por “pérdida de confianza” al no informar a sus superiores sobre un informe judicial relativo a la manifestación del 8M en los primeros días de la pandemia. La decisión generó una cadena de dimisiones internas y una profunda fractura en la cúpula del cuerpo.
Blindado por Sánchez
Pese al desgaste, las denuncias que acumula y a su imagen como el peor valorado del Consejo de Ministros, Fernando Grande-Marlaska mantiene el respaldo inalterable de Pedro Sánchez. Y resistió todos los cambios implementados en el Ejecutivo permaneciendo en su cargo.
La actual crisis vuelve a poner a prueba esa alianza. El caso del DAO no solo golpea la imagen del Ministerio del Interior, sino que sitúa al ministro en una encrucijada política donde su autoridad, su criterio en los nombramientos y su gestión del escándalo son objeto de escrutinio público.
Con ocho años en el cargo, múltiples frentes abiertos y una imagen derruída, Marlaska resiste. Pero el reciente episodio que involucra a uno de sus hombres de confianza, hace tambalear a uno de los ministros más longevos —y cuestionados— del Gobierno de Pedro Sánchez.