El momento político es perfecto.
Varios países europeos están avanzando por su cuenta en normas similares que incluso imponen una abstinencia digital a los menores.
Desde 2025, Apple, Spotify, Snapchat y Google mantuvieron tres reuniones cada una con la Unión Europea. Hubo 80 encuentros con la industria. La regulación de Europa crearía un paraguas digital único para los menores.
Varios países europeos están avanzando por su cuenta en normas similares que incluso imponen una abstinencia digital a los menores.
Pero enfrentar el poder de lobby de las Big Tech estadounidenses es cosa de valientes. Se estima que existen 890 grupos pagados por la industria que operan en Europa.
El relevamiento fue realizado por la ONG Corporate Europe Observatory (CEO), con sede en Bruselas, la misma que este mes lanzó un informe alertando sobre la monumental campaña de Silicon Valley que enfrenta la nueva regulación de la Unión Europea (UE).
Ya en 2024, la Comisión Europea había publicado un reporte en el que había llegado a la conclusión de que las actuales leyes de protección al consumidor no cubrían de forma efectiva al usuario digital.
De ahí que comenzó a trabajar en la Digital Fairness Act (DFA), enfocada en las prácticas online que explotan las vulnerabilidades del usuario con fines comerciales, como diseños adictivos.
Un paraguas digital único que protegería especialmente a los menores.
Bruselas espera presentar el nuevo marco normativo hacia finales de año pero ni bien supieron lo que se estaba gestando las Big Tech y sus grupos de lobby comenzaron a ejercer una presión gigantesca para evitar más penalizaciones.
Según la ONG de Bruselas, en base a datos de la Comisión Europea, durante el 2025 hasta hoy se mantuvieron al menos 96 reuniones en relación a esta norma. El 83% fueron con tecnológicas o grupos de lobby que intentaban evitar que se avanzara con la regulación.
Entre las empresas que pidieron tener encuentros con las autoridades europeas estuvieron Apple, Google, el dueño de Snapchat -Snap inc- y Spotify. Fueron las más insistentes. Al menos tres reuniones cada una. Pero también figura en los registros una conversión de las autoridades con la gente de Meta.
¿Cuál es el argumento que esgrimen? Muy simple. No hay necesidad de más reglas. Nada como un mensaje claro y unificado.
Las Big Tech aducen que la normativa vigente ya permite atacar los temas en cuestión y en todo caso, se trata de aplicarla en forma más efectiva.
Claramente, los monstruos tecnológicos de EE.UU., que ya recibieron muchas multas bajo la Digital Services Act (DSA) y la Digital Markets Act (DMA) -que entraron en vigor en 2022-, no quieren más penalizaciones.
La administración de Donald Trump hizo una apuesta colosal al sector y al desarrollo de la IA y explota en ira cada vez que Europa “se mete” con sus gigantes, acusándola de “censura digital”.
Semejante tensión tampoco favorece el negocio de la industria.
Europa no sólo es el segundo mercado de las Big Tech. Para muchas de ellas es el más dinámico, es decir, el que más crece. Y tampoco quieren poner en juego ese flujo de ingresos.
Pero las Big Tech tienen otro punto que puede llegar a ser una traba con la que tropiece esta propuesta de Bruselas. Hábilmente, las tecnológicas argumentan que otra regulación va en contra de la agenda de simplificación de la UE.
Y tienen razón.
En noviembre de 2025, se aprobó un paquete llamado “Ómnibus Digital” que busca simplificar la regulación tecnológica para reducir cargas administrativas en un 25% para 2029.
Hoy al menos diez países en Europa están evaluando legislación que cree un escudo digital para menores, siguiendo los pasos de España, según Bloomberg.
El presidente Pedro Sánchez está enfrascado en una batalla política que tuvo sus puntos altos en la confrontación con Elon Musk, el magnate dueño de X, y en Pável Dúrov, el fundador y dueño de Telegram.
Claro que el presidente español privilegia esa pelea para ocultar las complicaciones por investigaciones de corrupción en España que involucran a su esposa, Begoña Gómez, y a varios de sus colaboradores. Algunos de ellos, incluso, están en prisión. Por eso, el mandatario necesita desviar la atención con su batalla contra las tecnológicas.
Pero una regulación a nivel europeo le daría más fuerza a la vocación de evitar que las redes sociales secuestren la atención de los más chicos al punto de hacerles daño.
Dependerá mucho de la pulseada con el lobby de las Big Tech.