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Puede que un animal político como Marine Le Pen lo haya sabido antes que nadie. Sus posibilidades en la segunda ronda de las legislativas francesas ya no existían.

No sólo en relación a la mayoría absoluta. La habían cercado. Esta vez, al menos. Quizás por eso ya estaba embarcada en una reorganización vital de su estructura partidaria a nivel europeo.

La disolución parlamentaria de Macron y lo que siguió fue apenas una "victoria diferida", como supo calificarla. Pero muy pronto se dio cuenta de que era tiempo de volver donde todo había comenzado. La UE, el Parlamento y el avance de una fuerza que necesita más poder. Lo sabe mejor que nunca.

Así que Le Pen está dispuesta a disolver el partido creado en 2019 en el Parlamento Europeo, Identidad y Democracia (ID). Toda una movida de renovación que no está dispuesta a postergar.

A tal punto es así que acordó reunirse con aliados en el Parlamento el día después de la segunda ronda en Francia para discutir esta posibilidad de desarmar su actual familia política y sumarse a la alianza populista que hace apenas unos días anunció el primer ministro húngaro Víktor Orban.

Le Pen y la conexión nazi

La idea de despegarse de Identidad y Democracia en términos de imagen está vinculada con la intención de distanciarse todo lo posible de otro partido de extrema derecha, el alemán AfD.

Hasta no hace mucho, comienzos de este año, era parte de ID, pero fue expulsado luego de hacer comentarios que minimizaban los crímenes de guerra nazi.

Tampoco es algo nuevo para Le Pen, que tuvo que "limpiar" el partido que heredó de su padre poco a poco. Condenado a tres meses de prisión condicional por haber dicho la ocupación nazi de Francia no fue particularmente inhumana, en aquel entonces la agrupación aún se llamaba Frente Nacional.

El relevo generacional llegó en 2011 y Le Pen, para poder seguir creciendo, hizo lo que tuvo que hacer: expulsó del partido a su padre en 2015.

Hablando de crecer, para que el grupo de Orban sea formalmente reconocido y pueda tomar impulso necesita miembros de al menos siete países.

En principio, fue constituido con nacionalistas austríacos y checos, y tiene el apoyo de Matteo Salvini y su partido en Italia, así como Agrupación Nacional de Marine Le Pen, si todo marcha sobre ruedas.

Falta ver si Giorgia Meloni también adhiere, pese a que Salvini es un opositor y ambos pertenecen a diferentes partidos de derecha en el Parlamento europeo en un momento en que reclaman más reconocimiento en los próximos nombramientos en Bruselas.

Le Pen y la conexión rusa

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Viktor Orban, primer ministro de Hungría

Orban, que encabeza un grupo llamado Patriotas por Europa, confía en que la alianza rápidamente podría convertirse en la tercera en el Parlamento.

El húngaro tiene una agenda extrema que propone recortar la influencia de la UE en la política nacional de los Estados miembros, devolverles gran parte del poder del que fueron despojados y limitar la inmigración en el bloque.

Cuando criticaron a Le Pen que no comentara sus planes para la UE antes de la votación en Francia, muchos lo atribuyeron a que se vería demasiado cercana a Rusia. Algo que ella, por supuesto, siempre negó diciendo que era "tan falso como siempre".

No hace mucho Rusia salió casi cándidamente a felicitar a su candidato Jordan Bardella de forma efusiva por su triunfo aplastante en la primera ronda.

El episodio fue muy extraño y generó obviamente una tremenda incomodidad en el partido de ultraderecha, que venía insistiendo en su apoyo a Ucrania y desmarcándose del Kremlin.

Curiosamente, Orban viajó a Rusia pese a las advertencias de la UE en cuanto a que no está habilitado a negociar con el país por el hecho de ocupar la presidencia rotatoria de la UE.

Orban dijo que sólo estaba conversando sobre Ucrania informalmente aunque luego se supo que incluso viajó a ese país y buscó lograr que cesen las hostilidades. Un intento de levantar el perfil diplomático, parece. Pero cosechó irritación a raudales.

Le Pen debería pensarlo dos veces.

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