La violencia urbana se propagó hasta Barcelona.
La arenga anónima de quienes se esconden en las redes para masificar esta ola de vandalismo y furia tomó por sorpresa el fin de semana a capital catalana (y a toda España), que pagó el precio de la radicalización de la política.
Pero también hizo que muchos pensaran en cómo viven hoy los jóvenes en esta suerte de ciudad-insignia del fracaso habitacional del país.
Según una encuesta del ayuntamiento de la ciudad, los jóvenes describen a la vivienda como su principal “presión vital”. Algo muy relacionado con el hecho de que apenas un 10% se sienta satisfecho con su situación económica.
Barcelona fue pionera en tomar muchas medidas para atacar esta crisis estructural que atraviesa a toda España.
Algunas muy polémicas, como la decisión radical de eliminar por completo las más de 10.000 licencias de pisos turísticos para noviembre de 2028.
Pero lo cierto es que el exceso regulatorio tuvo un efecto contraproducente en el mercado. El stock de oferta se desplomó hasta en un 90% en los portales inmobiliarios en los últimos dos años, desde la introducción de topes a los precios.
Nada de lo que parece haber sido contemplado en la controvertida serie de decretos del “paquete Maricarmen”, parte del cual ya entró en vigencia este mes.
Regulación de la vivienda en Cataluña
- En marzo de 2024 Barcelona estableció un tope al precio de los alquileres, que ya fue extendido hasta 2028.
- En enero de este año, esos límites, que rigen en los municipios de toda comunidad, considerada como una única zona tensionada, se extendieron a los alquileres de temporada y las habitaciones. Ahora se busca llevarlos a los locales comerciales.
- A fines de junio del año pasado, se agregó otro desincentivo para los propietarios al llevar al 20%, el máximo que permite la ley, el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales (ITP) a los grandes tenedores.
- En Cataluña, esta categoría se aplica a quienes poseen un mínimo de cinco activos a diferencia del resto de las autonomías, en las que el umbral es de diez.
Alquilar y apenas sobrevivir
La imposibilidad de conseguir o afrontar los costos de un techo propio sólo demora cada vez más el momento de independizarse. El 40% de los jóvenes -una definición amplia que va de los 15 a los 34 años- no puede dejar la casa de los padres por este motivo.
Pero entre los 20 y los 24 años, por ejemplo, la tasa todavía es alta: llega al 53%. Incluso en la franja que va de los 25 a 34 años, el 18% no puede independizarse y creció 3% en los últimos cinco años.
El 75% de los jóvenes emancipados alquilan. Y un poco más del 20% comparte piso aunque la gran mayoría reconoce que lo hace por necesidad.
Es que el gasto promedio en vivienda supera actualmente los 1.000 euros mensuales.
Según los últimos datos, el salario neto promedio para los menores de 25 en Barcelona va de 1.200 a 1.370 euros por mes, mientras que para quienes tienen entre 25 a 34 años oscila de 1.600 a 1.800 euros por mes.
Para un joven de menos de 25 años que gana 1.200 euros el alquiler supone el 85% de su ingreso.
No resulta extraño que, según la encuesta, el 30% de los jóvenes independizados reconozca que tuvo dificultades para pagar la vivienda en los últimos 12 meses.
Y por otro lado, un 29,2% afirma que recibe regularmente o debió recibir alguna vez ayuda económica de su familia para poder pagar el alquiler.
La frustración laboral tampoco aporta.
Seis de cada diez jóvenes de más de 24 años tienen estudios universitarios o post-universitarios. Sin embargo, casi la mitad se desempeña en trabajos poco relacionados con su formación y tres de cada diez se sienten sobrecalificados.