El castigo no parece terminar para Venezuela.
Justo cuando su economía intentaba ponerse de pie en un momento de tregua en la incesante convulsión política doméstica, la desolación de este letal terremoto.
Alejandro Arreaza cubre Venezuela y toda la región andina para Barclays en Nueva York. Calcula que el país necesita u$s 20-30.000 millones para estabilización macro y reconstrucción institucional y social, sin contar los daños del terremoto.
Justo cuando su economía intentaba ponerse de pie en un momento de tregua en la incesante convulsión política doméstica, la desolación de este letal terremoto.
El costo de la tragedia todavía es imposible de calcular más allá de estimaciones iniciales sobre pérdidas materiales. Pero queda claro que el proceso de recuperación que se había puesto en marcha se desdibuja.
Alejandro Arreaza lo explica muy bien. Todo se ralentiza, los horizontes se estiran, los proyectos se demoran. Economista para la región andina en Barclays, cubre Venezuela además de Colombia, Perú, Ecuador y toda Centroamérica y el Caribe.
Con más de una década en el banco y base en Nueva York, es venezolano y una autoridad en los mercados de la región. En medio de la locura de estos días, compartió con el Observador España su mirada sobre la economía después de la tragedia.
-La ONU estimó daños directos por u$s 6.700 millones. También hay estimaciones de un mínimo en pérdidas de u$s 10.000 millones del United States Geological Survey (USGS). Por empezar me gustaría saber si desde el banco concuerdan con estos cálculos iniciales.
-Cualquier estimación de daños en este momento debe tomarse como algo preliminar. Eventos similares en otros países han tenido costos que están en un rango de u$s 5.000-20.000 millones. Así que sin duda que pueden ser muy relevantes. Con las cifras que se tienen hasta ahora el terremoto de Venezuela ya está entre los cuatro más mortíferos que hubo en América Latina en los últimos 40 años.
-Tengo entendido que los estudios muestran que el impacto de los desastres naturales está muy correlacionado no sólo con la magnitud del evento sino con la fortaleza de la economía que se ve golpeada. ¿Cómo considera que va a influir el aún precario tejido institucional y social en la reconstrucción que está por delante?
-Efectivamente, desde el punto de vista económico y político, tal vez el impacto más relevante es el cambio de la narrativa que había dominado la atención pública desde la remoción de Maduro del poder en enero, la cual había estado enfocada en el potencial de crecimiento de la economía. Ahora el terremoto ha dejado en evidencia la fragilidad institucional y social del país, que representan grandes retos para la recuperación económica. Si esas debilidades no son atendidas, el techo de esa recuperación económica terminará siendo bajo.
-Tras la captura de Nicolás Maduro por la gestión de Donald Trump, Venezuela estaba embarcada en un difícil pero claro camino de recuperación. ¿Qué va a pasar con este reordenamiento económico ahora? ¿Cuáles eran sus proyecciones para la economía?
-Nosotros creíamos posible que la economía creciera incluso a una tasa de doble dígito en los próximos años. Proyectábamos un 10% en 2026 y un 14% en 2027. Y un nivel de inflación teníamos 248% este año. Luego del terremoto, llegar a esos niveles al menos en 2026 luce mucho menos probable, no sólo por el impacto directo del terremoto, sino porque las prioridades de la administración cambian.
Considerando los limitados recursos con los que cuenta el Estado, difícilmente pueda enfocarse a corto plazo en la promoción o ejecución de proyectos de inversión que hasta la semana pasada se venían discutiendo y les tocará enfocarse en la atención de la población desplazada y afectada. Un menor crecimiento económico también podría reforzar las presiones inflacionarias en el sentido que el menor nivel de actividad económica reduciría la capacidad de recaudación tributaria y forzaría al gobierno a un mayor nivel de financiamiento monetario.
-Una de las claves para la recuperación es el sector petrolero, principal fuente de ingresos para el país. La región de Maracaibo no se vio tan afectada y la infraestructura petrolera no sufrió mayores daños, lo que es una buena noticia. ¿Cómo se verá afectada la industria? La producción se venía recuperando bastante rápido… ¿Se podrá mantener?
-Afortunadamente como dices no hubo daño directo sobre la infraestructura petrolera, pero incluso antes del terremoto las expectativas sobre la recuperación del sector parecían estar más allá de lo que era realista alcanzar. La recuperación en lo que va de año ha sido principalmente un rebote luego de la disrupción que produjo el bloqueo naval americano, que había causado rendimientos decrecientes.
El potencial de crecimiento está alrededor de 200.000 barriles diarios (b/d) por año al menos en los próximos dos años desde niveles de 1 millón b/d. Eso ofrecía la posibilidad de llegar cerca de 1,5 millones b/d en los próximos 24 meses, lo cual es todavía la mitad de lo que Venezuela solía producir. Luego del terremoto esa línea de tiempo probablemente se alargue.
-La gestión de Delcy Rodríguez venía buscando atraer inversión extranjera como una estrategia clave de la recuperación. ¿Podría frenarse el ingreso de jugadores externos o por el contrario, la reconstrucción abre oportunidades en otros sectores además del petrolero?
-Hoy los potenciales inversores que se esperaban ni siquiera pueden entrar al país ya que el principal aeropuerto fue severamente afectado y está cerrado. Por cuánto tiempo se prolongará esta situación todavía es incierto.
A corto plazo, lo que se puede esperar es que los actores que ya tenían presencia en Venezuela (como Chevron, Repsol, ENI) sigan adelante con sus iniciativas, pero el resto muy probablemente se retrase. No hay duda de que hay oportunidades tanto en el sector petrolero como en el resto de la economía, pero la magnitud de la recuperación va a depender en buena medida de cómo avance el proceso político.
-A fines de mayo se confirmó el inicio de una mega reconstrucción de deuda, la mayor y más compleja desde la griega. ¿Este terremoto devastador para el país afecta también ese proceso? Desde que ocurrió la tragedia, los bonos en default cayeron…
-El terremoto puede tener múltiples implicaciones para el proceso de restructuración, la más obvia a corto plazo, es un retraso del proceso. Además de las limitaciones en términos de capacidades, la deuda es un tema que puede ser políticamente complejo de manejar. Hacerlo en este contexto podría ser contraproducente.
Además de eso, el impacto del terremoto aumenta la incertidumbre sobre la situación de los fundamentos económicos, incluido el ritmo de recuperación y las necesidades de financiamiento adicional para la reconstrucción. Todo esto demanda mayor cautela con respecto a los supuestos de la reestructuración.
-¿Esperan que haya un "rescate de Trump"? “We will be there for our new and great friends.”, escribió en Truth Social. Más allá de ayuda humanitaria, ¿se especula con ayuda financiera que realmente alivie la carga de la construcción?
-La administración Trump ya ha comprometido una cantidad significativa de recursos, oficialmente se han anunciado más de u$s 300 millones. Ahora una reconstrucción institucional y del sistema de protección social, así como la estabilización macroeconómica de Venezuela, puede demandar recursos en un rango de u$s 20-30.000 millones en los próximos 3-4 años, a los que habría que sumar los costos de reconstrucción de las áreas afectadas por el terremoto.
Difícilmente la administración Trump tenga la capacidad y voluntad de comprometer recursos en esas magnitudes. Dadas esas necesidades de financiamiento, lo normal sería que el FMI y otros entes multilaterales sean los que entren a jugar un rol más activo, pero eso depende también de que las autoridades venezolanas soliciten ese apoyo, lo cual hasta ahora no han hecho.