No hay idilio sin fisura.

La creciente sintonía de la Unión Europea (UE) con Canadá, que empezó en los tiempos de Justin Trudeau, culminó ayer con el gesto de su sucesor, Mark Carney, el primer líder extranjero en asistir a un discurso sobre el Estado de la Unión Europea.

La coronación estratégica de ese acercamiento ya estaba coreografiada. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, invitó a Canadá a convertirse en el primer miembro asociado del bloque, un tipo de membresía especial y única hasta el momento.

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Pero no todo fluye tan bien como parece.

En lo inmediato, al menos, hay una cuestión apremiante por despejar: la ratificación definitiva del Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) entre Bruselas y Ottawa.

Vigente en forma provisional desde hace casi una década (2017), los Parlamentos de 10 países europeos todavía no lo aprobaron. Sería un buen punto de partida antes de hacer planes con el nuevo socio transatlántico.

Un estatus sin precedentes

No se sabe muy bien cómo funcionará el nuevo estatus en la práctica.

Varios países ya tienen relaciones a medida con la Unión Europea. Noruega, Islandia y Liechtenstein son miembros del Espacio Económico Europeo, lo que les da acceso al mercado único.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.

Suiza tiene su propia relación bilateral con el bloque y una década después del Brexit, el Reino Unido todavía está resolviendo su relación con Bruselas, complicada por el estatus de Irlanda del Norte.

Mientras tanto, el proceso formal de ampliación de la UE tiene a nueve países en la fila para unirse al bloque de los 27. Las negociaciones con Ucrania y Moldavia ya están avanzadas.

De hecho, el canciller alemán Friedrich Merz sugirió la idea de una membresía asociada para Ucrania en mayo. Pero la propuesta chocó con un seco rechazo del país ante el temor de convertirse en un socio de “segunda categoría”.

Canadá, en cambio, está encantado.

Los enviados especiales de ambos bloques ya vienen trabajando en una serie de distintos acuerdos en áreas críticas como tecnología, materias primas, tierras raras y comercio digital.

Pero primero, lo primero. Consolidar lo que hay.

Los puntos de la controversia del acuerdo

Carney ya lo planteó antes de partir hacia Estrasburgo.

Y no lo hizo desde cualquier plataforma. Fue en una entrevista con el Financial Times en la que el canadiense aclaró que su objetivo sería «animar» a los diez países de la UE cuyos parlamentos nacionales no aprobaron el acuerdo de libre comercio a que lo hicieran durante su viaje a Europa.

Mark Carney, primer ministro de Canadá.

Es una ventana de tiempo estrecha. Pero varios proyectos están maduros y se quieren lograr avances antes de la cumbre de Montreal en octubre, en la que ya se podría firmar un acuerdo de comercio digital.

Los miembros de la UE que no ratificaron el CETA son Francia, Italia, Bélgica, Polonia, Grecia, Hungría, Irlanda, Bulgaria, Chipre y Eslovenia.

Hay dos puntos que resultan controversiales:

-Los Tribunales de Arbitraje Especiales (Mecanismo Inversor-Estado): el CETA propone crear un sistema de tribunales independientes para que las empresas extranjeras puedan demandar a los gobiernos si consideran que una ley local perjudica sus ganancias.

-Temores del sector agrícola y ganadero: los pequeños productores del campo en Europa (especialmente en Francia e Italia) temen la competencia. Les preocupa que los productos canadienses, producidos a gran escala y bajo normativas diferentes, inunden el mercado con precios mucho más bajos. Algo muy parecido a lo que ocurre con el Mercosur.

El intercambio comercial igual crece

Aún así, sin vigencia plena, en la práctica, el intercambio ocurre.

El año pasado, el comercio de bienes y servicios entre la UE y Canadá ascendió a más de 130.000 millones de euros, según la Comisión Europea. Esto supone un aumento de más del 80% respecto de los niveles previos a la firma de CEUTA.

Para Canadá, la UE es su segundo socio comercial más importante después de los Estados Unidos (aunque muy lejos). En contrapartida, para la UE, Canadá ocupa el duodécimo (12°) lugar en el intercambio de bienes.

La UE exporta principalmente maquinaria avanzada, productos químicos, medicamentos y equipos de transporte mientras que importa sobre todo, minerales estratégicos, combustibles y metales (como oro y aluminio).

El acceso a los recursos canadienses fue clave para el bloque desde que ocurrió la invasión a Ucrania, ante la necesidad de buscar alternativas al suministro ruso tanto en energía como en materiales críticos.

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